18/11/07

Naturaleza muerta en formaldehído y un corazón de acero inoxidable

Koons desbanca a Hirst como el artista vivo más cotizado
Nos dice la autora del artículo de referencia publicado el pasado Viernes, que los coleccionistas tienen un "gusto caprichoso" que costará al público "digerir". Y es que, dos días antes, Shoteby's NY vendió el "corazón colgante" rojo de Jeff Koons por 23,6 millones de dólares, lo que supone un nuevo record para un artista vivo. Koons ha desbancado al "nada despreciable" Damien Hirst que, hasta el momento, ostentaba el record por su obra "Lullaby Spring", vendida el mes pasado en Sotheby's Londres por 19,5 millones de dólares.

Jeff Koons y Damien Hirst, dos "enfants terribles", dos "provocadores", dos "transgresores". Pues no. No son ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más allá. Son dos tíos listos y con suerte que nos dan lo que queremos: espectáculo. O mejor dicho, realizan obras con altísima probabilidad de convertirse en oro, es decir, excelentes objetos para montar sobre ellos una orquestada campaña de marketing. Además, estas obras se muestran tal cual son; con la cara bien lavada, no con un "tocho" de filosofía aplicada para "digerir" las obras y cargarlas de valor.

Pero ¿quiénes son estos dos malos malotes?

Damien Hirst (Bristol, 7 de junio de 1965) es un artista británico. Nos lo venden como un antiguo punk y pésimo estudiante al que no han querido ni en las escuelas de arte. También ha sufrido serios problemas con las drogas y el alcohol, además de muchas otras barbaridades que no voy a mencionar aquí ya que no es mi intención hacer marketing para vender su obra. Siendo estudiante, Hirst trabajó en un depósito de cadáveres, allí adquirió mano de obra para construir sus primeras piezas. Además, su mejor amigo (Joe Strummer, cantante de The Clash) murió víctima de un ataque al corazón lo cual le llevó a reflexionar sobre la muerte y la pérdida cuando te tocan de cerca. La muerte, por lo tanto, es el tema central de su trabajo. Su principal obra (una de las primeras) se llama La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo, un tiburón tigre inmerso en una vitrina con formol. Debido a la descomposición del animal muerto, éste fue reemplazado por un nuevo espécimen en el 2006.

Aunque esto no es más que su carta de presentación marketiniana (así que a saber lo que es verdad y lo que es mentira), debo admitir que esta "reflexión", aunque un tanto corriente, me parece interesante. Aunque creemos tener asumida nuestra naturaleza efímera, en la práctica, seguimos pensándonos eternos de alguna manera. El shock brutal que supone perder de golpe a alguien que te complementa y que te da sentido, genera un vacío irracional y una tremenda impotencia. Así que sus obras son, en este sentido, una respuesta perfectamente comprensible. La visualización de esa materia muerta en formol no es más que una exhibición de carne desprotegida de toda trascendencia, y esto, la hace obscena, sobre todo si esto sucede en una galería donde todo debe aparentar cierta "sacralidad". Nada mejor que ver la materia misma sumergida en formaldehído para reflejar esta estúpida lucha mental frente al deterioro y lo irreversible: la pérdida del cuerpo, la pérdida de todo. Nada mejor que verlo en una galería, para ser conscientes de lo que nos gusta el espectáculo y lo que nos disgusta admitirlo.

Pero, lo que nos "descuadra" realmente es que la venta de las piezas de Hirst hayan hecho de él el segundo artista vivo más caro. Lo que nos descuadra es que el cofre de medicinas haya adquirido ese precio en la casa de subastas. O que su calavera humana incrustada de diamantes (8.601 diamantes), llamada "Por el amor de Dios" alcanzara hace tiempo los 50 millones de libras esterlinas pagados por un grupo inversor desconocido. Nos molesta que su fama la labrara el empresario publicitario y marchante de arte Charles Saatchi.

Lo que nos descuadra es que una "idea" valga tanto. También nos descuadra el gran seguimiento mediático de la polémica que desata su obra. Y esto, la generación premeditada de polémica y su posterior seguimiento mediático, es la "receta" para vender algo, para darlo a conocer. Es el vehículo del que hablábamos en el artículo anterior sobre Muntadas. El hecho de "ver" una obra de Hirts en una "galería" o "museo", el hecho de "saber" que cuesta millones, el hecho de "estar informado" sobre cierta polémica provocada por su obra, es lo que nos descoloca, a saber: por qué cuesta millones un animal muerto en formol. Y esto sucede gracias a una confusión provocada y que se alimenta día a día. Seguimos buscando la "calidad" en una obra, seguimos buscando un "genio creador" digno de "valor".

Koons nos lo pone aún más difícil porque ni siquiera reflexiona. O sí. Saltó a la fama, sobre todo por su relación con Cicciolina y la exhibición pública de sus achuchones. Sus piezas, al igual que las de Hirst, contienen todos los elementos necesarios para impulsar una obra de arte al universo mediático y esto, genera ingresos al instante.

Me gusta especialmente su terrier 'Puppy' de 12 metros de altura armado en acero y revestido de arcilla y flores que vigila la entrada del Museo Guggenheim Bilbao y que fue financiado por la firma Hugo Boss. Sobre todo resulta divertido el cabreo que se cogieron algunas personalidades del mundo del arte contrarias al museo cuando se montó esta historieta y se inauguró, ya que consideraban que el museo debería reflejar las formas de expresión artísticas del pueblo vasco... El perrito fue calificado por un arquitecto vasco como "colosal coliflor californiana" ja, ja... El mismo artista comentó que la sociedad vasca había quedado marginada y discriminada (porque no invitaron a muchas escuelas de arquitectos, ni artistas vascos a las visitas guiadas los quince días previos a la inauguración, sino a taxistas, sastres... -con todo el respeto, decía el arquitecto-) y que habían vuelto a confundir un acto cultural con un espectáculo de masas. Yo creo que el que estaba confundido sobre la verdadera esencia del Guggenheim era él.

Me gusta Jeff Koons, para qué negarlo. En un primer instante me espantó el campañazo publicitario alrededor de sus imágenes con la explosiva rubia italiana... pero últimamente, sus obras me parecen imprescindibles objetos artísticos para este mundo nuestro tan aburrido. A todos nos gusta la globoflexia. No lo neguemos. Nos maravilla que alguien pueda construir un perrito con un globo. Pues Koons se dedica a coger el globo perrito y lo transforma en un gigante de porcelana casi azul Klein. Maravilloso.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Varios apuntes:
- la escenificación o la visión de lo que llamas esa "estúpida lucha mental frente al deterioro y lo irreversible" no obsta para que tal lucha mental suceda, aparezca, exterior o interiormente. Frente al cadáver de tu ser más querido, es probable que se te genere igualmente esa lucha mental, santo grial de la humanidad, para tratar de entenderse, de comprenderse, de saber cual es su fin último en esta vida. Si la comprensión llega por vía de la religión, ¿es entonces una "estúpida lucha mental"? ¿y si llega por la vía de la creencia reencarnacionista, también? La representación de la muerte es tan antigua como el hombre mismo. Es, simplemente, la rebelión, más o menos canalla, frente a lo incognoscible, desconocido, o atemorizante.

- y lo de que "una idea valga tanto". ¿cuánto es tanto? ¿para quién? ¿en base a qué? ¿frente a qué baremo? Pagar 100 euros por una copia de una lámina de Klimt es igual de obsceno o absurdo que los 23 millones de dólares, si el que observa la cifra es un pobre favelista del suburbio brasileño. Caes en el complejo de la espiral de valor que ya denunció Faustenberg.

Anónimo dijo...

Mucha suerte con tu blog. Te leeré con atención cada día. Un abrazo fuerte,

G.

Iván dijo...

Lo que estos dos individuos hacen y la supuesta provocación de la que se presume desde su entorno es equivalente a cuando en su época los Sex Pistols fueron a un programa de la BBC y en medio de la entrevista dijeron "caca" y "fuck you". También se puede comparar a cuando algún grupo de "chicos malos" (Beastie Boys y gente así)van a la gala de los Grammys a recoger un premio y dicen alguna cosilla "subida de tono"... ya se sabe, qué cosas tienen estos chicos, cómo son... es que como tuvieron una infancia difícil han salido raritos y tienen una sensibilidad privilegiada.

Con la que nos está cayendo encima resulta un poco patético cómo dentro del micromundo superexclusivo y aislado de lo que en su día fue el Arte insisten a golpe de talonario y de largas explicaciones en que prestemos atención porque lo que allí dentro ocurre es muy importante y representativo de nuestra época.

El tiempo lo pondrá todo en su sitio. Este año las Señoritas de Avignon cumplen 100 años y están más jóvenes que nunca. Mientras el tiburón del "enfant terrible" de esta temporada artística otoño-invierno se pudre en su pecera de formol.

Un beso muy fuerte Nines! que la polémica continúe!
Iván

Anónimo dijo...

Había un chiste hace ya unos años con más intención que gracia, que a la pregunta de "qué es el arte" respondía con absoluta falta de respeto ortográfica, "morirte de frio". Sin ser experto en arte (quien lo es?), comprendí la verdadera esencia del chiste, pues lamentablemente, la mayoría de estos artistas y su obra me deján así, muertos de frio. Lo de las subastas es algo pero, me dejan muerto de risa. Pero no nos escandalizemos tanto. si algunas empresas pagan fortunas por arte aplicado como un logotipo o una campaña de comunicación, supongo que los artistas que intentan vivir de ello (o sus herederos más bien), igual tienen algo de derecho, no?.

Anónimo dijo...

Yo lo que me pregunto es si esto del arte en EEUU será diferente al de Europa, porque yo nunca he conocido a tanto artista que viva de lo que hace como aquí, en los esteits. Los cuadros se venden en las cafeterías y la gente los compra. Acuarelas preciosas, de colores monísimos que, por supuesto, yo quiero que me regalen por reyes. Ahora que me estoy comenzando a aburguesar, ¡yo quiero mi pieza de arte en el salón de casa!

Ni comprar arte es una panacea ni hacerlo es un parto. Los artistas parecen felices, de buen rollito, muy jipis y con pasta. ¿Eran Velázquez o Miguel Ángel unos muertos de hambre?

Yo el corazón de Channel lo veo ahí, colgado de uno de los inmensos salones de las casazas americanas... Yo creo que un corazón así sólo lo ha podido comprar un californiano.

Las cositas que yo veo por las tiendas y cafés de por aquí son lo que ves, tan bonitas, de unos colores tan bien combinados y los que las hacen son tan felices... Yo a veces tengo la sensación de que se busca en los artistas una pureza, una honestidad que yo creo estar buscando más a Jesús o a la Virgen que a un ser de carne y hueso.

Yo sigo pensando que ese corazón es monísimo y que, de hecho, si tuviera dinero se lo compraría a mi sobrina. Le quedaría precioso colgado en una esquinita de su habitación. Y a ella le encantaría, estoy convencida.
Hala!, saludos.