13/1/08

Adiós a la "nueva carne". Promesas del Este, de David Cronenberg

Me resulta muy curiosa mi historia con Cronenberg. Creo que he visto casi toda su filmografía lo cual resulta bastante raro, porque sus películas nunca me han "apasionado" en sentido estricto. Quizás por esta razón sigo siéndole totalmente fiel. Y él a mí. Lejos de defraudarme, cada día me gusta más.

No pienso hablar de su cine, para qué..., hay documentación escrita sobre su filmografía por todas partes, críticos especializados, libros, reseñas, blogs de cine donde se habla sesudamente sobre cine... Aquí, por lo tanto, solamente dibujaré algunos trazos de "nuestra" historia.

Comenzó hace unos 20 años con títulos como Vinieron de dentro de, Scanners, Rabia o Cromosoma 3. Cintas que, independientemente de su calidad fílmica y de las críticas, me sorprendieron porque no encajaban en un patrón "clásico" de cine de género (terror, fantástico o ciencia ficción). Cronenberg era diferente, muy elegante a la hora de filmar ambientes gélidos y, además, excesivo con la carne. La violencia, lo terrorífico, la enfermedad, estaba dentro de nosotros, de sus personajes, duales, fríos, salvajes y entrañables al mismo tiempo.

Se produce un punto de inflexión cuando llega "La zona muerta" (en algún momento leí que era la peor de sus películas y a mí me gusta mucho), "Videodrome", y finalmente "Inseparables" (que en su momento consideré el más puro Cronenberg) con el apoyo del "doble" Jeremy Irons. Justo en ese momento leí cosas sobre Cronenberg que hablaban de su amor por la biología, su obsesión por la carne y la enfermedad... la unidad entre la psique y la carne... la somatización de lo imaginario y lo abstracto, la fusión de la mente y el cuerpo... lo que sea (mil formas de llamar a la misma cosa)... A partir de entonces volví atrás para ver por segunda vez algunas de sus películas.

Antes o después de Inseparables (ya no recuerdo) vino La Mosca. La película era una adaptación del clásico de 1958 (peliculón donde los haya, o quizás el impacto de esa mosca de cabeza blanca que pide ayuda en la tela de araña), venía con publicidad y actores que sonaban (por lo menos Geena Davis, Jeff Goldblum no era muy conocido en esos momento) y esto, casi siempre era sinónimo de "mala" o "a este tío ya le ha comprado Hollywood". Pero la versión resultó ser muy interesante, por no decir que muy Cronenberg. Cuando me enteré que la adaptación al cine de la imposible novela de Burroghs, Naked Lunch, venía de su mano, pensé que había perdido el norte. Pero no hay más que ver la película para saber que la novela le resultó perfecta para remarcar sus obsesiones y evolucionarlas estilísticamente. La metamorfosis entre el hombre, sus deseos, obsesiones y la máquina (o cualquier elemento externo) se manifiesta en Naked Lunch y continúa en Madame Butterfly, Crash y eXistenZ. En estos momentos parece que nos encontramos en un mundo poblado por monstruos o extrañas quimeras... que, sin embargo, siguen siendo entrañables, demasiado cercanas quizás.

Dicen los entendidos que el cine de Cronenberg muestra sin juzgar y narra sin explicar. Por esta razón es posible que sus personajes no me duelan y parezcan inofensivos y, hasta cierto punto, cordiales.

Cuando ya me creía que tenía a Cronenberg en la cama... volvió a sorprenderme con Spider, su película más especial y más rara. Tanto que es muy poco lo que puedo decir de ella. Lo primero, que espero volver a verla; lo segundo, que el drama de identidad y la dualidad siguen presentes de una forma más íntima; lo tercero, las imágenes lúgubres, frías, elegantes, la fractura (del espacio, del objeto, de la mente...)

Y supongo que aquí se produce otra inflexión para pasar a dos películas hermanas que me parecen extraordinarias. Quizás sea por que, gracias a ellas, puedo decir que Viggo Mortensen no es un chuleras mata hembras con melenitas sino un pedazo de cañón y un actor como la copa de un pino. Pero no. "Una historia de violencia" me dejó seca. Porque llevaba mucho tiempo sin ver una sola película que me interesara lo más mínimo y esta me gustó mucho; porque me gustan los finales felices; porque se puede exponer la violencia sin recrearse en ella, con frialdad y sin realismo (porque no hay juicio moral); porque la vi a la vez que "Match Point" de Woody Allen (otro de mis fetiches) y pensé... "a estos dos les ha pasado algo raro"; y porque "Una historia de violencia" tiene además un tono "clásico" de cine de toda la vida de fácil lectura que me gusta tanto como morder las esquinas de las galletas. Al mismo tiempo, lo de siempre, la dualidad, el problema de la identidad y una fuerza y entereza inusual en sus personajes, una estética impecable y, en definitiva, un placer de película.

Finalmente creo que tengo que decir algo sobre Promesas del este. Decididamente Viggo Mortensen es "Dios". Hay una escena en esta película donde el cuerpo (su cuerpo desnudo por completo), no metamorfoseado sino tatuado y herido, pelea con otros cuerpos. Una auténtica pelea de cerdos... con sonido incluido. No sé explicar lo que estas escenas me producen (aparte de la sinrazón en la que una entra al ver a Viggo Mortensen de esa manera), quizás sea ese sentimiento tan raro de "lo sublime". Su rostro, el gesto ─exactamente el mismo que en "Una historia de violencia"─ que desvela casi desde el principio su "esencia"... el frío de nuevo, la quietud, el ambiente sórdido y, al mismo tiempo, cercano... Impecable.

Creo que ya me he olvidado de "mi" Cronenberg porque su/mi "obsesión" por la "nueva carne" ha desaparecido. Yo ahora solamente tengo en la cabeza al hombre como animal para amar lo que debe ser amado y aniquilar al elemento infeccioso y corrupto. Una nueva obsesión con heridas y tatuajes llamada Viggo que me ha hecho caer de las ramas. No puedo evitar imaginarme al dios Pan en su interior...

Cronenberg, por otra parte, sigue siendo un gran tipo que cada vez hace mejores películas; todo un "autor" como dirían los críticos.

4 comentarios:

Koko dijo...

Cronenberg siempre ofrece guiones interesantes, muy a tono con aquello de la "singularidad", con los fundamentos de la posmodernidad. Casi todos los personajes de la película son "singulares-dotados-de-humanidad", incluso "los malos". Le veo el plumero y eso me irrita un poco, aunque comprendo que en cada época es preciso pagar el canon impuesto por "lo actual".

Lo que peor llevo de Cronenberg es su afición a las vísceras... La influencia de Sensation... Ya sabes, querida Vera... Hubiera preferido un tratamiento menos agresivo en todas las secuencias violentas. Concretamente, la de los baños hubiera quedado mejor con una "solución" menos explícita. ¿Cerdos? Yo diría alimañas.
Y el actor que ha encandilado a las féminas... ¿No tiene la cabeza un pelín grande?

Vera dijo...

Pero... si a mí no me gustaba lo posmoderno!!!!, ja, ja... ¿O si?...

Me gusta eso que dices de los personajes “singulares-dotados-de-humanidad”, quizás por esa razón me parecen “entrañables”.

Respecto a las vísceras, pues no sabría decirte porque, en realidad, a mí tampoco me agradan pero no me molestan en Cronenberg. Es más, diría que solamente admito las suyas. Y ya... tampoco me gusta Sensation... o sí, ja, ja... Ahora, vista en la distancia, no se la mira del mismo modo que hace ya más de 10 años.

Y bueno... para gustos los colores. La escena del baño es fantástica. Aunque admito que mi foco de interés quizás impidiera una visión global del asunto... El actor no me gusta, realmente... Es más esa mezcla de “tipo-malo-y-duro-que-sabe-muchas-cosas-más-que-yo-con-un-fondo-bueno-y-una-sensibilidad-oculta-que-sufre-muchísimo” lo que me pierde... Y encima... en la lucha... cuando le agraden y sangra... No te digo más... ¿Te suena de algo koko?: la mismísima imagen de Jesucristo. Con un par. El ídolo de cualquier fémina.

Si, si... tú ríete. ;-)

Koko dijo...

Pues claro que me río...
Lo que dices sobre el tiempo transcurrido: En efecto, diez años pueden ser muchos años... pero a mí cada vez me molestan más los planos morbosos; debo ser un poco raro.

Vera dijo...

No, no eres raro. Esa reacción frente a lo morboso es tuya,… Creo que lo morboso no es “algo” dado. Cada uno lo siente a su manera´, cada uno considera morbosa una cosa u otra, y a mí Cronenber, no me lo parece. Siento algo así como una “experiencia estética” de grado muy bajo, sin demasiado interés (con algunas de sus pelis, no todas).

A ver... lo que quería decir con lo de sensation es que... hace años las obras de Chris Offili (la virgen negra con boñigas de elefante, o lo que fuera), Damien Hirst, Tracey Emin con esa cama suya llena de “sus cositas” con restos biológicos (sangre, semen), Marcus Harvey retratando a esa asesina enamorada de un psicópata (ya de por sí, morbosa para aquellos que gusten de las virtudes de los psicópatas), o lo que sea de los Chapman… me hacía daño. ¿Por qué?, porque “el arte” era (para mí) otra cosa, y como eso se vendía como arte, a mí me dolía. Pero ahora, que estoy más acostumbrada a la pornografía y la obscenidad más excesiva (no sólo en el arte, sino en todo lo demás: literatura, publicidad, etc…), sencillamente “sensation” me da risa. No me afecta, ni me provoca, simplemente no me produce ninguna sensación, ni reacción. Me provoca más observar ciertas campañas de publicidad o la frialdad con la que intentamos “raptar” la materia gris de nuestro target y hacerla nuestra, transformándola en moneda de cambio. Este tipo de obras, hoy, me parecen simpáticas comparadas a lo que publica cualquier diario o comparadas a cualquier debate televisivo o noticiario en prime time. Son cualquier cosa menos… inquietantes, cualquier cosa menos… morbosas, cualquier cosa menos… provocativas. Son, casi, familiares.

Quizás cuelgue un post sobre esto de lo morboso. O no. Es un tema… complicadito para mí. Pero, en definitiva, Cronenberg no me produce ningún morbo. No es esa la razón por la que me agradan sus pelis. Es más, creo que lo que considero “morboso” (si es que considero algo, que no lo tengo claro) no tiene nada que ver con la “estética”, manifestaciones artísticas en general, sino con esos dos que andan rodeando al “yo”. Vamos... algo que no me agrada en absoluto.

Puedes seguir riéndote.