13/8/08

La mano izquierda de la oscuridad. Ursula K. Le Guin (1969)


Voy a soltar cuatro cosillas -a trompicones- sobre la última novela que he terminado. Tropezando por varias razones (como siempre). Porque escribir (o mejor dicho, ordenar ideas) estando de vacaciones me resulta muy complicado (también cuando no lo estoy, pero eso es otra cuestión), porque me ha costado mucho leer la primera mitad de libro (antes de mis vacaciones) y muy poco la segunda (durante mis vacaciones), porque este es un libro de ciencia ficción “a medias” y porque el libro lo ha escrito una mujer…

Empezaré por el final. Ursula K. Le Guin es una mujer y las mujeres escriben… raro. Bueno no. Las mujeres no escriben raro; deberían escribir raro. De hecho, debería afirmar ahora mismo -¡cómo se nota que este libro está escrito por una mujer!, pero no puedo decirlo porque si atiendo a algunos de los escasos libros escritos por mujeres que he leído… digamos que el estilo de Ursula no encaja mucho con el de Almudena Grandes o Lucía Etxebarría, por ejemplo… Ya. Vale. Aclaro. He leído “completo” un libro de Almudena, Atlas de geografía humana, porque me empeñé en ello, ya que no puedo hablar mal de algunas escritoras sin ni siquiera haber leído nada de ellas. También empecé a leer Malena es un nombre de tango cuando me lo regalaron (¿) hace años, llegando a la página 20 (+/-) y abandonándolo de puro tedio. De Lucía me he obligado a leer y completar Un milagro en equilibrio, tras el intento fallido con Beatriz y los cuerpos celestes (un par de hojas sirvieron). Todo ese esfuerzo para poder afirmar que estas mujeres escriben sobre cosas que me interesan bastante poco o nada; que escriben bien pero mal, o sea, que su lenguaje es manido pero chulo y superespecial y superactual; que, obviamente, sus historias son “las que le ocurren a cualquiera”, una clara exposición de la frustración sexual e intelectual de las féminas, la superhiperactividad a la están sometidas, su eterno pesar “nadie me comprende”, su eterno pesar “soy superguapa, soy superfea, soy superinteligente, soy supersuper”; que la pobre identidad que reflejan sus personajes principales (femeninos todos) surge a partir de un “rebote” sobre el polo masculino, y digo rebote y polo porque no existe ni por asomo una ligera sombra de profundidad en las relaciones mujer/hombre porque ni las mujeres son mujeres, ni los hombres son hombres (no son todos ellos más que estereotipos de medio pelo), y las relaciones son únicamente “roces”, vistazos baratos. Finalmente, todo ese esfuerzo para poder afirmar que no me gustan las escritoras de moda porque solamente saben escribir sobre moda. Falacias. Humo… Y para humo, el que fabrican los publicitarios, que ya es bastante y mucho más honesto. Y he dicho “algunos de los escasos” porque también he leído otros más sugerentes firmados por féminas como Simone de Beauvoir (no me refiero a lo más “feminista” como El tercer sexo sino a profundas verdades mucho más jugosas como La mujer rota) o Mèrce Rodoreda… Aunque, en definitiva, no me gustan los libros escritos por casi todas las mujeres porque considero que son falsas y que si dijeran la verdad y se abriesen en canal, mucha gente fliparía en colorines. Pero tendré que seguir investigando.

Ursula es mujer, pero no es superguay y no habla de cosas de mujeres. Simplemente, se expresa como toda mujer (o al menos, las que van de interesantes) debería saber expresarse. Porque puede y tiene ese derecho. Y que es una mujer se nota, sobre todo y con una discreción envidiable, en la segunda mitad de este precioso libro; aquella en la que comienza el intenso viaje de Genly Ai y Derem Har rem ir Estraven a través del hielo y del frío más duro que ofrece el planeta Invierno (también llamado Gueden).

Y aquí voy con el segundo por qué. Me costó mucho leer la primera mitad de este libro porque no le presté la atención debida. Para empezar, había leído anteriormente 2001..., que es un libro al que muchos puristas calificarían como ciencia ficción de identidad pura (con temas sacados de ciencias duras como las mates, física o biología) y, aunque yo no lo calificaría de ninguna manera, es cierto que me gustó mucho porque creo que ofrece una visión imaginaria pero práctica del universo tal y como lo entienden muchos físicos teóricos contemporáneos. Además, profundiza en ciertos aspectos filosóficos de una forma más teórica de lo que parece. Vamos, que si el libro roza de cerca lo que la ciencia dice y profundiza discretamente y con cierta lógica en nuestra psicología, futuro y por qué de nuestra existencia, me gusta. Otros ejemplos: En los muros de Erix de Lovecraft o Solaris de Stanislaw Lem. Sin embargo, confieso que soy bastante reacia a los libros que otros muchos puristas consideran la verdadera ciencia ficción, quizás más blandos y apoyados levemente en otras “ciencias” como la psicología, sociología, antropología…, que cuentan historias demasiado lejanas a la realidad y pobladas de seres extraños, héroes o antihéroes cuyas vidas no me interesan demasiado, utopías o antiutopías con trasfondos éticos, conflictos sociales, humanitarios, existenciales o lo que sea… demasiado obvios. Todo esto no me interesa, como digo, en apariencia, ya que no había leído nada de este estilo, tan sólo algún cómic. Por esta razón decidí leer el libro de Ursula, ya que las referencias decían que era ciencia ficción de esta última clase (la dura para mí) pero también de la mejor.

Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Cuando llevaba 20 páginas plagadas de nombres del tipo Derem Har rem ir Estraven, referencias al kemmer y a los kemmerantes, países como Karhide u Orgoreyn, lenguajes como el karhidi, estados o federaciones galácticas como el Ekúmen, calendarios indescifrables… y encima sin prestar la atención debida, ocurrió que aguanté como pude. Hasta que llegó el momento, después de tanto esfuerzo, de decir… ¡ojo, aquí pasa algo!, volver un capítulo atrás, partir de vacaciones, dedicar dos horas seguidas al librito y… comenzar a disfrutar como una enana.

Pero al margen de todo esto -y voy con el tercer por qué-, la primera mitad del libro y la segunda tienen bastante poco que ver. Es algo así como un encuentro con el “otro” y el desenlace… lento y doloroso, pero profundo e inolvidable.

No voy a decir nada más. O si.

Solamente dar las gracias, de nuevo, a Youtube por la recomendación (y a los otros que también me habéis hablado muy bien de él). Afirmar que me ha gustado mucho la novela y he disfrutado con bastante intensidad de ella (gracias también al imprescindible clima que me ha ofrecido la sierra de Ávila en mis sobremesas bajo la acacia durante la última semana de Julio). Y finalmente volver a anotar que me parece muy curioso que todas las referencias que he encontrado sobre la novela (y alguna que me ha regalado algún colega) insisten en un mismo aspecto de este libro. Y aunque bien es cierto que la cuestión de la identidad de los géneros y su posible efecto en la sociedad que plantea Ursula es muy interesante, hay que tener bien claro que solamente la plantea y se pregunta muy por encima sobre ella, profundizando, a mi juicio, en otras muchas cuestiones referentes al respeto, al tiempo y al desarrollo de la amistad y el amor entre dos individuos. Si nos preocupa tanto profundizar en lo que queda de nosotros si eliminamos una variable fundamental, tenemos que tener en cuenta que esa variable fundamental solamente falta en Gueden, no en la tierra de la que viene Genly Ai. La misma que la nuestra. Y esta historia es la de dos: la de Genly y la de Estraven, con todo lo extraños que resultan el uno para el otro.

4 comentarios:

hombrecohete dijo...

Ay, ay, ay, pensaba regalarle a F. por su cumpleaños la trilogía de la Le Guin. Qué sincronía, la hostia.
No me extraña que se rebote con el género femenino si anda leyendo a Etxbarría, yo nunca fuí capaz. Le recomiendo a una exorcista genial de menstrualidades: Angela Carter. ¿Se acuerda de la peli "En compañía de lobos"? pues está basada en sus cuentos. Y siempre nos quedará Patricia Highsmith, Dorothy Parker, etc, y toda la cohorte de damas victorianas.

Son pocas, pero haberlas haylas y seguro descubriremos a muchas más.

Beso grande.

vera dijo...

¡Venga!, más referencias… y ahora resulta que es una trilogía. Pues hala, tan pronto me termine las chorrocientas páginas de La dama de blanco del gran Wilkie Collins, lo mismo me compro el pack completito. No se preocupe usted por F., se los vamos prestando... Creo que va a disfrutar, al menos con el que yo me he leído.

Apunto, por supuesto, sus referencias. Y sobre todo, su excelente calificativo “exorcista genial de menstrualidades” :-)

Besos.

G. dijo...

Para entender bien a esta autora conviene conocer la obra de Tomás Moro.
Es, sencillamente, una obra maestra de la literatura.
Señorita Vera ¿Qué le pareció esa descripción de un ser más bien horroroso (al final del libro) que resulta ser una mujer humana?

Vera dijo...

Supongo que te refieres a Utopía. No la he leído... pero he pensado en ella hace unos años.

Respecto al final... recuerdo las impresiones de Genly cuando observa a sus antiguos compañeros... sus voces raras o muy agudas o muy bajas... y los llama "tropa de animales desconocidos"... Pero no recuerdo ninguna descripción de mujer en particular.

Aunque mi memoria es muy mala, y selectiva.

Un abrazo