23/2/08

Somnolencia y belleza. La Flores Azules de Raymond Queneau.



Hoy me voy a hacer un homenaje; parece ser que la primavera, harta de que la toreen, ha decidido adelantarse a ElCotinglés que, desde hace algún tiempo, viene apropiándose de ella, organizando el inicio de tan extraña estación a su antojo. Pues bien, gracias a que yo -que soy parte del todo-, y a que todo, -que es uno (dentro de lo cualo me encuentro yo misma y todas mis circunstancias)-, venimos sintiendo (el todo y yo que somos univitelinos) lo mismo de la misma manera, me he regocijado primaveralmente esta tarde mientras conducía por una carretera fea rodeada de cosas feas pero iluminada por ese sol, y sólo ese, que se anuncia a sí mismo como primaveral. Vera...; ha llegado la primavera. Y mi corazón ha empezado a trinar o a rebuznar. Aquí os dejo mi canción de hoy.

Hay momentos y momentos en los que algo nos sobrecoge por su belleza y caemos en una especie de estupor estupendísimo, especie de modorra o coma físico que activa inmediatamente (solo en algunos casos) nuestra maquinaria pensante. No comprendemos lo que vemos o, quizás, no comprendemos por qué nos estamos durmiendo de placer… Justo en ese mismo instante comenzamos a “semisufrir” ya que intentamos comprender aquello de tan enorme belleza que se encuentra allá a lo lejos, frente a nuestros ojos, tensada al máximo la línea que une ambos elementos. En lugar de repanchingarnos plácidamente, sentimos que sentimos aquello en las entrañas y al mismo tiempo pensamos que sentimos que se nos escapa. Asumimos que esta sensación de belleza que estamos sufriendo es efímera y así mismo la imagen conmovedora ante nuestros ojos. No comprendemos aquello, no comprendemos aquesto. ¿Es un momento sagrado? No; debe ser racional, tengo que traerlo a mí. El vínculo tenso se deshace tras, mientras o durante la emoción; se rompe la cuerda tras el impacto de una bala y nos quedamos aislados pensando que aquello fue un mensaje divino o del espacio exterior, nos quedamos más aislados aún - olvidando la belleza y emoción del instante en el cuerpo- buscando lo poco que podemos entender de él: volatilidad, fluidez, incorporeidad, sutileza, irrealidad… El carácter etéreo, la vaguedad y sutileza del momento estético solamente puede ser racionalizado como algo enigmático, hermoso y, por desgracia, insignificante... como nosotros.

Pero no. Pardiez!! Lejos de carecer de significado, lo tiene todo. Tanto como una digestión que, por cierto, no pensamos. La belleza no hay que atraparla; está en nosotros. No podemos evitar sollozar al ver como unas moléculas comienzan a organizarse solas, las células apañándose unas con otras, los tejidos embrionarios apareciendo, creciendo… No podemos evitar sollozar abandonándonos al ritmo del agua, del viento, de las nubes… Pero el mayor error que podemos cometer, y de hecho cometemos continuamente, es racionalizar esta emoción. Porque la razón debe “separar” para entender. Por eso buscamos siempre “causas” que expliquen los acontecimientos. La causa separa y clasifica. Aisla. Transforma algo en ajeno. Y si no puede, lo destierra como “insignificante”. Insignificante pues, no significa “ausencia de significante”, sino más bien… nada. Intrascendente. Banal. Como si una digestión, por no poder ser pensada, fuera (o fuese) banal.

La belleza está en nosotros; en todas partes; y no tiene sentido. Somos pura belleza, pero no nosotros entendidos como una cosa aislada de todo lo demás sino formando parte de todo lo demás. Tan solos estamos que nos conmovemos observando la naturaleza que entendemos como algo ajeno a lo que pertenecemos. Trágica mentira. O absurdez absurda.

Voy a ser puñetera. La frase con la termina la novela (sueño) “Flores Azules” de Raymond Queneau es la siguiente:

“Una capa de lodo cubría toda la tierra, pero, aquí y allá, se abrían pequeñas flores azules”.

Gracias.
Gracias.
Gracias.

Por este final.

Estoy primaveralmente encantada (aunque hoy lloverá y fluirá con la lluvia el encantamiento) de haber disfrutado con una novela que puede ser clasificada por ahí como surrealista, divertida, irracional, patafísica, anormal, inconsciente…, y comprobar que “estaba dentro de mí”; que quizás soy patafísica; que, sin el menor esfuerzo, la hago “consciente”, “física”, “encantadora de mis humores”, “normal”… pero no racional. Porque quizás, lo que ha ocurrido – esa floreciente alquimia -, es que por fin soy capaz de flotar con un texto hermosísimamente hermoso como un oso.

La novela está traducida y… traducir a Queneau es como traducir a Perec o a cualquiera de estos expertos (porque lo eran) en El lenguaje. Y pongo El con mayúscula porque Flores Azules me habla en otras lenguas, es una quimera con forma de lengua cuyos lametazos comprendo como un bebé comprende unos abrazos y achuchones. ¿En qué lenguaje me estará hablando Queneau – o mejor dicho, su bendito traductor Manuel Serrat Crespo – que me siento mecida por unas nubes que me hacen cosquillitas en los pies?

Si ya es difícil (o no)… Si no me da la gana “criticar” ni “clasificar” las novelas que leo…, mucho menos esta. Podéis investigar por la red, por ejemplo aquí, en soldelibros, donde aparece un intento de “crítica” o exposición abierta del contenido de esta historia.

Sólo decir una cosa que he leído por ahí y que manipulo a mi antojo:

Queneau montó una especie de grupo o movimiento o, simplemente, un acrónimo: Oulipo. En lugar de abandonar la razón a lo bruto (como si pudiera abandonarse así como así) y acudir al inconsciente (como si eso fuera posible) en la búsqueda de un proceso de creación sin restricciones, el espécimen oulipiano traza la ruta en sentido contrario, aplicándose consciente y razonadamente restricciones que le permitan nuevas formas de creación, lo que le alejará de Dadá y su culto al azar. “Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca”. El grupo oulipiano unirá dos disciplinas distintas y adoradas por igual: las matemáticas y la literatura. Así, conceptos como restricción (semántica, fonética, (combinatoria, algoritmo, fractal), se importarán de las matemáticas para aplicarse sobre el material propio de la literatura: las palabras. Y en este proceso irán encontrando las posibilidades de la lengua, las potencialidades de la literatura.

El Oulipo no establece una normativa artística, sólo ofrece un procedimiento de creación. Lo empleó Queneau antes de la fundación del taller ("Ejercicios de estilo" de 1947, en que se presentan hasta 99 formas distintas de contar un mismo y trivial episodio ocurrido en un autobús) como después (Cent mille miliards de poèmes, "Cien mil billones de poemas"), consistente en diez sonetos, en los que en todos se mantiene la misma rima, así que cada verso puede ser substituido por el verso correspondiente de otro soneto.

Dicho esto, no digo nada… pero me inquieta esta matematización musical de las palabras.

Por esta razón, y creo que sólo por esta, Queneau hace cualquier cosa menos tomarnos el pelo, ofreciéndonos un bonito sueño en el que las palabras inventadas se transforman en aquellas naves espaciales en las que nos gustaría flotar, por lo menos alguna vez.

Dedico este desbarre a el hombre cohete. Porque me regaló este librito. Una vez me dijo algo así “menos mal que existen cosas como Flores Azules. Estos patafísicos parecen haber llegado a tal conocimiento de las cosas, que solamente les queda partirse el ojete”.

Pues sí. Y lo mejor es que también nos lo partimos aquellos que leemos el libro. Nos ayuda a resolver muchas chorradas cotidianas… Pero, además, nos deleita con una hermosura fuera de lo normal, un auténtico parque de atracciones de “fenómenos lingüísticos”, por llamarlo de alguna manera que, por momentos, avisa de que va en serio, no porque enseñe nada, ni instruya moralmente, ni cuente nada interesante. ¿Por qué?... vayan ustedes a saber. Y ese final… es un regalo, igual de hermoso que la sensación de la primavera, de la luna eclipsada, de una nube pasar…cuando no se tiene la absurda intención de atraparla y comérnosla con patatas.



5 comentarios:

hombrecohete dijo...

Merci beaucoup!
Estará de acuerdo conmigo en que a Manuel Serrat Crespo habría que hacerle un monumento.
Por cierto ¿sabe quién realizó otra maravillosa traducción de Queneau(de "Zazie en el metro")? Se lo digo, pero prometa no desmayarse o morir de risa: Sánchez Dragó!!!
Debió ser antes de que, a golpe de practicar tantísimo sexo tántrico ¿o debería decir "tantrísimo sexo"?, se le llenara la cabeza de lefote. Ya lo decía algún galeno de la antiguedad (si me lo permite, me invento el latinajo): "esperma in corpore, venenum est".

Ya sabe que la magia se destruye si se rebela el truco, así que no tiene mucho sentido hablar de nihilismos, anarquismos, genialidades estructurales, crónicas históricas, humor y otros oulipismos presentes en la novela en cuestión; más cuenta nos traerá quedarnos amarrados a una barcaza a orillas del sena, donde los vapores de la esencia de hinojo nos revelaran nuevos brillantes colores reflejados en las aguas estancadas y aprenderemos las palabras, también nuevas y brillantes, de los campistas_acampadores_del_campamento_para_acampar.

Perdone la extensión del comentario, pero es que hostias, me ha hecho muy, muy feliz. Ahora solo queda pasarle los "Ejercicios de estilo" y que se anime a ilustrar una selección con libertad absoluta , su talento consensuado y ese duendecillo punk que anida en usted
y que, según creo, aún no a visto la luz.

Ale, mi más sincero agradecimiento y a ponerse a dibujar!

Vera dijo...

Me he adragantado!!!.

Talmente de acuerdo con lo de Drago...

Hay que joderse.

Una vez más, gracias por tan ilustre comentario y, por supuesto que, cuanto antes... leeré esos ejercicios de estilo.

Un campo de besos.

Vera

Anónimo dijo...

París no se acaba nunca.

Mi padre me ponía de pequeño esta película:

http://es.youtube.com/watch?v=KErxgIEwdoA&feature=related

Después iba a clase desando que este fuera mi profesor de mates:

http://es.youtube.com/watch?v=11UVgI1XXpY&feature=related

Para mí el director de cine más Oulipo es français:

http://es.youtube.com/watch?v=ogZB-6yLSlQ

Un saludo, Youtube.

Vera dijo...

No entiendo yo muy bien qué tiene que ver Godard con Oulipo...

Pongo en marcha mi maquinaria de contactos y corresponsales, a ver si consigo que me traduzcan la clase de aritmética de Queneau. Que promete...

Tan pronto tenga el tema arreglado, cuelgo la traducción.

Merci & welcome.

hombrecohete dijo...

Qué bonito volver a ver la cara de "la niña guapa". Tuve la suerte de poder ver la peli hace años pero, por desgracia, la chica que me la dejó ya no vive en España.
Pena, habrá que comenzar una búsqueda exahustiva porque es muy divertida y no me gustaría que mis dos niñas guapas favoritas se la perdieran...