20/5/08

Ausencia de serenidad, valor y sabiduría. Kurt Vonnegut I


"En la pared de su oficina Billy tenía una oración enmarcada y colgada, que le ayudaba a seguir viviendo a pesar de que no sentía ningún entusiasmo por ello. Muchos pacientes que la habían visto le confesaban que a ellos también les ayudaba a vivir. Decía así:

CONCÉDEME, SEÑOR
SERENIDAD PARA ACEPTAR
LAS COSAS QUE NO PUEDO CAMBIAR,
VALOR PARA CAMBIAR LAS QUE PUEDO
Y SABIDURÍA PARA
DISTINGUIR LAS UNAS
DE LAS OTRAS"

Si encima, uno no cuenta con el Señor… la cuestión es bien simple. O eres sereno, valiente y sabio por naturaleza, o tendrás que serlo a golpes. O si no, las pasarás canutas.

Sala de pacientes mentales no-violentos de un hospital de veteranos sito en Lake Placid, Nueva York. Allí se encuentra Billy, junto a otros. Todos ellos habían ido allí voluntariamente y alarmados por el mundo exterior.

El propio Kurt Vonnegut (o el personaje) presenta su historia “Matadero Cinco” de esta manera: “Mira, Sam, si este libro es tan corto, confuso y discutible, es porque no hay nada inteligente que decir sobre una matanza. Después de una carnicería sólo queda gente muerta que nada dice ni nada desea; todo queda silencioso para siempre. Solamente los pájaros cantan”.

Página 100. El libro tiene 188 pero he decidido comenzar ya a hablar de él. Me lo recomendó una compañera mía, y al mismo tiempo “Youtube” en uno de sus comentarios. Lo que me sorprende es que dijo esto a continuación del nombre Vonnegut: “la vida es un chiste”…

Pues, o bien no he llegado todavía al chiste, o bien es cierto que el Señor no me ha concedido ni serenidad, ni valor, ni sabiduría.

De momento, esto no es un libro de ciencia ficción, ni de ficción. De momento, esto es un libro de ciencia ficción, o de ficción. Me da exactamente igual. Creo que es una historia verdadera, como muchas; delicadamente intensa, como pocas; hermosa, como pocas; inteligente, como pocas. Pensaba al leerla, una vez más, en Chirbes y su desgarro… No. Vonnegut no se desgarra, para qué. La misma vena que nos hace sufrir observando el dolor, la podredumbre y resto de porquería que nos rodea es la que podría hacernos odiar y matar. La misma irracionalidad que se apodera de nosotros cuando nos sentimos desesperados, puede hacernos despiadados… Este libro escapa de todo eso… con una calma sepulcral. Es un libro sordo, pero no mudo… Aparentemente estamos frente a la historia de un chiflado, un perturbado al que hemos dado un sedante y nos ofrece un delirio del pasado y del futuro mezclado con el sueño y la alucinación. Aparentemente estamos frente a un espejismo, una visión, una quimera, un monstruo… no frente a una vida.

Pero por desgracia, la vida, puede ser eso. Es eso.

En definitiva, que hacía mucho tiempo que no leía algo tan real. Me parece imposible narrar la experiencia directa con el más asqueroso de los poderes humanos (causar dolor de forma voluntaria) como lo hace este hombre. Es muy difícil escapar a la razón, a un intento de comprensión y racionalización de todo lo que nos rodea, todo tipo de actos cometidos por los hombres. Uno se pregunta a menudo cómo puede ser capaz de hacer esas cosas (porque las cosas que hacen los hombres, hay que llevarlas a la espalda; las buenas y las malas). Pero Vonnegut ni siquiera se lo pregunta. Por ejemplo, en un libro del que hablé hace poco, “La teoría de las nubes”, se sobrevuelan guerras, matanzas, envidias, actos más o menos crueles… pero se reflexiona sobre ellos, se ofrece una vía de escape: el olvido, la desviación del interés, el encuentro con un supuesto absoluto ordenado y hermoso. Vías de escape. Vonnegut sin embargo, parece jugar con un “loco” para poder escribir algo. Este hombre no escapa de nada; es un hombre tranquilo, sereno, ¿loco?...

Porque bien es cierto que nada puede decirse.

Me comentaba Iván en un post de hace unos días lo siguiente: “Si nadie prestara atención a cosas así y nos preocupáramos de lo que realmente es importante quizás el mundo del arte un buen día podría volver a mostrar obras de arte (de las de verdad, no mierdas petrificadas)”.

Él lo tiene muy claro. Yo no. Ni sé que es lo realmente importante, ni sé lo que es el arte de verdad. Le respondía yo esto: "Por cierto, me pregunto qué es lo realmente importante... La matanza entre matanzas que está sufriendo todo bicho vivo y pobre en sudafrica?... Por poner un ejemplo entre el billón que supongo existen...Y el arte ¿donde queda? Pues en ninguna parte. No tiene ninguna importancia, solamente es una vía de escape como cualquier otra".

Así que al grano. Aquí dejo la noticia en inglés y en español (medios diferentes por supuesto, el inglés más gore).

Así estamos.

New York Times
La Vanguardia

Hoy en el metro ha entrado un hombre muy delgado vestido de azul gastado. Llevaba un niño en sus brazos de unos tres años, vestido también de azul gastado. Lloraba, el niño. Yo me he quitado los cascos porque no sé qué tipo de sentimiento maternal o emoción contraria a la serenidad me provoca el llanto de un crío. El hombre llevaba en sus manos un sobre y buscaba tranquilamente algo en el bolsillo de su chaqueta. Era un sobrecito con azúcar, por si el niño lo quería. No lo quería, y seguía llorando. Los niños, lloran por cualquier cosa… pero la visión del padre y el sobre en sus manos me ha puesto un poco mala. El sobre parecía de la hacienda pública, o algo así… No sé, me recordaba a eso porque había una banda azul, otra amarilla... He podido leer el titular: “Programa de ayudas”.

El niño, finalmente ha dejado de llorar. Ha ligado con una chica que no paraba de sonreírle. Los niños, cuando encuentran una cara que les gusta, no paran de mirarla; entonces puedes empezar a comunicarte con ellos e intercambiar un juego de guiños, sonrisas y caretos. El padre ha acariciado la frente del niño varias veces, besando su cabeza. Y se han ido. Me he quedado tranquila porque al menos, el crío tiene alguien que no ha perdido la paciencia a su lado y que, además, le ha tratado con cariño.

Esto, es una memez. Lo sé. A saber lo que hará ese niño con sus manos cuando sea mayor. Pero no puedo evitar pensar que ningún ser humano debería sufrir humillación, hoy, como la que están sufriendo algunos en Sudáfrica (por ejemplo). Y no me refiero solamente al hecho de que estén siendo mutilados y quemados vivos en las calles por un pueblo embravecido (alimentado por los discursos de algunos que tienen el poder de soltar discursos y ser escuchados por muchos), sino a la humillación que están sufriendo en manos de la policía local o nacional (sobre todo las mujeres, violadas y reducidas a escombro, entre otras cosas).

Así estamos.

No hay comentarios: