20/5/09

Lente convexa para amplificar la nada.

Aunque resulte imprudente por mi parte, quiero detenerme un instante para reflexionar en voz alta sobre la escritura (si, aunque no me oigáis estoy aquí yo sola hablando a grito pelado). Porque a veces he sentido la necesidad de escribir o, mejor dicho, trasladar al papel ciertas ideas que comenzaban a agitarse demasiado en mi cabeza, martilleando y molestando, generando un movimiento insoportable, y cuando uno siente eso, es bastante probable que inmediatamente después, días después, años después, reflexione también o se pregunte por la razón de esa necesidad. Si. Bastaba con escribir. No pastillas. No psiquiatra. No psicólogo. No psiquismo… No psique.

A veces pienso que esto de escribir es algo físico. Sin más. Necesitamos objetivar los pensamientos. Porque no existe el alma. No. Existe el cuerpo y éste debe utilizar al máximo la energía que le sobra… Tendencias entrópicas, incertidumbre y, al mismo tiempo, orden para enmendar tanto libertinaje.

Y cada cual busca el orden donde puede. Hablo en serio. Debemos buscarlo.

Pero bueno, esto no es más que lo que servidora piensa desde el agujero. En realidad podríamos escribir setenta tesis doctorales sobre el escritor, la escritora, la escritura, la actitud, el arte, el por qué, la narrativa, la realidad, la verdad, la mentira, los personajes, el alma, el espejo… Pero cerrando mi parte: objetivar es construir, dar forma. Según el DRAE: Dar carácter objetivo a una idea o sentimiento.

Transformar una idea en objeto… Igual que hacen las líneas, los colores… El constructo, el objeto, no es más que un artificio. Pero la forma definitiva de ese pensar que martillea.

Yo creo que llegado determinado grado de locura, uno cree que hay más vida en lo que piensa que en lo que realmente vive… Y al objetivar esas ideas que machacan, al dotarlas de forma, al convertirlas en objetos que están fuera de uno mismo, esa creencia aumenta… Esto es terriblemente doloroso y algo complejo, ya que resulta inaceptable para un cuerpo que desea, pero es más real o, al menos, tan real como cualquier otro cambio de estado de la materia.

Probablemente todo esto que he dicho solo sea aplicable al deseo. Cosa rara. Y punto… s. Suspensivos.

El hecho es que estoy leyendo un libro y me resulta difícil soportar tanta complementariedad, tanta afinidad. Cómo me engaño de bien. Soy una maestra. Pero esto que Nathan Zuckerman (escritor, reconocido, 71 años, impotente, sufre incontinencia y gasta pañales, también ha dejado de habitar este mundo, ha aniquilado el impulso de estar en él o, al menos, eso cree) piensa tras registrar en un papel (por necesidad) la escena que le hubiera gustado vivir con una muchacha que le tiene enamorado, loco, y con una necesidad más natural que el mear por volver a ser aquello que xsdfkjimente (no me atrevo a decir físicamente, mentalmente, anímicamente… así que me invento el previo al “mente”) ya no es…

Esto (repito) que desea registrar, puede conmigo. Siento que he sentido algo parecido. Exactamente lo mismo. Y me emociona leerlo.

Aquí dejo el párrafo que ha inspirado este desbarre. El libro, aún no está terminado así que no diré nada sobre él.

“Mi maleta estaba donde la había dejado cuando salí precipitadamente hacia la calle Setenta y uno Oeste, a medio llenar en el vestidor de la habitación del hotel. Una luz parpadeante en el teléfono indicaba que había recibido un mensaje, pero aún no sabía de quién era, porque desde que llegué a la habitación lo único que había hecho era sentarme ante el minúsculo escritorio junto a la ventana que daba al tráfico de la calle Cincuenta y tres y, una vez más, en papel con membrete del hotel, escribir lo más deprisa que pude un intercambio con Jamie que no había tenido lugar. En mi cuaderno de tareas figuraba lo que había hecho y lo que tenía programado hacer como una ayuda para mi memoria menguante; esa escena de un diálogo inventado registraba lo que no había hecho y no era un ayuda para nada, no aliviaba nada, no conseguía nada, y, sin embargo, lo mismo que en la noche electoral, había sentido la necesidad de escribir en cuando crucé la puerta; las conversaciones que ella y yo no habíamos tenido me afectaban incluso más que las auténticas, y la “Ella” imaginaria estaba vívidamente en el centro de su personaje como jamás lo estaría la “ella” real.

Pero ¿no es el cociente de dolor suficientemente espantoso sin la amplificación literaria, sin dar a las cosas una intensidad que en la vida es efímera y a menudo pasa incluso desapercibida? Para algunos no. Para unos pocos, muy pocos, esa amplificación que se desarrolla vacilante a partir de la nada constituye su única seguridad, y lo no vivido, lo conjeturado, plasmado sobre el papel, es la vida cuyo significado llega a importar más”.

7 comentarios:

maris blanco dijo...

Me he liado y he "suprimido la entrada" (torpe que soy).

Decía que me gustan mucho las ramas por las que te has ido hoy... que es una bonita historia para reflexionar y que ya sabía yo que lo de "escribir" es más importante de lo que todos piensan.

;-)

vera dijo...

Pues no sabes lo que me place que te plazca.

La verdad es que no se está mal entre las ramas. Como el Barón Rampante.

ipm dijo...

personal-mente me basta con la foto Dying bird de Nicolai Howalt... vuela, y cuando te canses: para

Gabriel Ramírez dijo...

Vera, lo que me extraña de esta entrada es que dices lo que dices como si fuera nuevo cuando en realidad, esto lo sabes de memoria. De hecho lo hemos hablado. Deberías asumir que el escribir es dolor. Todo lo demás es falso. Otra cosa es que algunos escriben paridas y ni sienten ni padecen, pero eso es harina de otro costal.

vera dijo...

Me refería más al poderío del último párrafo que a lo que dice exactamente (más al cómo que al qué). Pero si, además, me refería a la potencia de verdad que puede tener aquello que no es "real" y tan solo se imagina. A una obviedad que no lo era para mí. Habremos hablado tu y yo de otra cosa o no me habré explicado bien. Esto se refiere, yo me refiero a lo "no vivido con alguien/o con algo y que te llevas a casa en la cabeza". Al sueño y al delirio. Cuando leí la Gradiva de Jensen no caí en esto. Y ahora estoy flipando un poquito... Yo sola.

En cuaquier caso, las revelaciones o desocultaciones que aporta un texto, una línea, un color o una nota pueden ser bien distintas en cada uno. Yo nunca había sentido tal revelación de verdad en referencia al deseo. No recuerdo haber hablado contigo de esto. Quizás de que escribir es duro, que cuesta vamos... Que es doloroso... no sé yo. Es duro y duele como cualquier parto. Yo personalmente no lo paso mal escribiendo. Bueno si, lo paso mal porque escribo como el culo.

Nada que ver todo esto con el asombro de verdad que he sentido al leer algunas partes de esta novela de Roth. Ya hablaré de ella.

Estoy más con lo que dice Maris... Es más importante de lo que parece. Y dejémoslo ahí. Para cada cual será lo que sea. Y en tu caso, quizás...

Abrazos.

la burbuja dijo...

"Yo creo que llegado determinado grado de locura, uno cree que hay más vida en lo que piensa que en lo que realmente vive… "


esta es una certeza un poco desoladora, vivir es un tipo de experiencia que no puede ser sustituida por ninguna simulación.. pero entendiendo que cada uno tiene su propio concepto sobre "cómo vivir"..

hay épocas en las que lo único que te queda es soñar despierto

vera dijo...

Debería haber puesto "verdad" en lugar de vida. Si. Hay más verdad en lo pensado que en lo vivido... O no. je, je...

Burbuja, obviamente tal certeza es más que desoladora. Por esta razón intentamos vivir lo mejor que podemos. Hay veces que incluso con la mejor de las vidas, algo o mucho nos falta. Porque solo se vive una vez y hay que cuidar muchas cosas mientras uno vive, y al mismo tiempo perder otras.

Pero concretemos. Hablamos de escribir, de la escritura y de la imaginación.

Piensa en literatura, no en el día a día.

Saludos.