19/10/08

Entre el impresionismo y las vanguardias...



Absinthe 1876. Óleo sobre lienzo

La exposición de Edgar Degas titulada “El proceso de la creación” ha sido anunciada a bombo y platillo ante la inauguración de la nueva sede de la fundación Mapfre en el madrileño Pº de Recoletos, pero la más interesante (con diferencia) se encuentra en el mismo edificio una planta más arriba y se llama “Entre dos siglos. España 1900”. Además, conviene darse una vuelta por ésta y luego irse a la BBVA para ver los tesoros del Museo de Montserrat y atiborrarse de la maravillosa y portentosa pintura catalana de los siglos XIX y XX. Entre dos siglos muestra obras de una categoría insospechada de Santiago Rusiñol y Ramón Casas, también de Ignacio Zuloaga (éste guipuzcoano, no catalán). Cada vez que me encuentro frente a los cuadros de estos señores me pregunto por qué tanto Picasso y Dalí, por qué tanta vanguardia de los co**nes… En fin, sigo preguntándomelo (o no). Sin quitar el mérito a Piccaso, por supuesto.

Volviendo a la exposición de Degas, tengo que volver a decir (y me repito como la morcilla de Burgos) que me ha dejado bastante fría, ya que el proceso creativo de un artista es algo que toda persona que se haya dedicado a esto de dibujar y pintar conoce demasiado bien, así que, en esencia, la exposición no es más que una colección de bocetos y trabajos de deshecho (con alguna excepción). Si, de deshecho. Esto lo diría el propio artista, no la fundación Mapfre, of course.

Edgar Degas es uno de los dibujantes más apasionados que ha dado el mundo del arte (tanto como Picasso, Egon Schielle, Ingres…). Eran tíos que dibujaban sin parar, comiéndose el mundo a trazos, cada uno para lo suyo. Lo de Degas es el instante, el movimiento, su atomización. Por eso sus pasteles (no los de harina y manteca, sino los de pigmento en polvo, mezclado con goma o resina para aglutinarlo) son espectaculares. El pastel es una técnica difícil; hay que trabajar por capas y con mucho cuidado para mantener los colores que nos llevan al fondo y destacar aquellos que nos llevan las cosas a un primer plano. Hay que tratar a la tiza con energía, con mala leche, con ganas. Si a algún alma cándida se le ocurre “difuminar” sin sentido, está perdido; trazo a trazo se compone el dibujo, transformándose en una infinidad de líneas cruzadas, un microcosmos casi infinito de luz, color, oscuridad… Los pasteles de Degas son los mejores que yo haya visto y, por desgracia, no en esta exposición. Edgar Degas, como ya he dicho, dibujaba como un demonio; algo que tampoco podemos comprobar en esta exposición.

Bailarina basculando (detalle), 1877-1879. Pastel y gouache sobre papel

Pero no tiremos todo por tierra, la colección muestra su obsesión por captar un instante de movimiento. Aunque no lo crea nadie, conseguir que una figura no se te caiga es bastante complicado. Sus bailarinas, aunque estén levitando, no se caen nunca. Ni sus caballos, ni sus bañistas… Además, está este cuadro (que no nos entusiasmemos, mide más o menos 50 cm de ancho).


En la exposición podemos contemplar un montón de esculturas de caballos, bailarinas y bañistas que muestran este camino hacia… ninguna parte. Porque insisto, las obras grandes no están presentes. Hay un par de piezas muy interesantes. Y poco más.

Por cierto, lo de ninguna parte a mí me parece muy bien. De hecho, es lo que todo artista debe hacer, cabalgar hacia ninguna parte… Pero en una exposición llamada “El proceso de la creación”… me falta material; lo siento, yo soy así de pijotera.

Ramón Casas. Desnudo

Pero en la planta de arriba llega el apoteosis con Casas, Mir, Rusiñol, Meifrén, Nonell, Romero de Torres, Sorolla… Y en este caso si que podemos observar burradas, zafiros de veinte kilos, diamantes del tamaño del Teide… Si. Hay dos cuadros de Zuloaga brutales. Uno de ellos, Monje en éxtasis, no lo había visto nunca. No tiene nada de particular, pero su rostro, al igual que el que se refleja en la esfera que agarra la enana Doña Mercedes, es un poema de lo que vino después (en particular, la obra de Francis Bacon)… Y hay todavía quien dice por ahí que no todo está inventado… ¡Ay Zuloaga, Ay!.


No diré más sobre estos pintores porque lo mejor es ver su obra. Ni siquiera las fotos son buena referencia. Hay un pequeño cuadro de Casas, un retrato de Madeleine de Boisguillaume (previo a El Ajenjo), que me ha dejado tiritando, quizás solo sea por la belleza de la dama. Algo muy, muy difícil de mostrar en un cuadro. Es más, creo que ella, quizás no fuera tan bella; quiero decir sus ojos… no estuvieran tan lejos, calmados, intensos y ansiosos al mismo tiempo. Casas dotaba a las hembras de una simbología especial… Y es que todo este modernismo catalán está muy próximo al simbolismo… al sueño… a los mitos de la tierra. Nada de alucinaciones.



Santiago Rusiñol. Morfina

Santiago Rusiñol. Interior con figura femenina

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