25/11/07

Experimenta... la risa

[REC] D: Jaume Balaguero y Paco Plaza.

Ya, ya sé que el cartel de la peli dice: "Experimenta el miedo"... pero debo decir que la pandilla de "freakis" que estuvimos ayer en el cine Acteón, experimentamos, sobre todo, risa. Como en los mejores tiempos cuando todavía se celebraba en Madrid el "Imagfic" y la sala se abarrotaba de aficionados para disfrutar de algunas delicias como "Brain Dead" (Peter Jackson). Por aquel entonces, todavía no estábamos muy acostumbrados al "exceso" de casquería; y Jackson era uno de esos directores que utilizaba los efectos especiales con cierta sabiduría, sólo apta para los estómagos más exquisitos. Y es que existe cierta diferencia entre una sala de cine y una carnicería. En el cine, la sangre tiene que ser de un rojo chicle semejante al que manchaba los cuellos de las exuberantes damas de la Hammer, tras haber sido mordidas por vampiros recalcitrantes; los huesos, deben tener vida propia, como los de "La novia cadáver" de Tim Burton o los esqueletos de
Ray Harryhausen; los músculos y tendones, deben colgar de los cuerpos como si fueran flecos de cortinas, o estirarse como chicles. En esta muestra de Balaguero, digamos que hay un mix, tenemos ejemplos de casquería fina plasticosa y amable (de cine) vs una exhibición más o menos intencionada del dolor que puede resultar desagradable para los más sensibles (para los freakis resulta... absurda).

Esto es una película de zombies, al más puro estilo Romero. Zombies infectados que propagan su infección: no muertos vivientes. Recordemos que el "muerto viviente" (por lo menos en el cine) viene del vudú. En la mítica "I walked with a Zombie" de Jacques Tourneur (1943), se "revive" a los muertos para que trabajen el campo. Por supuesto que existen reliquias más antiguas como "La legión de los hombres sin alma" (1932). No es el caso de la también mítica "La noche de los muertos vivientes" de George A. Romero (1968) que inaugura el género de los muertos vivientes aficionados a la carne humana. Estos muertos no salen de las tumbas, son vivos que, tras la mordedura, se transforman en bestias ávidas de carne. Están muertos, como los vampiros, pero no han salido de las tumbas porque nunca llegaron a entrar. Si un zombie te muerde, te transformarás en zombie. Algo así como la "infección" que aparece en el film de
David Cronenberg "Rabia" (1977) y que vuelve a aparecer en cien mil películas. Entre las últimas que hemos podido ver están: 28 días después (2002) y 28 semanas después (2007).


No revelaré nada de la trama, porque bastante he dicho ya con lo de los zombies. Aunque, tratándose del género de terror, ésta siempre queda en un segundo plano para que prevalezcan los "efectos" sobre cualquier otra cosa. Es más importante ver cómo se desarrollan los hechos visualmente, cómo aparece el "elemento inquietante", cómo se manifiesta, cómo se propaga. Además del guión, está el lenguaje visual, la cámara, los planos, el montaje, los efectos visuales que, como han demostrado los japoneses, pueden resultar elementos indispensables para desarrollar una atmósfera terrorífica mucho más allá de la sangre y demás especias.

La peli está rodada cámara en mano, durante hora y media. Algo que marea y que cabrea. Por lo menos a mí. Esta técnica, se utiliza cuando no se tiene un duro para rodar o cuando se tiene la intención de crear un efecto de "realidad" y cercanía, de inmersión en la escena, como si no existiera la narración sino el "momento", la "experiencia". Algo muy suculento para el género de terror y que adquirió máxima pureza en "El proyecto de la bruja blair" (1999), donde la toma de imagen se realizaba a través de una cámara de vídeo de la mano de uno de los protagonistas de la historia. La técnica no es exclusiva del género terrorífico; el equipo Dogma (liderado por Lars Von Trier) tenía cierta predilección por echarse la cámara al hombro e integrarse entre los actores, anulando en cierta manera el clásico "plano" más o menos estático que siempre marcaba una separación entre el observador y "la escena". Así lo muestran pelis como "Celebración" o "Los idiotas" donde las cosas parecen suceder en el momento, sin intención creadora previa... tanto querían acercarse a esto que uno de los "dogmas" del equipo Dogma, dictaba que no aparecería nunca el director en los créditos... (aunque, por supuesto, todos sabíamos de quien era la película). Particularmente no me gusta ese "cine", prefiero la composición y el "engaño" visual. O sea, la intención previa de un artista por ofrecerme algo más "nutritivo" que el mero "impacto".

Rec se queda en el impacto. Aceptable, eso sí. Y aunque estemos ya casi vacíos de tanto agujero causado por impactos, cuando uno es novedoso, pues hay que decirlo. La peli tiene momentos divertidos y novedades visuales para transmitir sustos. Así que, lo que en principio parecía no más que un juego falsamente inquietante y sensacionalista cargado de malos actores, se transforma en la jocosa y algo terrorífica muestra de un ataque zombie en directo a través del ojo de una cámara con luz y sin luz... Gracias a este ataque zombie, la peli pierde por completo cualquier sensación de realidad, llevando al ridículo esa intención de búsqueda de espectáculo en lo cotidiano que tanto mueve hoy día a los medios de comunicación. La frase "grábalo todo, no dejes de grabar, el mundo tiene que enterarse de esto" inicia la película... y la cierra. La cámara al hombro, omnipresente ojo universal, es el testigo inicial y final de REC, que ya parece estar en manos de productoras americanas para un posible remake.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El cine de Hollywood se ha convertido en un género en si. Caso parecido es lo que le ha pasado al español y cada vez más, al europeo.

El séptimo arte made in hollywood hace mucho que ha dejado de merecer la etiqueta de arte. Gusta porque se comprende, porque no deja nada al azar, porque es perfecto en su imperfección. Es tan perfecto que incluso se atreve a etiquetar algunas películas de "independientes" por si hay algún espectador que se hace alguna que otra pregunta.

Bueno, pues esta película es española, pero no de la forma peyorativa de "cine español". Es imperfecta en su perfección. Es una buena idea llevada a la pantalla con más intención que resultados, construida con actores mediocres, un guión endeble y un ritmo irregular. Evidentemente no soportaría una crítica cinematográfica relativamente seria, pero eso no importa. Estamos tan mediatizados por el cine de Hollywood, que hemos olvidado los orígenes de este fenómeno social, ser un espectáculo para disfrutar.

Y se disfruta, os aseguro que se disfruta de la pelicula. Así que si quereis pasar un buen rato, id al cine a verla pero sin prejuicios. Lo peor que os pueda pasar es que de repente os veais resucitando algún viejo film del inclito Jess Frank o del incomprendido Amando de Osorio...

Ameala.

Anónimo dijo...

Ostras, yo no estoy nada de acuerdo con lo que se ha puesto en este blog acerca de
Rec. La he visto el día del estreno, y hace muchísimo que una peli no me daba miedo, ni
me metía sustos ni me acordaba de ella por la noche, pero mucho y menos con
españolas, y con esta me ha pasado. A mi me me encantó. Tenía lo que buscaba en una
peli de este tipo, agobio, miedo, visiones difusas y oscuras, impotencia. El grabar a
mano, puede que no cueste tanto, pero creo que no solo las pelis carísimas pueden ser
buenas. Buena puede ser cualquiera si la idea está bien, si se lleva bien y si cumple el
cometido, no siempre tienen que usarse los métodos más caros y complicados. En la
idea de la cámara pueden haberla hecho como en la bruja de blair, pero entonces
podríamos decir que entonces todas las pelis se copian unas de otras en el modo de usar
la cámara. Y al usar a una reportera de un canal que acostumbramos a ver, hace que
sea más real, los vecinos son también muy típicos, muy normales que podemos
encontrarlos en cualquier bloque de pisos. Y fue sobre todo esa cercanía con la película,
esa realidad cercana y cotidiana, la que hizo que para mí fuera más espeluznante.

Pero por supuesto,respeto al máximo las opiniones del otro extremo, para gustos los colores, las cosas que valoramos de las pelis o los gustos que tengamos pueden ser completamente diferentes, y no importa. Solo es mi opinión, fruto de mi experiencia.

Vera dijo...

Solo una aclaración, lo de que la cámara en mano se utiliza cuando no tienes un duro era una coña. Por supuesto que es algo que no tiene nada que ver con el presupuesto de la peli.

Y como bien dices: para horrores, colores... A mí las pelis de miedo no me dan miedo. Me aterra más un telediario. Pero, hablando de buen cine “efectista” te recomiendo el terror japo (The eye, The Ring, La Maldición) y para temas de sangrientos alguna de Cronenberg (Scanners, Cromosoma 3 – malísimas pero super desagradables) y para disfrutar, por supuesto, los clásicos: El exorcista, La profecía, la maravillosa “La noche del demonio” (Tourneur), Al final de la escalera (1979), La casa encantada (Robert Wise)... y bla, bla...

Respecto a lo que dices de “realidad cotidiana”, no creo que el formato “en directo” que exhiben ciertos programas de tv, los “vecinos”... sean muy reales o típicos. Lo son de la tele, pero no de la vida que existe tras la tele. El terror y el miedo, es algo mucho más íntimo que todo eso.