18/1/09

Luces y sombras. De vuelta a la caverna.


Este libro va a afectarme más de lo debido. Cómo no, me refiero a la eterna Montaña Mágica de Thomas Mann. Durante mucho tiempo he ignorado la filosofía escolástica en particular y otras en general por considerarlas “sirvientas de la teología”. Y aunque parezca una actitud un tanto bruta, muchos filósofos han pensado así también. Ninguna filosofía en la que entre en juego la fe, me ha servido nunca por la sencilla razón de que siempre usa las mismas pistas y el juego siempre termina igual.

Este problemilla, que yo he zanjado a lo bruto, se puede resumir con este dilema: ¿Creer o saber? Cuando se tiene en cuenta a Dios, la cosa no está tan clara, sobre todo si uno se dedica a eso de la filosofía. Algunos consideraban que la filosofía se bastaba a sí misma, como por ejemplo Santo Tomás, para quien lo sabido no era lo creído; sin embargo otros (San Agustín, por ejemplo) consideraban la religión como una forma de sabiduría que sustituía a la antigua, por tanto, sostenían que las verdades sobrenaturales son objeto de un conocimiento distinto del sensible.

En cualquiera de los casos… aquí dejo un párrafo resumen de un par de hojas de debate en la novela de Mann entre el humanista Settembrini, defensor del progreso y la razón, y un nuevo personaje, Naphta (un hombre tan feo, apunta el narrador, que casi dolía mirarle).

Páginas 574-576...

Habla Naphta y replica Settembrini. Sus pensamientos son absolutamente divergentes:

“… Y, en cuanto a la pérdida de la dignidad humana, su historia coincide exactamente con la del espíritu burgués. Todo lo que enseñaron el Renacimiento y la Ilustración, así como las ciencias naturales y las doctrinas económicas del siglo XIX, pero absolutamente todo, ha contribuido de alguna manera a esta pérdida, comenzando por la nueva astronomía, que hace de lo que fuera el centro del universo (del ilustre escenario en el que Dios y Satanás se disputaron el ansiado poder sobre las criaturas) un planeta cualquiera, pequeño e insignificante, y que con ello pone fin, provisionalmente , a la grandiosa visión del hombre como centro del universo; visión en la cual, por otra parte, se basaba la astrología.

- ¿Provisionalmente? (pregunta Settembrini)

… Sin duda alguna… Ptolomeo habrá de triunfar sobre Copérnico. La tesis heliocentrista encuentra cada vez más resistencia del espíritu y es muy posible que sus efectos terminen conduciendo a esta meta. La filosofía obligará a la ciencia a devolver a la Tierra el lugar de honor en el que la colocaba el dogma religioso…

- ¿Cómo? ¿Qué dice? ¿Resistencia del espíritu?...¿Que clase de voluntarismo se expresa en sus palabras? ¿Dónde queda la investigación sin prejuicios? ¿Y el conocimiento puro?...

… Querido amigo, el conocimiento puro no existe. La legitimidad de la teoría del conocimiento de la iglesia, que puede resumirse con las palabras de San Agustín “Creo par poder conocer”, es absolutamente indiscutible… Su ciencia sin prejuicios es un mito. Siempre hay una fe, una concepción del mundo, una idea; en resumen: siempre hay una voluntad, y lo que tiene que hacer la razón es interpretarla y demostrarla… Los grandes escolásticos de los siglos doce y trece estaban de acuerdo en su convicción de que, en filosofía, nada puede ser verdadero si es falso ante la teología… Los argumentos del Santo Oficio contra Galileo se reducían a que sus principios eran filosóficamente absurdos…

- ¡Eh, eh, un momento!, los argumentos de nuestro pobre gran Galileo han demostrado ser más que convincentes. ¡No; hablemos seriamente, professore!... ¿Cree en una verdad objetiva, en la verdad científica que la ley más alta de toda moral nos impone buscar y otros triunfos sobre la autoridad constituyen la gloriosa historia del espíritu humano?

… Tal triunfo no es posible, pues la autoridad es el hombre mismo: su interés, su dignidad, su felicidad,… y entre esta autoridad y la verdad no puede haber conflicto. Se solapan.

- Según eso, la verdad será…

… Es verdadero lo que es beneficioso para el hombre. En el hombre está comprendida la naturaleza entera, sólo él fue creado auténticamente en toda la naturaleza, y toda la naturaleza fue creada sólo para él. El hombre es la medida de todas las cosas y su felicidad es el criterio de la verdad. Un conocimiento teórico que carece de referencia práctica a la idea de felicidad del hombre estaría tan sumamente desprovisto de interés que no se le podría conceder el valor de ser verdadero y tendría que ser rechazado… Si la filosofía platónica se ha preferido a cualquier otra es porque no tenía por objeto el conocimiento de la naturaleza, sino el conocimiento de Dios. Puedo asegurarle de que la humanidad va en camino de volver a ese punto de vista y darse cuenta de que la misión de la verdadera ciencia no es perseguir descubrimientos inútiles, sino eliminar de base lo que resulta perjudicial o sencillamente insignificante para la idea, en una palabra: dar pruebas de instinto, mesura y buen criterio. Es pueril creer que la iglesia ha querido defender las tinieblas frente a la luz. La iglesia ha hecho muy bien en condenar un afán de conocimiento de las cosas “sin prejuicios”, es decir: un conocimiento que prescinde de las referencias a lo espiritual y del objetivo de alcanzar la felicidad; y lo que ha sumido y sume al hombre en las tinieblas es, por el contrario, esa ciencia natural “sin prejuicios” y apartada de la filosofía.



A lo bruto Naphta dejando en paños menores a una ciencia que prometía luz, no oscuridad. De repente, la luz y la oscuridad han dado un giro copernicano y se han plantado del revés…

He vuelto al capítulo VII de La República de Platón… al mito de la caverna que he ignorado siempre por parecerme pueril… y que hoy, gracias a La Montaña Mágica, ha vuelto de la tumba para tocarme la pituitaria, aunque siga siendo pueril. ¿Y por qué es pueril?: me sirve la imagen que he colocado arriba para anotar que Platón pensaba que la ciencia y la razón, la inteligencia, eran el camino hacia la luz... Pero Naphta me dice que no... Y no lo hace de forma pueril... porque saca el tema de la felicidad y en esto tiene razón. Y desgraciadamente, la luz que, por supuesto, nos dan la ciencia y la razón... es cierto que parecen terminar en la más absoluta oscuridad y vacío. En profunda tristeza y soledad. Touché, Naphta. Touché Mann.

Me estoy desangrando.

13 comentarios:

Alp dijo...

Las personas nos seguimos debatiendo en el pasillo definido por esa conversación, pero ello no debería obsesionarnos y menos aún debilitar los cimientos del conocimiento científico (contrastable); todos "pensamos" desde nuestras estructuras de creencias; pero quienes nos inclinamos hacia el universo científico, no tenemos (no deberíamos tener) ningún problema para cambiar nuestras creencias cuando se anifiestan "equivocadas" (erróneas). Creo que el problema se acrecienta en cuanto introducimos en el debate la palabra (idea) "verdad", que implica cualidades absolutas y nos conduce a la caverna; según mi criterio, deberíamos eliminar esa palabra de los territorios del conocimiento y reservara para el mundo de nuestras preocupaciones íntimas o, incluso,dejársela a los "creyentes", para que se entretengan con divagaciones alejandrinas.

vera dijo...

Jui, Jui, Jui...

Ricardo dijo...

Buenas...

Ya sabes que esta es de las partes que me gustan, y forman parte de mis pequeñas obsesiones personales.

El dilema entre creer o saber, para mi, que soy un ateo convencido y practicante, tiene fácil respuesta... a primera vista. Claramente: saber.

El problema se plantea, como creo que bien apunta tu artículo, cuando el conocimiento, el saber...se vuelve cada vez más complejo, más especializado, más elevado. Llega un punto en el que, en tal disyuntiva de creer o saber... al final, lo más fácil es, simplemente, creer.

¿Soy incoherente con mi ateísmo, con mi pasión por el saber? Creo que no, y trataré de explicarlo con un ejemplo muy pedestre, y muy de actualidad en lo personal para mí.

Un servidor, que estudió esa carrera de Derecho, y se licenció como tal, pero nunca ha ejercido, se ha encontrado recientemente de bruces con la aplicación de ese Derecho, gracias al contencioso laboral con mi antigua empresa, y al juicio que se está llevando. Un servidor, que se pensaba que todo lo sabía, y que, a la primera de cambio tuvo que confiar el caso en manos de un abogado laboralista que está haciendo su trabajo. Un servidor, que, durante todo el proceso, ha tratado de entender los detalles, los procedimientos, los intersticios legales... Pero que, al final, ha sido incapaz de desenmarañar la inextricable telaraña de burocracia, decretos, servicios, contingencias, reclamaciones, estadillos...que deben llevar a una resolución justa y favorable a mis intereses. Y, yo, orgulloso licenciado en Derecho por aquélla prestigiosa universidad, he tenido que desistir de la ardua tarea de SABER qué es lo que está pasando en este juicio, y simplemente depositar toda mi FE en el abogado que lo lleva, en el firme convencimiento de CREER que lo que está haciendo, bien hecho está.


Moraleja: si me tengo que creer lo que me cuenta el abogado, cómo no me voy a CREER (para llegar a SABER), lo que Stephen Hawking, por ejemplo, me cuenta del origen del Universo. Y, así, en esta sutil alquimia, mezclada sabiamente según y como a cada cual le haga más feliz (otra brillante conclusión del artículo), se llega a la conclusión de CREER PARA SABER, O SABER PARA CREER. Para gustos, los colores (y la propia felicidad).

Pues eso...

vera dijo...

Bueno, bueno, querido amigo, aunque creo que no hablamos de lo mismo, te comprendo... ;-)

Y además, estoy encantada de que escribas y saques brillantes conclusiones del textito (ya me contarás de dónde porque tampoco las veo). Eso me dice que da igual lo que escribamos, lo que queramos decir… lo importante es lo que cada uno interpreta (dependiendo de las circunstancias) y si la interpretación es nutritiva, mejor que mejor.

No obstante y en cualquiera de los casos… deberías leerte La montaña mágica. Disfrutarías… quizás. Ahora bien, necesitarías unos años para terminarla porque creo que es interminable.

Besos

vera dijo...

Aclaración: A Richard again... Quiero decir que no te refieres exactamente a lo mismo que se refiere Naphta y yo misma en el texto, no que no lo hayas comprendido. Of course :-)

Lo que ocurre es que te lo has llevado a tu terreno, ja, ja...

Ricardo dijo...

Muy polite, very discreta, pero me acabas de soltar a la cara que no he entendido ni papa de lo que va el artículo.

Tendré que concluir que no has captado la sutileza intelectual de la comparativa fábula que he metido (vale, un poco a capón, pero era por no elevar demasiado el nivel...jeje).

Quería decir que me ha encantado el texto, porque estoy en realidad de acuerdo con los dos, con Naphta (al que efectivamente no tengo el gusto de conocer), y con Settembrini (idem digo).

Naphta, porque, es cierto que puede parecer que la luz de la ciencia llegue siempre a acabar en la más absoluta oscuridad. Siempre, insisto, que la ciencia o el conocimiento se complique lo suficiente.

Y, en cuanto a la felicidad, creo que en este caso, reside en el umbral de incertidumbre o la sensibilidad a lo desconocido que uno esté dispuesto o acostumbrado a tolerar. A mi me vale para ser feliz saber que, gracias por ejemplo a Edison, a Einstein, a Bell, o incluso a Bill Gates....ahora estoy compartiendo estas ideas contigo...sin saber muy bien exactamente cómo los protones o electrones son capaces de enviar mis pensamientos transformados en ceros y unos a través de un cable, durante unos ratos, y mediante ondas de radio, durante otros.

Así que, Settembrini, también tiene su parte de razón, porque esto, para mí, es ciencia pura....jejeje

Beso!

vera dijo...

¿Vés como si que lo has entendido todo?, ja, ja...

Exactamente…

Solo una puntualización; no hace falta que la ciencia se complique demasiado para llevarte a la oscuridad. La cuestión es la siguiente, y mucho más poética (o lírica si lo prefieres): “quiero que la ciencia me lleve a la luz del conocimiento y resulta que cuando descubro lo poco o nada que somos los hombres y nuestro planeta, solamente encuentro oscuridad y vacío y soledad”. Algo así es.

Respecto a la felicidad, expones algo más que interesante: El milagro está en el suelo, en nosotros y en poder comunicarnos. Eso es suficiente para ser feliz.

Siempre y cuando uno no sea un flojeras de espíritu, como yo misma y (apostaría a decir) el propio Thomas Mann, cuyo desequilibrio descansa en la dualidad Naphta y Septembrini (por eso crea a ambos y se refugia a sí mismo bajo el joven Hans Castorp; el discípulo enamorado y enfermo que no diferencia entre carne y pescado... ... ...).

Mucha ciencia y mucho ateísmo (no nos sirve la fe), pero en el fondo buscamos algún tipo de salvación extra corporal... (otra Fe). No aceptamos la muerte y nos aferramos a la ciencia para buscar un puñetero "porque" a la pregunta ¿Por qué somos tan superespeciales?. Ese es nuestro problema. Creer que somos superespeciales.

Tu no lo tienes. Creo. Ni Naphta, en su lado (masónico, me atrevería a decir), ni Settembrini en el suyo (humanista, liberal, progresista… todo junto :-) Pero Mann si lo tenía. Y yo... Somos unos flojeras. Que leches!

Por eso, cuando Naphta habla sobre la felicidad y dice que cualquier conocimiento teórico que carezca de referencia práctica a la idea de felicidad del hombre está desprovisto de interés , me pregunto para qué coño sirven todos los descubrimientos y pensamientos de Monod (por ejemplo), de otros científicos, los puntos de vista de los filósofos materialistas... si al final, el universo que dejan en mis manos es oscuro, vacío y frío. Sin sentido...

Y es que historicamente la ciencia además de datos, ofrecía una esperanza de sentido a la existencia (hechos a corto plazo, y esperanza a largo plazo). Pero en la actualidad no hay más que agujeros negros, materia oscura, vacío... A corto plazo, implantes de silicona e inteligencia articificial, a largo... la nada.

La religión, sin embargo, si aporta sentido a aquellos que creen.

Y me da mucha envidia. Parecen, a veces, más felices...

En esta chorrada me ha hecho pensar Naphta y, por supuesto, no estoy de acuerdo con lo que estoy diciendo. Por eso digo que el librito me está afectando más de lo que debería :-)

Besos.

Ricardo dijo...

¿quienes parecen más felices?

Y, por cierto, muy al hilo: ¿has escuchado hablar de la polémica campaña de ateísmo en los autobuses de Madrid?

El slogan dice: "“Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida".

¿son felices? ¿qué opinas?

Ricardo dijo...

Y, por cierto 2:

Me acaba de venir a la cabeza el genio de Woody Allen, en una de sus películas.

Le preguntan que opina sobre la religión, el ateísmo, la ciencia... y (más o menos recuerdo que era así), contesta: "mire, cuando se discute de ciencia y religión...: si tengo que elegir entre el Papa y el aire acondicionado...me quedo con el aire acondicionado"

;)

vera dijo...

Respondiendo a tu primera pregunta, me refiero a los que creen. Según la referencia de Naphta, los creyentes deberían ser más felices porque en su teología, filosofía, religión hay una promesa de felicidad. El fin, en último término, es cierto tipo de felicidad y plenitud. Consciente, siempre… Al menos, eso es lo que yo he intuido cuando estudiaba religión. Aunque quizás me equivoque.

El otro día me preguntaba Violeta por el temita de la muerte. Ella se reconforta pensando que queda mucho… Respecto al después, yo le decía que toda ella estaría dispersa por todas partes, en las estrellas, las nubes… Y ¿sabes qué me preguntó?... Pero mami, ¿lo sabré?... Qué capulla… Me pregunta si lo sabrá. Le dije que por desgracia no. Estaría en el mundo igual que antes de nacer, formando parte de otros proyectos.

¡Qué terrible!, ¡Qué ausencia de magia!, no me digas que no…

Respecto a la campaña sí he oído hablar sobre ella y no he prestado mucha atención. Leí el slogan y me pareció una tremenda y hedonista gilipollez. Un perfecto slogan para comunicar el producto que te dé la gana. Yo lo usaría para vender bebidas alcohólicas, tetas postizas, cremas, salchichón, masajes… helados, todo aquello que resulte placentero.

Lo que quería decir es que, supuestamente, la gente con verdadera fe, es feliz. ¿Qué significa eso de “deja de preocuparte”? ¿Sabes a lo que suena? Al típico estado del alumno que sabe que va a catear todo y se pasa el mes que queda de curso tocándose las narices, libre porque su destino está sellado… “Vas a suspender así que déjalo todo y disfruta”…

Pfff.

Los que sigan ese slogan, apuesto, no son felices (respondiendo a su pregunta). Es demasiado sospechoso. ¿No crees?

En definitiva y por cerrar con Russell, la ciencia y el conocimiento son la única luz, y estoy segura que es la mejor opción. Al menos, en mi caso, es irremediablemente la única. Pero el destino que, de momento, trasluce vr la ciencia, es un poco indigesto para cobardicas, flojos, romanticorros, pobres de espíritu como yo. O quizás es que a veces me canso… A saber.

Ya sabes que luego me pongo muy chula diciendo que en el fondo yo soy más feliz que nadie pero a veces me gustaría un futuro más prometedor. No sé, ver un marciano o algo así.

vera dijo...

Respecto a lo de Woody Allen… Ya, ya… Menudo ejemplo de pajero has puesto. Es un cachondo y todo lo resuelve con humor. Como hacen todos los tipos listos.

Si tuvieras que elegir entre ¿la eternidad, un sentido o el aire acondicionado qué elegirías? Ja, ja…

Ricardo dijo...

....eligiría un bar con aire acondicionado....jejeje

JG dijo...

Deberías saber ya por estas fechas, que nada de lo q aprendas en los libros sobre creencias o agnosticismos te conducirá a conformar tu historia con ALGO MÁS, creo que si buscas por ahí dentro, encontrarás seguro los detalles de ti que has venido a pulir a esta vida y si sigues buscando buscando, encontrarás las historias que has venido a vivir en estos días que dejaste sin escribir en otras.

No es plan de pararse a pensar mucho en estas cosas por que si piensas demasiado (o más bien dejas demasiado de pensar y empiezas a sentir), deberías agradecer cada respiración que hincha tus pulmones.

Atiende, fijo que, con las ganas, el entusiasmo y lo redondos que te quedan los artículos estás sumando puntos pa la sigueinte!!!