8/5/08

Pues eso...

Pues hala, ya que estamos enfrascados en la ciencia ficción y las partículas (quiero decir que estoy yo enfrascada en todo ello) voy a dejar aquí un pensamiento (o una especie de basura que no es energía ni materia) . En realidad pensaba yo pensar de otra manera y dejar un comentario extenso (o no) sobre un libro que me estoy terminando… me quedan unas cuantas hojas… Pero no he podido terminarlo. No. Así que no dejaré mi comentario sobre el dichoso librito hoy aquí. No he podido terminarlo porque me están incordiando con risas varias.

- Si, Vera. La gente se ríe.
- Pues vaya ganas. Digo yo.
- Mira este vídeo. Mira este otro… risas, risas, y más risas… nerviosas, compulsivas… distensión.

Pero vuelvo al mismo sitio. Esto de la risa tiene su intríngulis (como diría mi madre). No es nada fácil.

Yo me río poco, para qué negarlo… Hoy mismo, al salir de la oficina, me he encontrado a un amigo bien querido, le he saludado y he continuado mi camino. He recordado -gracias a este encuentro- mis momentos en el taller de dibujo y pintura. Momentos que puestos así, uno tras otro, forman años… 6 años, 7 quizás.

He pensado en mi “maestra” durante todos esos años. ¿Seguirá en Zaragoza?... Llega un momento en el que se pierde, o se cree perder, definitivamente el contacto. Y debo decir que no tengo ningún reparo en recuperarlo. Siempre que existan posibilidades (que me apetezca) intento localizar a la persona y volverla a ver, hablar con ella en la distancia si no es posible verla, hablar con ella en cualquier circunstancia. Solamente para saber qué tal está. Siempre y cuando me haya importado, me haya “modelado”.

¿Por qué? Porque para bien o para mal, esta persona ha marcado unos cuantos años de mi vida. Marcado a fuego lento… Aunque a veces te cagues en las dichosas marcas que ha dejado involuntariamente en tu piel. Ella no era consciente, yo tampoco, pero ahí quedaron las marcas; de su mano, de la mía, o de la de algún demiurgo extraño.

Me he preguntado, segundos después de despedir a mi amigo, cómo estaría ella: ¿muerta?, ¿viva?... e inmediatamente he pensado: “al final volveremos a estar juntas en el mismo sitio”.

Y lo jodido del tema es que “ese sitio” es un puñetero mar de polvo. Polvo de estrellas. Así estamos…

Aunque parezca una idiotez, debo reflexionar sobre esto… Creo que por primera vez me he enfrentado a la perdida definitiva de alguien importante (para bien o para mal) sin sentir una desesperación profunda y nerviosa, un deseo de reencuentro. Un adiós definitivo a una parte de “mi” historia. De mí misma. Porque no es ella, sino yo.

Curiosa sensación…

Quizás tanta obsesión absurda por comprender el vacío que me rodea, la soledad en la que me encuentro, de qué coño estoy hecha, de qué está hecho lo demás, mi función real, el por qué de mis deseos…, tanto tedio…, está empezando a dar un fruto. Estoy formando mi propia tumba. Creo que solo intento componer un lugar acogedor en el cual desaparecer tranquilamente. Lucho a puñetazo limpio contra el miedo que me corroe.

He empezado demasiado pronto. Lo sé. Pero así es la vida. O así es mi vida. He disfrutado de unos años de propulsión, como un cohete. Llevo otros cuantos perdiendo combustible y apañándome el lecho en el que voy a caer.

Volviendo a la risa… dejo aquí los vídeos que han provocado -entre unas cosas y otras- mi risa, que no pueda terminar el libro que me estoy leyendo y, consecuentemente, impedido que pueda escribir sobre él.

O quizás si tenga algo que ver este texto con él.



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