4/7/08

Esto no es pintura abstracta. Cy Twombly en el Museo del Prado (hasta el 28 de septiembre).


No se de que manera descubrí hace un par de días una noticia sobre la exposición “Lepanto” de Cy Twombly en el Museo del Prado. Pintura de la segunda mitad del siglo XX en ¡El Prado! y además abstracta abstractísima y rara rarísima (porque, confesemos, la pintura de Twombly es de esas que uno mira y piensa ¿me están tomando el pelo?).

Dicho y hecho. Ayer me escapé como una reina al Museo del Prado, a eso de las cuatro de la tarde. No cola, no gente …

Me dirijo libremente hacia el puesto donde se encuentra una amable dispensadora de entradas varias (o taquillera, o lo que sea):

- Hola, quería ver la exposición de Twombly.
- Son 6 eurazos.
- Vale, ¿y que puedo ver con esto?
- La exposición de Twombly.
- ¿Ein?
- Bueno venga, y la colección permanente.
- ¿Pero la permanente de toda la vida, o las obras que se encuentran en la ampliación?
- En la zona nueva está la exposición de Twombly –que usted puede ver con esta entrada- y la de “El retrato del Renacimiento” – que usted no puede ver con esta entrada-. La permanente está donde siempre.
- Vale ¿pero no hay más cuadros que los de siempre?, me conozco el museo de memorieta…
- Nops. Puede usted visitar el “claustro” si quiere.
- Pues Fale.

Así que muy dispuesta partí a la “zona nueva” sin poderme creer todavía que había pagado 6 eurazos por ver los 6 o 7 cuadros de Twombly (un euro por cuadro). Y ya sé que también podía ver la permanente, pero yo no quería ver la permanente sino la expo de Twombly, y no me sentía a gusto con la oferta 2 x 1. Por esta razón, volví a preguntar en información:

- Hola. ¿Puede verse parte de la colección permanente en la zona nueva?
- No. En esta zona solamente hay dos exposiciones y con su ticket solamente puede ver una y la permanente de toda la vida.
- Pues cuando inauguraron esta nueva zona había cuadros desempolvados, sacados del sótano, a la luz...
- Si, pero han vuelto a guardarlos.
- Ya.
- Puede usted visitar el claustro si quiere.
- Ya.

La verdad es que no me acordé de preguntar antes de irme lo que costaba ver a Twombly, la exposición del retrato renacentista, la permanente... Prefiero no imaginarlo. O quizás es más barato. A saber.

Como podréis imaginar, quiero decir y digo que la exposición de Twombly me ha gustado bastante, me he visto cada cuadro cuatro veces (a un euro por cuadro me dejo los ojos pegados) y cinco el retrato del Bufón Don Juan de Austria de Diego Velázquez.


Esto me hace pensar en una cosa... Lo de pagar por mirar está muy bien, porque así uno se esfuerza, qué leches. Si fuera de gratis no sería lo mismo. Es como si te gastas 120 € en la nueva fragancia de Chuannel y no te gusta... ¡menudo drama!, tendrá que gustarte por narices... y nunca mejor dicho.

Así que...:

- Me encuentro con los cuadros. Los miro. Veo los barcos, la sangre, el destrozo, las sombras negras siniestras que aparecen bajo las manchas de color, el fuego, las lágrimas, la pintura corrida, los chorretones de pálido azul, el impacto de la masa acrílica, las huellas de dedos…
- Doy otra vuelta.
- Me centro en el retrato del Bufón Don Juan de Austria.
- Me fijo en ese fondo, lejano, histórico, una batalla en la distancia…
- Vuelvo a mirar los cuadros de Twombly…
- Y doy otra vuelta, y doy otra vuelta.


Y lo más divertido vino después, en una sala que había a continuación con tres cuadros. Era otra exposición, ¡y gratis!, y con folleto y todo... Jacques Callot y Pieter Snayers “Escenas de batallas”.


La verdad es que me quedé bastante tiesa con Callot y su espectacular grabado en aguafuerte “El sitio de Breda”… Justo ahora que ando leyendo “La mano izquierda de la oscuridad” (Ursula K. Le Guin) gracias a la recomendación de Youtube, pensaba en los poderosos y en los que sueñan con serlo, en su actitud frente a la vida y frente al pintor que los retrata para transformarlos en historia, su honorabilidad ficticia, el orgullo y la arrogancia, y en muchas cosas más que no había “digerido” a la perfección tras la lectura de los primeros capítulos de la novela y que gracias a estas “visiones” del reflejo pictórico de las continuas guerras que ha sufrido occidente, he podido metabolizar al completo. El grabado de Callot es impresionante: hay un colgado que se observa en un tercer o cuarto plano (colgado por las muñecas y a la espalda… secuencia previa a la rotura de hombros supongo), hay familias sufriendo, perros devorando a otros perros muertos… histeria, llanto, mugre y muerte salvaje… Mientras, en el primer plano, podemos observar la calma, el orgullo y la armonía de los poderosos: Callot aparece autorretratado a la izquierda del grabado junto al ingeniero Cantagallina, responsable del sitio, en la parte central el generalísimo de los ejércitos españoles de Flandes, a la derecha el cortejo de Isabel Clara Eugenia… Os dejo un detallito de lo que ocurre "en el interior".


Vuelvo a la sala de Twombly y admiro el gesto, sus huellas y las naves ardiendo, recibiendo impactos... Vuelvo a mirar el fondo del cuadro de Velázquez (Twombly parece haberse inspirado en este trocito para hacer su serie sangrienta).


Saco una conclusión. La pintura de Twombly NO es abstracta. Me resulta mucho más abstracta, lejana, simplificada, incierta, la “imagen” histórica de la guerra. Ese cuento de héroes y villanos, de hombres nobles y valientes, de poderosos y miserables. Y, como siempre, llega el bucle: esa historia lejana que reflejan de forma imperfecta (trucada, manipulada) los cuadros de Snayers y el grabado de Callot quizás es más real o al menos tanto como el “impacto” que me produce la pintura de Twombly.


Formado en la más pura vanguardia norteamericana, admirador entre otros de De Kooning, posee un lenguaje apto para los que exponemos al sol nuestras vísceras. Pura úlcera. Pero esto no es más que un sueño, un deseo, una necesidad, un expresionismo excesivo para mentes atormentadas por los recuerdos, la confusión de referencias, el olvido, y ese dolor permanente que siempre está deseando salir del cuerpo para posarse ante nosotros.

Tan falso lo uno como lo otro –me digo a mí misma-.

Y el culmen; el claustro enclaustrado. Anonadamiento total frente a las magníficas esculturas muertas en mármol, bronce y alabastro de Carlos V, la Emperatriz Isabel, Felipe II… Recordé de pronto las armaduras de Enrique VIII de la torre de Londres.


Cómo no, y después de haber pagado 6 eurazos, me dirijo al museo de siempre para liberarme de tanta bilis negra. A la primera sala, a Durero, Bosco, Van der Weyden… a esa abstracción que me gusta más que la que acabo de ver, a la pura representación formal… al Descendimiento, al impresionante, maravilloso y cien mil veces bello retrato de Adán… y de Eva…

¿Sabéis que yo tuve un profesor en Bellas Artes (muy gracioso) que dedicaba el curso a “enseñarnos” a base de copiar a los grandes maestros?... pero ¡ojo!... modernamente hablando. Si. Tuve que copiarme a tamaño real el Adán de Durero y su Eva. Y como soy chica, el toque moderno fue poner mi cara en lugar de la de Eva. Tal aberración era obligada y propuesta por el profesor. Decidí hacer el dibujo a pastel. Tardé un par de días. A saco y corriendo. Quedó casi perfecto… porque (no es por nada), dibujo de puta madre. Y digo casi porque no me dedico a copiar simplemente. Rompo las líneas (o las rompía) donde me da (o me daba) la gana…

Terminé admirando a Rafael, y me fui.

Pero os contaré una cosa antes de irme. Subía camino de la Puerta del Sol y pasé delante del Hotel Palace. He pasado quinientos millones de veces, pero nunca noté tanto… petardeo adinerado. Continué caminando… asustándome cada vez más… solamente veía hombres trajeados con gafas de sol, cochazos en doble fila, policías… Llego al Congreso de los Diputados y me encuentro a Trillo (creo). Flipaba con el espectáculo. Más y más hombres con gafas en actitud de “Cuerpo Danone”. Pregunté a un policía y me dijo que había pleno. Mmmm… todos los diputados estaban por salir… Me olvidé rápidamente de esto porque volví a flipar con un tipo negro de más de metro ochenta de alto, vestido con gorra de general y traje largo de una pieza, blanco abotonado... el portero del Grandísimo Hotel Urban de Madrid…

Me alejé de allí, en dirección a la Puerta del Sol. Al calor de otra gente entre la que me encuentro un poco mejor. Quizás… He estado en lugares encorsetados. Pero nunca sentí tanto impacto junto y tan de golpe.

El mogollón de guiris, los horrendos cuadros hechos en el acto que venden junto al museo, los souvenirs horteras (terriblemente horteras), el VIPS, el Palace, el Congreso, la Policía, los Ministros, los “hombres Danone con gafas de sol”, los supermegabienvestidos que pululaban por el Urban…

Aquí dejo una secuencia de una de mis películas favoritas… Creo que la película más grande que he visto nunca (junto a “Y el mundo marcha” de Vidor)… Se trata de “El último” (Der letzte Mann) de Murnau. Os dejo aquí el inicio, que es lo que viene a cuento… por fortuna lo encontré algo digno en Youtube. Milagroso.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Dispuestos a todo para que el Prado les abra sus puertas:

http://es.youtube.com/watch?v=mrD-fX-xBP4

Menuda envidia, me están entrando ganas de releer a Ursula.

Youtube

vera dijo...

Pues vuelvo a insistirte, escríbete una crítica del librito de Ursula y comparamos... ;-)

Alp dijo...

Jo, con el "cuento". Te estás volviendo ácida...