8/2/09

Ritmo violento y tensión en el Museo del Prado. La obra de Francis Bacon.

Lucien Freud, retrato de Francis Bacon (1952). Robado en 1988

La exposición sobre la obra de Francis Bacon que celebra el Museo del Prado en colaboración con la Tate Britain de Londres y el Metropolitan Museum of Art de NuevaYork, conmemora el centenario del nacimiento de este hombre que murió, curiosamente, en Madrid.

Se encuentran infinidad de conceptos e ideas asociadas a la obra de este pintor: mundo interior, particular, obsesión, locura… Ayer escuché a mis espaldas varias veces este comentario: “son un reflejo de su locura interior…”

Pues si, y no. La obra de Bacon va mucho más lejos. Y, aunque pintara cosas feas para los ojos de la gran mayoría, no creo que estuviese loco. Más bien, veía demasiado o sus ojos se dirigían a nuestra parte más fea. Espacios de oscuridad, violencia, tensión y miedo a los que nadie quiere mirar. Cualquiera puede sentirse un pobre gusano encerrado, un animal enjaulado. Si; se puede intentar ilustrar algo trascendente y directo al infierno. Sin Dios “redentor”, te miras al espejo y ves la realidad: la carne a cuestas y su propia muerte. Todo lo que intentamos ocultar, se da la vuelta y estalla grotescamente ante nosotros.


Pero vayamos a la pintura. Los colores de Bacon se mezclan en profundidad, transformándose en la paleta para simular esa carne moldeada de dentro a fuera y de fuera a dentro y, al mismo tiempo van directos al lienzo, corriendo junto a los demás. No hay trazo por el que no asome, aunque sea ligeramente, el verde esmeralda, y el carmín de garanza… Colores fríos que pierden su carácter en un universo de contrastes. Porque algunos cuadros de Bacon están fuertemente contrastados, pero sin hacer daño al ojo... Todos son roces de complementarios y casi complementarios, disparos a los ojos que apenas se notan, naranjas rojizos marcados con trazos de verde esmeralda… El verde en primer plano, el naranja en el fondo, en el techo, en el suelo… Atrás y adelante, impecable. Carmines de garanza fluyen junto al verde esmeralda y el blanco, los morados tiemblan junto al amarillo…


Bacon cuenta claramente lo que quiere contar. Pero lo hace de una forma elegante, casi diría que academizada, ordenada, matematizada por él mismo. Sé que se le puede atacar afirmando que se mira al ombligo, que se repite, que se vuelve loco, que está oprimido, obsesionado y me lo cuenta hasta la saciedad… Lo sé. Pero su pintura no me dice esto. Me ordena y es hermosísima, así que… Entiendo que esto sea difícil de admitir pero no creo que nadie que haya cogido una paleta y haya sentido esos colores niegue la evidencia. Lo que veo en Bacon no es su carne deshecha, su homosexualidad, su opresión, su “feísmo”, todas las tonterías que se leen sobre su pintura. Veo, pintura, veo estructura, equilibrio que escapa a la velocidad de la luz, tensión…


Veo cierta elegancia, y un espacio complejo. No sé que hay detrás de Pablo de Valladolid en el cuadro de Velázquez, probablemente el infinito. Pero en los cuadros de Bacon ese infinito está “agarrado”, tensado, como si lo hubieran “cosido”, metida la aguja en un extremo y tirada recta hacia otro. No es un espacio expresionista, no hay ángulos agudos sino rectos y obtusos. La realidad confinada a este extraño espacio de representación. Tenemos cuadriláteros, jaulas, circos, plazas… hasta los paisajes parecen desaparecer haciendo espirales en una fuente sopera… Agujas cosiendo malamente el espacio, tirando los hilos que lo tuercen, y en el centro la presa, el animal enloquecido de dolor.


No voy a negar a estas alturas que los humanos nos proyectamos. Así, cuando observamos una obra de arte, o leemos un libro, muy probablemente lo llevemos todo a nuestro terreno. Podremos soltar un puaj, qué asco de carne, mmm… qué desagradable, o intentar hacer equilibrismos y ejercicios intelectuales (o espirituales) frente a la obra para ver si nos transmite algo, o nos reconforta… Pero, independientemente de todo esto, está la pintura, que normalmente es lo más difícil de ver.

Observar en directo el retrato de Inocencio X de Velázquez en la Galería Doria Pamphili no tiene precio… además, así como lo tienen, en una habitación de unos 7 o 6 metros cuadrados, solo… mirándote… Pero, la satisfacción que produce observar los estudios de Bacon a este lienzo es algo que no puedo explicar. Velázquez con una sutileza fuera de lo normal, nos dejó un rostro, plantado en un cuerpo, plantado en una silla, terroríficos. Los esfuerzos de Bacon por sacar la ira, la soberbia y todo lo que parece esconder el retrato de Velázquez son conmovedores para todo aquel que ha intentado pintar y expresar algo pintando.


Estoy diciendo muchas tonterías, y eso que Bacon nunca me ha emocionado. Pero la exposición impresiona, y los cuadros lucen imponentes en las agobiantes salas… Quizás sea porque un profesor me puso al límite en la universidad e hizo que mis ejercicios pictóricos (que, por cierto, están en la basura) adquirieran un aspecto radicalmente distinto al que habían tenido hasta el momento. Este hombre pedía un cambio por y para la pintura: en el color y los planos de luz; por y para la estructura: en la composición y el ritmo; por y para el dibujo: en la línea y su movimiento. Pedía agresividad y violencia en el trazo, libertad y energía..., y al mismo tiempo, contención, inteligencia, pensamiento... Destrózame el cuerpo, académicamente... Algo así, ja, ja... Esos cuadros están en la basura porque daba asco verlos; igualmente Bacon tiró muchos de ellos, pero otros, afortunadamente, valen millones y se exhiben en galerías.

Como todo el mundo sabe, Bacon no tenía Dios. Lo único que muestran sus cuadros es lo que queda del hombre sin Dios. Es un poco salvaje pero es que las atrocidades que pueden llegar a cometer los hombres no dejan a todo el mundo igual. Son de hecho, bastante incomprensibles. El caso es que nos quedaría un animal que no comprende nada. Y esto es lo mismo que estar en una jaula. Ese animal comete atrocidades, así que estás en la jaula con tu propia mierda… Y eso… no es muy digerible. Las referencias a la crucifixión no son ninguna “deuda religiosa” ni alusión al “cristianismo”. La crucifixión, recordemos, es un modo de tortura (entre otros muchos ideados por el hombre)…


La muestra es bastante completa (y suficiente). Se abre y cierra con las dos versiones del estudio de figuras en la base de una crucifixión (la de 1944 y la de 1988).

Muy interesantes sus estudios de cabezas (las que muestran los dientes y poco más…) y otros estudios. Todo son estudios para llegar a obras cerradas (o no). Alguien a mi espalda dijo “Shasjjj….cornaó este al poner el título”… En fin. Los estudios no son títulos puestos por el autor. Son eso. Estudios.


El formato tríptico me interesa mucho… Así que los expuestos de Bacon en el Prado, me encantan. Recomiendo encarecidamente ir a verlos. Son grandes, adecuadamente grandes. Es una cosa que me gusta en la pintura de Bacon. Los formatos y el tratamiento del espacio, el correr de la pintura, las veladuras... Los temas: el movimiento eterno y compulsivo, la violencia, la brutalidad, me interesan poco. Pero todo esto, está reflejado en forma de ritmos salvajes, de trazo, de masas de pintura literalmente arrastradas, de velos de pintura seca...

2 comentarios:

H. J. dijo...

A veces hay tanto allá afuera, que realmente se complica la vida el querer acercarse a todo. Entonces, una de las cosas "sabrosas" por decirlo de alguna manera, es poder mirar el mundo desde la perspectiva o los ojos de otros. Conocer lo que quizà no conocerìas de otra forma.
Gracias por intentar hacer el link a mi sitio.

vera dijo...

Tienes que arreglar eso del feed... Date de alta en feedburner. Cuando pincho para suscribirme a tus entradas no me funciona el feed...

Gracias a tí, por leerme. Intentaré linkarte con la url, pero arregla eso del feed.

Abrazos!"!!