21/1/08

Los ojos quemados por el sol


Pues no quería yo... pero sigo con Van Gogh. En 1912, aquellos tiempos en los que los llamados "expresionistas" intentaban abrirse hueco en los salones de arte, se mostraron en la famosa y vanguardista exposición Sonderbund de Colonia, 16 Picassos, salas completas para Cezanne y Gauguin,... y nada menos que 108 pinturas y 17 dibujos de Van Gogh (muerto unos veintidos años antes). La esposa de Théo, que enviudó en 1891, debió moverse como pez en el agua con su legado bajo el brazo: las cartas de Vincent a Théo, las pinturas, la locura y la muerte de su cuñado. Pero el que “aguantó” al pintor durante sus peores años y el que intentó mover su trabajo en vida, fue su hermano Théo.

Estoy de acuerdo con lo que dice koko en su comentario a mi anterior post. Si abro un libro cualquiera (por ejemplo, el Stangos) y leo “Llegó un momento en el que la personalidad del artista se convirtió en un factor determinante del carácter de una obra,... A partir de entonces, el arte pudo funcionar cada vez más como medio de revelación de uno mismo” puedo inmediatamente entender a Van Gogh como precursor del "expresionismo", además de aceptar que el exceso de expresión, es algo vinculado a la personalidad del artista. Esto es la crítica o valoración de una obra; destacar ciertos atributos o cualidades en las obras, eliminar otras y resaltar las de interés para venderlas o crear nuevas tendencias. Esto es lo que, a veces, ciega al ojo porque antes de mirar... ya buscamos lo que tenemos que ver.

Pero en el caso de Van Gogh hay algo extraño. Al margen de lo que ocurriera después de él, y de cómo nos lo hayan vendido, creo que realmente se tomó todo demasiado en serio. Su actitud era excesiva y desproporcionada, pero no romántica porque hasta el romanticismo dispone de medidas y canales. Creo, verdaderamente, que estaba enfermo y esa enfermedad está en sus cuadros. Al menos, eso es lo que yo siento al verlos. Puedo pensar que Van Gogh fue uno de tantos temperamentos trágicos, pero no supo canalizar su tragedia y objetivarla. Puedo pensar que hizo del arte su vida y de su vida una tragedia y que su arte es pura tragedia viva; tanto, que no es posible mirar algunos de sus cuadros con la distancia necesaria. Por esta razón me resultan, sobre todo alguno de ellos, insoportables. Y podríamos asegurar que mi percepción surge, como la de tantos otros, a raíz de esa “valoración necesaria” de la que habla koko, de esa cultura aprendida en los libros de arte que nos dice cómo debemos enfrentarnos a un artista... pero creo que no; no existe esa distancia. La tragedia que percibo está en los cuadros y se confirma en sus cartas. Y esta tragedia no me resulta agradable, ni siquiera interesante. Por eso me sorprende que sus pinturas gusten tanto a casi todo el mundo.

Realmente no soporto ese color amarillo. Ni ese cielo estrellado.

Volviendo al tema de la "distancia" entre el observador y la obra. No hay; no debe haber espacio posible entre el cerebro de Van Gogh y el mío si quiero "ver" un cuadro suyo. Si rechazo la distancia que me separa de él en el tiempo; si aparto el muro que la historia del arte y la estética construyen entre él y yo; si recuzco al pobre genio loco, veré simplemente lo que él sentía y enfermaré. No tiene nada que ver con la "verdad" de un cielo estrellado, o la "verdad" del sembrador al sol poniente, o la cosificación de la cosa... Lo que dice Heidegger sobre los zapatos de labriego puede resultar útil para sostener esos zapatos en la historia del arte, pero no nos dicen nada de su verdad. No creo que Van Gogh desocultara más verdad que la suya propia. Yo solamente veo lo que sus ojos querían ver. Y su mundo, no era ni mucho menos, agradable.

Van Gogh se pasó bastantes años aprendiendo, impresionado por los "impresionistas". Pero a partir del 87, 88... sus cuadros empezaron a mostrar algo más que una mera impresión calmada del entorno. Dice Peter H. Feist: "Algunas veces brotaba en él un impetuoso desborde de color o una tensa confrontación con la forma de las cosas.


Compárese, por ejemplo La pesca en primavera, Point de Clichy, con el apacible cuadro de Monet realizado veinte años antes A orillas del río, Bennecourt".

Pues si, la verdad es que observando ambos cuadros, uno percibe cierta diferencia. No refleja la mirada de Van Gogh un paisaje de luz, no hay distancia entre sus ojos, su cuerpo y lo visto. Hay agitación en cada pincelada, en cada espacio del paisaje. Su agitación. Nada que ver con la dulce dama de Monet, que descansa al borde del agua. Hay horas bajo el sol observando al sembrador que aparece chamuscado junto a ese maldito árbol que atraviesa el lienzo, contrastado en extremo, de espaldas a ese inmenso y excesivo sol de poniente. Ese cielo amarillo es insoportable, Los ojos de Van Gogh tenían que arder, necesariamente. Y los míos con los suyos.

El pintor nace el 30 de Marzo de 1853, y 37 años y casi cuatro meses después se pega un tiro. Tenía 37 años, sólo 37 años. No sirvió de nada que vendiera su primer cuadro ese mismo año y que sus cuadros fueran apareciendo, gota a gota, en el salón de los Independientes. Ese mismo año, tras su muerte, fueron expuestos diez más. El año siguiente, en Enero, muere su hermano Théo y más de uno aconseja a su viuda, destruir la obra del pintor, valorada modestamente en 2000 florines.

Después de todo esto, comienzan a exponerse sus cuadros, aparecen todas las epístolas a Théo y Emile Bernard. Este último organiza una exhibición en 1893 de 16 cuadros de Van Gogh... sus cuadros cuestan 30 francos, mientras que seis piezas de Cézanne producen 910. No será hasta bien adentrado el S XX cuando sus obras, y sus cartas a Théo estén ya en manos de los parisinos. Justo en 1937 los nazis denuncian sus obras por decadentes. Después de todo esto, y a partir de 1946... el entusiasmo.

Él habría cumplido entonces 93 años.

2 comentarios:

Théo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=hbMU5fsfA18

Kurosawa dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=K8Pnjwu4a6k