30/3/09

El luchador (The Wrestler, 2008), Darren Aronofsky. Poesía con anabolizantes.


Parece ser que El luchador viene con buenas críticas. Digo “parece” porque no he querido leer ninguna en la red. Tan sólo el apunte de Tomás Fernández Valentí, cómo no. Para un crítico de verdad que anda por la red (hasta en el Facebook lo tengo), mejor consultarle cuando “algo raro” ha sucedido. Tantos años leyendo sus críticas y dossieres en Dirigido por…, y ahora en el Facebook, consultando las “notas” que publica en “su” blog… Cómo ha cambiado el mundo. O no tanto. Diferentes comunidades tan solo. O no tanto. Diferentes lugares tan solo.

A lo que iba. Algo raro ha sucedido. Y Valentí me lo confirma, con sus sabias palabras, que no son las mías. Of course.

Algo raro ha sucedido, pensaba ayer: El guión es simple, la historia manida, la trama convencional. En en definitiva, es un guión simple. La historia de un perdedor… ¿O no? ¿Qué tiene de especial?

Como siempre, supongo, es el cómo lo que la hace especial. El director tiene un objetivo claro, y lo persigue con habilidad; esta habilidad conduce a una intimidad aplastante que se traduce, directamente, en pura poesía fílmica. Esa cámara en mano que tanto me molesta a veces (sobre todo cuando los dogmas la imponen como una cosa superoriginal que solo ellos hacen pero esto dilomuybajito y quenadieseentere…), “sigue” literalmente al protagonista… Hasta tal punto le sigue que “escucho” el pitido del audífono cuando se lo quita… Randy, tiene un audífono, y en un momento dado, se lo quita. Y yo escucho el pitido.

También oigo cómo la música que él escucha (la música que le acompaña) cesa, antes de su último combate, cuando se quita el audífono.

Esta narración, la historia de Randy “The Ram” Robinson, es poesía pura llena de anabolizantes. Me gusta mucho cuando la cámara, discretamente, construye finamente una narración. Me gusta el exceso de Aronofsky. Sin abalorios ni aspavientos pero pelín hortera. Lírica de andar por casa. De la fuerte. De la que me conmueve.

Randy y Cassidy no conmocionan a lo bruto. No hacen llorar. Paparruchas… Como digo, todo está detrás de la cámara. El guión es de lo más lamentable para las altas esferas de la sabiduría, casi tan lamentable como el famoso “no siento las piernas” de Rambo… Pero cuando hay ganas y sentido y sensibilidad y se hace cine… sale lo que sale. Otra vez: poesía. Otra vez: cine. Con mayúsculas.


Anoto, por si acaso, que a mí siempre me han gustado mucho las pelis (buenas) de boxeo. Es una herencia… a mi madre le gusta el boxeo. Pero volviendo a las pelis, no es difícil que me gustaran. Comencé con Fat City a los 13 o 14 años. Desde entonces respeto a John Huston, a Jeff Bridget y a Stacy Keach. Es una de las más hermosas pelis que he visto. Si. A continuación vino Toro Salvaje (Scorsese), ya en la adolescencia… Luego El beso del asesino (Kubrick), Marcado por el odio (Wise)…


Hay cierta “intimidad” en las pelis de boxeo. O quizás cierta intimidad que los directores que saben hacerlo “desean” transmitir. De eso hay mucho en El Luchador.

4 comentarios:

Gabriel Ramírez dijo...

Siempre que hablo de boxeo, o que veo una película que utiliza como vehículo narrativo este deporte, siempre, pienso en el dragón y el héroe. El hombre se enfrenta a lo contrario o a su propia dualidad. El héroe se encuentra con el dragón por el camino. Puede vencer o ser devorado por la fiera. A jonás (el del antiguo testamento) le pasó con una ballena. Dragón o ballena es lo mismo. Pero le devuelve a la tierra con una perspectiva distinta. ¿Más pura? El hombre se encuentra en el camino con una ballena, un dragón o con otro hombre. Consigo mismo, con su propia dualidad. Y esta le devora o no. En cualquier caso, si el hombre gana (héore y dragón) pues gana. Y si el hombre pierde (jonás y su ballena) pues también gana. El hombre frente al hombre, en su lucha eterna... siempre gana. Eso es lo que hace de una película que trata el asunto un desastre o una obra como dices "íntima".
Un saludo.

vera dijo...

Me refería a que la cámara está, literalmente, en su chepa. Le hueles, le ves, una imagen en la pantalla se hace más "humana", más cotidiana. Baja de su estado fílmico para implantarse en tu cerebelo. Cuando él camina de espaldas y la cámara le sigue, uno se siente como cuando camina por la calle o por el metro y siente su propia cabeza pensante y se observa a sí mismo, con los ojos que tiene en la nuca (o dentro de ella)… No es más que un recurso fílmico. Lenguaje fílmico. No es lo mismo enfocar a un tipo en un plano zenital en el que es “uno más entre la multitud”, que seguirle cámara en mano en su propia chepa….

Es estética, es arte, es poesía, es comunicación… plano material. Me temo que tú hablas de algo más espiritual que no entiendo (y en ese sentido planteas lo de “ganar”). No sé qué es la eternidad. Para mí no existe. Hace muchos años me di cuenta de que mi imaginación no da para tanto. Mi capacidad de abstracción se concentra en los conceptos y las cosas y los fenómenos que suceden entre las cosas. Nada más.

jg dijo...

Hay un figura, Emilio Marquiegui, comentarista y locutor que hace musica con los puños de los pujiles, ese tio hace q te mole el boxeo por el amor que siente el hacia este deporte, sobre todo si habla de combates clasicos y la intrahostoria de ellos... es la caña, me vino a la cabeza al leerte "cuando la cámara, discretamente, construye finamente una narración" a mi me pasa lo mismo pero al contrario, la narración con Marquiegui hace q se mueva la camara.

Por cierto olvidas Million Dollar Baby se me ponen los pelos como escarpias!!!

vera dijo...

Cierto. Bueno no. No quería profundizar demasiado y Million Dollar (Rocky, y muchas otras)las conoce todo cristopher y bueno... que no la puse...

:-)