24/1/08

Desde el asfalto

Supongo que mucha gente disfrutó, el día de nochebuena del año 2007, de la maravillosa luna que flotaba cerca del horizonte; al este. En Madrid yo la vi justo en la esquina entre la calle Ortega y Gasset y Francisco Silvela. La vi a las 19:00 horas, o 19:30 más o menos, cuando me dirigía al lugar donde iba a disfrutar de una noche de excesos (alimenticios) y pandereta. Una vez más me pregunté por la causa del dicho efecto. Esa luna asombrosamente cálida y grande que yo pensaba que solamente podía verse al final de una larga tarde de verano (porque creo que era verano y tarde cuando la vi así por primera vez, siempre en el horizonte del este) y que ahora observaba al comienzo del invierno, ¿por qué se muestra tan grande? No importa la causa si no el efecto tan diferente que me produce verla así, o allá arriba, fría y aislada entre las estrellas.

Ayer estaba casi llena o llena; allí arriba. La observé por la noche, cuando volvía a casa. Esta mañana la he vuelto a ver, en dirección contraria (parece marcar siempre mi camino). Salía de casa a las 8:30 y la he visto allá, al oeste, alumbrada por la luz del sol que estaría asomándose ya, justo al lado contrario. Y estaba enorme. Otra vez. Y cálida. Y era por la mañana.

Esta noche he vuelto a verla, allí arriba, de nuevo fría.

Me encanta la luna. Me encanta verla tan gorda y llena.

Os dejo aquí una imagen de la tierra y la luna obtenida por la sonda Mars Global Surveyor que orbitaba Marte el 8 de Mayo de 2003. Ese día, estábamos todos allí, en ese planeta que se ve con la luna al fondo...


Crédito: NASA/JPL/Malin Space Science Systems.

He visto hoy, por ahí, una noticia graciosa. Muestra una foto del planeta rojo con un marciano, un marciano de verdad, de los de Marte. Todo chamuscadito de frio... Como el toro de Osborne que también os dejo. Conste que éste no está en Marte, sino en la tierra, que, a veces, también se muestra así de roja.

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