26/1/09

Revolutionary Road, Sam Mendes (2008).


Sam Menders se llevó hace unos años el Oscar por American Beauty. Pensando que lo mismo se lo llevaba otra vez, he ido corriendo al estreno de Revolutionary Road, adaptación de la novela de Richard Yates. Como no he leído la novela, me limitaré a decir unas cuantas irrelevancias sobre la película, porque desgraciadamente, nada relevante se puede decir de ella.

Yo esperaba una obra maestra, lo confieso. Tenía el listón muy alto. Esperaba una sorpresa. Y vosotros me diréis: “Qué ilusa eres, niña. Ya no hay lugar en el mundo para las sorpresas”.

Y entonces, me haré mayor.

La historia nos muestra un retrato bastante abstracto del matrimonio americano ilustrado por una pareja protagonista: April y Frank. Ojo, que digo “matrimonio americano” porque éste tiene ciertas cualidades que no tiene el matrimonio finlandés, ni el español,… El matrimonio, es el matrimonio en todas partes, pero las parejas que se “someten” a él, adquieren (casi siempre) ciertas cualidades y calidades sociales: “son vistos” como matrimonio; posteriormente serán vistos como “matrimonio” y “padres”. Por eso hablo de sometimiento. No porque el matrimonio suponga someterse a nada si no porque, por narices, la gente ve a un ser casado como diferente y éste adquiere ciertas cualidades sociales. Es como lo de ser jefe o ser esclavo, novelista o corrector. No se te ve igual, oyes. Y esto, no hay quien lo cambie, desgraciadamente. Y ya que adquirimos ciertas cualidades sociales, éstas dependen, obviamente, del país; por eso hablo de matrimonio americano. Una “esposa” americana en los años 50, muy probablemente, sería diferente a una afgana, a una española, etc…

Lo que parece ser bastante común para todos los occidentales es el “sueño americano” (que no es americano si no, simplemente, sueño); el puñetero horizonte que uno tiene cuando es joven y va a comerse el mundo, ese que desaparece con el tiempo, con los años, y nos deja con cara de idiotas mirándonos al espejo, pensando cómo leches hemos llegado a ser tan poca cosa. Estoy segura de que algunas personas no saben lo que es esto y pensarán que me he vuelto tarumba y que soy una pesada. Bien por ellas. Pero otros tantos nos sabemos la lección de memoria. Y aquí está una de las claves de la peli y del por qué de mis comentarios: es imposible hablar de ella con profundidad y cierta relevancia porque cada cual sacará una conclusión diferente al verla, dependiendo de sus circunstancias personales y su modo de pensar y sentir, o sea, de sus genes.

La cuestión es que, a priori, esta pareja (sobre todo ella), son superespeciales, y hacen todo lo posible por entender qué coño está pasando: por qué sienten ahora que no lo son. Él (podemos pensar), se acopla, se deja tentar por el dinero, el puesto y el poder que otorga el puesto, la vida jocosa del ejecutivo que lleva el dinero a casa, sale a primera hora y vuelve a última. Siente su fracaso cuando va y vuelve entre cientos de personas que hacen lo mismo que él sin sentir nada que le haga volver a sentir diferente. Fracasado volviendo a casa y viendo a la mujer que ama convertida en su esposa y madre de sus hijos, y nada más… y la vida, y la ilusión y el yo que se iba a comer el mundo en un lugar lejano… Y por esta razón se acuesta con una de las secretarias y se acostará con todo lo que se le pase por delante, porque de esta manera, quizás… sienta no sé qué, sobre todo al decírselo a ella, a su mujer, a esa que ama… … … Esto, por ejemplo, habrá espectadores que ni lo noten. Habrá mujeres que ni lo noten y sientan, sin embargo, que ella (su mujer) es una egoísta estúpida que está mal de la cabeza porque quiere irse a vivir a Paris para que él cumpla sus sueños, sueños que no son los de él, sino el bote salvavidas de ella. Simplemente loca, pensarán algunos. Habrá otros que crean que es idiota. Habrá otros que la comprendan (porque algo parecido pasó por sus cabezas) y se sientan privilegiados de haber nacido (al menos) en la década de los 60/70, y no en la primera, segunda o tercera del siglo XX. Así es. Una muchacha obrera de 20 años en la década de los 40 o 50 que se sintiera superespecial quizás solamente podría aspirar a ser artista. Una chica de 20 que se siente superespecial en la década de los 80 podía aspirar a estudiar lo que se le pusiera por delante… además de ser artista o princesa. Y eso, se nota. Pero la esencia, la pregunta, es la misma: ¿Qué coños me ha pasado, cómo he llegado hasta aquí, qué ha pasado con mis sueños, qué puedo hacer para salir de esta espiral, cómo voy a volver a sentir ilusión de vivir? Soy yo. No soy una madre, no soy una esposa, no soy convencional, soy única e irrepetible.

La lectura de estos problemas existenciales puede ir, por supuesto, más allá de la trama inicial para transformarse en problemas más generales, más profundos, que podrían afectar a una sociedad, a los individuos en general, a la humanidad y su finalidad. Todo esto, lo vemos desde los ojos de April y Frank.

Pues eso: todo o nada…

Así que vamos a decir algo coherente y relevante. La película me ha defraudado no porque sea excesivamente teatral, que lo es, si no porque los desenlaces son muy apresurados… Si. Simplemente es una cuestión de tempo. No digo tiempo. Digo… tempo.

El resto es perfecto. Ellos, magníficos. Algunos pensarán que sobreactúan. Eso será porque no han tenido una así en casa.

Y un dato interesante. En la peli, no salen a penas los niños. April y Frank, tienen dos hijos, pero eso no importa nada, e importa todo.

Os dejo el trailer en español, la web oficial, y un apunte más: ella dice, en determinado momento, que él es la persona más interesante que ha conocido. Obviamente, él no es interesante; no es nada interesante. Al menos, eso es lo que el director (o el novelista) tratan de hacernos ver. Sin embargo, ella, le ve así. Nosotros vemos así un mundo, y un futuro, que no son más que mundo, y futuro...

9 comentarios:

Anónimo dijo...

estuve a punto de verla ayer, pero me parecía bastante pastelosa...elegí "Mi nombre es Harvey Milk" (Milk 2008)... me encantó. Vete a verla y ya me contarás.

La srta. Infante

vera dijo...

Okis, eres la segunda persona que me lo dice (la segunda de fiar :-))

Iré a verla, en pantalla grande, en cuanto tenga hueco.

Y si. Dicaprio y la Winslet son un pastel... Pero la vida, es un pastel :-)

Besote guapa.

Dani dijo...

Que bonita crítica de la película, la mejor que he leido. El caso es que la película trata temas muy interesantes, pero aburre a las vacas mientras los cuenta. Primer tropezón gordo de Sam Mendes, esperemos que sea el último.

vera dijo...

Aburre a las vacas, exactamente. No a las personas como yo ;-P

No sé, en la sala grande se aguanta. Ahora bien, es teatral, larga... y eso cansa.

Además, y esto si que es un problema, ese supuesto interés de la trama no es más que una suposición. Lo que yo he escrito es lo que yo veo y cómo lo veo. Pero los problemas personales de ambos, se tratan de forma precipitada, tanto, que pierden consistencia y aburren. No está bien llevada, se enreda demasiado y no resuelve bien.

Pero está muy bien rodada, interpretada, iluminada, fotografiada...

Besote.(Aunque no sé muy bien qué Dani eres. Tengo varios :-)

Anónimo dijo...

No he visto la peli pero te diré algo al respecto de lo que comentas. Para ser feliz "sólo" hacen falta 3 cosas:
- algo que hacer
- alguien a quien amar
- algo que esperar
Reflexiona sobre esto, que parece simple, pero es una verdad como un templo. Con toda su simpleza.
Mimi.

vera dijo...

Querida Milagros, esas 3 cosas me suenan mucho. Hace algún tiempo ya reflexioné sobre ellas. Eres la segunda persona que me las dice...

En mi resumen de la peli, me pongo en la piel de los protas, no lo olvides. Aunque si es cierto que tengo una capacidad extraordinaria (llámalo, superpoder si quieres :-) para ponerme en la piel de otros en determinadas circunstancias.

En el caso particular de los protagonistas de la peli, podríamos que les falta una cosa: Algo que esperar. O bien que lo que esperan no es lo que quieren. O sea, no les entusiasma. O bien que lo que hacen, tampoco les entusiasma. O bien que el amor que experimentan, ya no les entusiasma... ja, ja...

Te falta un Algo ahí: "Entusiasmo"

Besos, besos, besos

Anónimo dijo...

Querida Mari Angeles,
El entusiasmo, para mí, está catalogado dentro del punto "algo que esperar". Entendiendo, por ese "algo que esperar", un deseo, un posible, una inquietud placentera de lo que va a venir...
Es muy importante no apagarse como una velita. También es verdad que hay quien no tiene la capacidad de esperar nada más... lamentablemente.

Jgo dijo...

Me ha encantado el post, especialmente las reflaxiones sobre la condición del matrimonio norteamericano (en el fondo tremendamente hipócrita y necesitado de enorme aprobación social) pero siento discrepar. A mi me atrapó esta historia destructiva la de una mujer que se siente atrapada por su presente, por los remordimientos, por la culpa y por una visión equivocada de lo que significa vivir. Un poco -valga la pedantería- como Madame Bovary. Y la actuación de ambos... espectacular

Vera dijo...

Hace tanto tiempo que publiqué esto que ya ni recuerdo... Pero, como muestra de agradecimiento por el comentario :-) aclararé que el film me gustó mucho, lo suficiente como para hablar sobre él. Y eso, es mucho. Lo que ocurre es que, en general, los filmes, libros, etc... tan solo son un pretexto para escribir y, a partir de ahí, surge lo que surge.