2/3/08

No country for old men. Joel y Ethan Cohen


Típico tópico, supongo… pero qué momento:

“Si no vuelvo, dile a mi madre que la quiero”
“Pichurrin…Tu madre está muerta”
“Entonces, se lo diré yo”

Y no pongo más trozos porque tengo memoria de pez y, aunque acabo de ver la peli, no recuerdo ninguno más. No llevaba libro de notas. Lástima.

Supongo que dirán muchos por ahí que se habla bien de una film por la influencia de los críticos, los premios, etc… Pero debo decir que, a mis años, ni los premios ni los críticos tienen ningún peso en mi opinión. No por nada en especial, simplemente ya no tengo tiempo para disfrutar de los previos a una película, ni de los últimos. Antaño me quedaba sin dormir la noche de los Oscars… hoy duermo a pierna suelta y ni siquiera sé quienes son los nominados. Por supuesto, hace años, tenía canal plus y hoy no lo tengo porque no me da la gana. Si una servidora pagara el plus, sucedería lo mismo que si pagara un abono anual en el mejor y más pijo gimnasio de Madrid. Ni los unos ni los otros me verían el pelo y yo estaría haciendo el imbécil y perdiendo dinero.

Confieso que en la otra vida leía muchas revistas: Dirigido por…, Cinemanía, Fotogramas…; tenía amigos cinéfilos y cinéfobos, gastaba el tiempo escribiendo y pensando sobre cine. ¿Para qué? Para nada. Recuerdo un día y un momento; me encontraba en casa con un número de “Dirigido por” en el que salía el primer ensayo crítico de Bram Stoker’s Dracula, peliculón donde los haya, porque haberlos haylos. Sobre la crítica no recuerdo nada. Lo que si tengo en la memoria fue lo publicado en el número del mes siguiente. Cuatro habituales de la revista entraban a saco con un análisis del filme, porque no se habían puesto de acuerdo. Para uno de ellos era una “maestra obra maestra”; para otro era una mielda (aunque éste era el típico listo que todo lo sabe, y ya se sabe que estos no admiten haber comido un dulce ni aunque su sangre manifieste un alto nivel de glucemia); para otro era una “cosa extraña perdida entre palabros técnicos”; para el último era un manual de funcionamiento de una cámara digital de última generación en 8 idiomas (al menos, esto era lo que una sentía al leerlo). Conclusión: cuatro sesudos “dirigidos” no se ponían de acuerdo sobre la “calidad” de un filme y una servidora cerró para siempre el manual utilizando desde entonces los tropocientos números almacenados en su casa para hacer pasta de papel con la que construir figuritas que posteriormente vendió en los mercadillos de Ibiza y, eventualmente, para limpiarse el trasero. Es lo que tiene ser hippie.


Dicho esto, confieso:

- Que ni soy hippie ni he estado jamás en Ibiza.
- Que no se hacer pasta de papel.
- Que sé quienes son los hermanos Cohen.
- Que he visto la mayoría de sus pelis.
- Que me he enterado de la mitad de la movida porque son demasiado intelectuales para mí. O que están en otra órbita por encima o por debajo de la mía.
- Que a veces viendo sus pelis – cual electrón excitado – he pegado un salto y he creído adquirir otro nivel de energía. ¿Sería el de ellos?
- Que sé quien es Bardem.
- Que sé que le han endosado el Oscar.
- Que he visto la peli porque me gustan los Cohen. Sobre todo tengo un gran recuerdo (o sabor) de Arizona Baby, Sangre Fácil, Muerte entre las flores, El gran salto, Fargo y El gran Lebowsky (sobre todo de Jesús Quintana)…
- Que con esta película, he recuperado aquel sabor.

Cuando la he visto he pensado en John Ford. Mejor dicho, en Centauros del Desierto. ¿Por qué?... ¡y yo qué sé! ¿Me ha recordado a los westerns?: No. Creo que quizás se debe este recuerdo a cierta quietud, calma, poder del paisaje o de una vista estática (o más que estática, quieta, en tensión). Si; la tensión y el elemento inquietante creo que están bien reflejados en esta peli. Pero no nos confundamos. No quiero decir que haya dejado las uñas clavadas en el asiento… no. Tensión escénica, calma y silencio de fondo al mismo tiempo… Todo fluye con la misma precisión y necesidad con que brotaba la sangre del estómago de Mr. Orange en Reservoir Dogs. Y supongo que el espectador siempre desea un por qué de lo que está sucediendo cuando aquí las cosas suceden porque sí y de forma natural. Como si el asesinato, o la muerte, fuera un leitmotiv inexplicable.

También me ha gustado el cazador. Porque la segunda cosa en la que he pensado -después de John Ford- ha sido en la caza. Algo evidente, lo sé, pero muy representativo en el personaje de Josh Brolin.

Y lo tercero Bardem. No sólo él (que está increíblemente bien para lo que yo esperaba: sujeto; sujetísimo), sino su personaje que no es más que una sombra; quizás el mismísimo demonio, el mal, o la otra cara de algo que no me atrevo a nombrar. Me gusta jugar con la idea de que Anton Chigurh no existe realmente; sería algo así como el “miedo” que todos sentimos, que puede tomar la forma que a cada cual se le antoje.

Por último diré que se me escapa el personaje de Tommy Lee Jones. La ley en esta película no es él (que está un poco de vuelta de todo o en un limbo extraño), sino más bien, Anton Chigurh… Me inquieta la escena final cuando el sheriff Bell entra en esa habitación donde (supuestamente) se encuentra Anton… y no pasa nada.

Es algo que siempre me pasa con los Cohen, no me da la neurona. Próximo paso, leer la novela de Cormac McCarthy. A ver si me entero de algo :-)

Aquí os dejo al magnífico Turturro, por si le habíamos olvidado.



Y si queréis esta última escena doblada pinchad aqui.

8 comentarios:

Alp dijo...

¿Centauros del desierto? Me has dejado KO... Tal vez, si entendemos la película de los Coen como un westrern dado la vuelta (como si fuera un calcetín)... Creo que una de las mayores virtudes de los Coen es describir con términos sencillos situaciones complejas y poner al espectador ante hechos que se entenderían de manera muy diferente si se afrontaran desde los modelos teóricos al uso.

hombrecohete dijo...

¿No tiene la impresión de que ciertas novelas deberían adaptarse al cine por tal o cúal director? A mi me pasó al ver la primera peli de Tim Burton. Pensé "joder, no quiero morir sin ver Chalie y la Fabrica de Chocolate" hecha por este tio". Lo deseé tanto que, cuando mi fantasía se hizo carne de celulóide, me decepcionó. Ahora tengo otro sueño: ver "1280 Almas" del gran Jim Thompson por los Coen. Sería justo y muy, muy necesario.

vera dijo...

A saber por qué me recuerda a esa peli; y más cuando no recuerdo apenas nada de ella (y eso que la he visto dos veces, o tres y encima ¡actué en ella!). Tan sólo me queda el sabor.

Me cuesta mucho digerir el cine, y lo sabes. Solamente quedan ciertas “impresiones” que deben ser sometidas a cualquier cosa menos a un análisis riguroso.

Respecto a los Cohen, sus pelis nunca me han parecido versiones sencillas de cosas complejas. O si. Quiero decir que, al final, la peli no me resulta nada sencilla. O quizás sea que yo, frente a lo muy sencillo, me quedo con cara de poker sin entender nada realmente.

Retorcida que es una.

vera dijo...

Cohete, nos hemos yuxtapuesto... :-)

Anónimo dijo...

Humor y terror a partes iguales, una prueba del talento de los coen:

http://es.youtube.com/watch?v=L0kVdEGklkc

Y una chorrada que nada tiene que ver pero me hizo gracia:

http://es.youtube.com/watch?v=BEnhiwVd91Y&feature=related

Youtube

Vera dijo...

Qué buena es esa escena...

y el montaje de los corderitos...

Gracias.

Anónimo dijo...

Un poco tarde...pero con respecto a "… Me inquieta la escena final cuando el sheriff Bell entra en esa habitación donde (supuestamente) se encuentra Anton… y no pasa nada" Ese no pasar nada es para mí como el silencio en la música, necesario, inquietante, la sinfonía continúa o no, pero antes debe parar y en este caso no es un suspiro es un reclamo de la atención...
Aquí un enlace interesante, para el que lo soporte:
http://www.youtube.com/watch?v=HypmW4Yd7SY&feature=related

Anónimo dijo...

el enlace bien