1/6/08

Arte sin manual de instrucciones.


Flower Clouds (Odilon Redon 1903)

Iván termina su comentario al último post diciendo: “En fin, que ya basta de artistas con manual de instrucciones”.

Me permito lanzar una pregunta. Si uno quiere conocer un lugar, hablar sobre él -imaginemos un historiador o cualquier otro turista-: ¿debe haber vivido en ese lugar, haber formado parte de su comunidad, su estructura social? O mejor ¿debe mantenerse al margen de esa sociedad, pertenecer a otra y mirar desde fuera? Aunque estas preguntas parezcan una estupidez, no creo que lo sean para todos aquellos que han estudiado las culturas de otros pueblos y sus manifestaciones artísticas, antropólogos, sociólogos, etc… No creo que lo sean para mucha gente.

Si ni siquiera nos comprendemos a nosotros mismos, mucho menos vamos a comprender algo totalmente ajeno. En cualquier caso, se viva o no se viva dentro o próximo a una cosa… lo primero que uno debe hacer es amarlo, desear esa proximidad. O al menos, tener la intención.

Cuando uno contempla el arte del siglo XX adivina rápidamente que sin “manual de instrucciones” no puede aproximarse a la identidad de una obra. Toda obra de arte forma parte de un momento, y lo que ocurría en ese momento la determina, por lo tanto es difícil que podamos disfrutar plenamente de ella sin conocer su génesis. Y esto ocurre respecto al arte del SXX, XVI o al de ayer mismo.

Pondré un ejemplo estúpido: muchas veces decimos que una persona es así y no de otra forma porque en su pasado ha vivido tal o cual cosa. Y la aceptamos como es. Nada se comprende plenamente sin su momento histórico (el espacio donde surgió, cómo surgió y para qué). Entender una obra o cualquier otra cosa hoy en día se hace mucho más complicado con la publicidad, la comunicación y el mercadeo por medio. Hoy, que absolutamente todo necesita un “claim” o un “slogan” que lo “venda”, resulta harto complicado mirar de una forma más o menos inocente las obras de arte. ¿Y a las personas y resto de las cosas?

Además; una mirada inocente es una ilusión (el que tenga niños podrá saber a lo que me refiero)… Ningún adulto es capaz de mirar nada con inocencia, aunque lo intente…; por mucho que algunos autores hayan reclamado esa mirada para el arte y otras cosas. Un niño sí. Hasta los 7 u 8 años puede hacerlo.

Así que, si descartamos la mirada inocente, solamente nos queda esa idea de que el “Arte” debe contener algún elemento (característica) fundamental que lo defina como tal, que nos haga “ver o sentir” que es arte, sin comentarios ni instrucciones. Y entonces terminamos donde empezamos; en Platón y quizás en Dios mismo hecho teorema, fórmula, equilibrio, simetría o proporción.

Esto no existe. Salvo que uno crea en ese Dios y en su orden divino. Sobran las explicaciones. Sé que tengo razón. Y por supuesto, vamos a obviar eso de que "está bien hecho"...

Aceptado esto último, solamente diré que existe el amor al arte. Y quien ama el arte lo intenta descubrir, habla sobre lo bueno y lo malo que tiene, lo estudia, se acerca a su historia, ama al artista y cada uno de los detalles de su vida que pudo provocar tal o cual pincelada... Juega a ser artista; imita; busca afinidades: pinta, fotografía, esculpe o simplemente admira la belleza donde cree que está con tanta intensidad que desea representarla. El amor al arte no es más que un profundo deseo de profundizar en las imágenes que representan cosas, estados de ánimo, lo que sea… Y siempre, fuera del tiempo. Porque para amar un objeto hay que sacarlo fuera del tiempo.

Evidentemente, me contradigo. Porque si afirmo “fuera del tiempo” no puedo haber dicho antes que no es posible disfrutar de una obra sin haber conocido su génesis… su momento histórico…

Si. Lo sé. Es amor y así es. No puede surgir si no es fuera del tiempo, del instante y la materia… el amor flota, como las nubes.

Aquí os dejo algunas de mis imágenes que no necesitan manual. Para mí. Todas ellas me sorprendieron en directo, allí donde se encuentran ocultas al sol. Aquí, pegadas en este blog, no son nada.

Y sabéis, por supuesto, que estoy mintiendo... aunque no demasiado (sobre todo en el caso de O. Redon y Turner donde ni mis gustos, ni la historia, ni ninguna otra cosa medró entre mis ojos y lo que se encontraba ante ellos). Por orden: Odilon Redon (3), Turner (2), Seurat (1) y Leonardo da Vinci (1). De Seurat solamente un carbón porque hay que verlo en directo... Poner aquí una imagen de Bathers at Asnières sería un crimen.








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