3/5/09

Violeta, Sofía y Coppelia.



Consciente del notable descenso de publicaciones en el blog, os debo una explicación: Estoy de curro hasta las canas. Si, canas. Porque ya no tengo pelos sino canas. Y cada vez más.¿Por qué será?

Ahora bien, no penséis, ni por un momento, que he perdido mi atractivo. No. Las (creo) diez o doce o veinte canas que se han sumado a las dos que he tenido desde niña y que me han salido todas juntas en el mismo sitio y al mismo tiempo, me las he teñido, justo ayer, con un colorante virado a caoba la mar de chulo. Así que ya tengo hasta dentro de un mes. Y ojo… sin peligro de raíces… no, no… El colorante desaparece sutilmente con cada lavado sin dejar rastro. Mis años de punkarra teñida de negro azulado y naranja pasión corroboran la última afirmación. Sin duda.

Tampoco penséis que el ritmo de post seguirá así, amentará por mi bien y el de todos vosotros. Espero, confío y deseo.

Quería hablar hoy aquí de una coreografía de Víctor Ullate padre, no hijo. Porque seguro que todos conocéis a Víctor Ullate hijo, el que sale en la tele en ese programa de ¿bailarines?, que lloran y abrazan a sus padres y manejan el clásico como la hipopótamo bailarina creada por Disney… Bueno no, la hipopótamo baila mejor.

Pues eso, más que hablar quería solo decir que valga la adaptación que Ullate ha realizado sobre el clásico Coppelia para demostrar cómo SI se puede modernizar algo sin caer en el más absoluto de los ridículos y respetando en todo momento el temible concepto “clásico”.

El ballet “clásico” bien puede ser el que me tragué viendo al ballet de Moscú interpretando Giselle (cuadriculado puro) o bien puede ser Ullate adaptando Coppelia.

Para muestra de clásico, la mazurca (o mazurka)…


… una de las pruebas del doctor con su muñeca…


… y lo único que he encontrado del ballet de Ullate. Lo siento, no puedo meter el link porque lo han retirado. Así que debéis pinchar la imagen y os redirigirá a Youtube. Este vídeo lo ha montado alguien y es un pequeño resumen de toda la obra. La calidad no es buena, pero ayuda a hacerse una idea.


La verdad es que no entiendo un pimiento sobre ballet pero agradezco enormemente el buen hacer en un mundo en el que la banalización ha llegado a infectar todo: el arte, la técnica, el buen hacer, el sacrificio y el control (en este caso) del cuerpo para elevarlo por encima del suelo, de la tierra. Estoy hasta las gónadas de listillos que me venden su “sensibilidad” y su “psicología”… Estoy hasta las gónadas de decorados mediocres, vacíos..; de gente en pelotas, mojada, chillando… De prosa chunga y superespecial.

¡Ah!, también estoy hasta las gónadas del “arte para niños”: adaptaciones absurdas y relecturas más absurdas, teatro mediocre dirigido a seres unineuronales, “teatro alternativo para niños alternativos”… Al teatro llamémosle teatro, al mimo llamémosle mimo, a los títeres llamémosles títeres… y, por favor, no mezclemos… Y lo que quería decir: a los niños, les gusta TODO lo bueno. No hay que preparar "adaptaciones" (que no vienen mal, pero no son fundamentales e indispensables).

Mi hija Violeta, dice que Coppelia es lo que más le ha gustado hasta el momento. Y se tragó unas cuantas… clásicas, alternativas, callejeras, vanguardistas, … Pero los niños, no son tontos. Bien pueden ver muchas cosas que “supuestamente” van a agotarles. La sensibilidad viene puesta, con los genes. Y sea lo que sea aquello que enciende nuestros "sentidos" (la música, el baile, Gran Hermano, los libros, los comics...), lo tenemos desde que nacemos. Y Mahler será Mahler, y Bach, y Star Wars. Y la Odisea y El Quijote. Sin sucedáneos ni adaptaciones.

No subestimemos el poder de los niños. No les tratemos como seres unineuronales que solamente pueden ver Factor X o Disney. No. Además de Factor X y Disney, hay muchas más cosas. Y digo además por respeto a los demás, porque si por mí fuera, unos cuantos programas irían a la basura, o a las barracas, o a las ferias. A Disney le podemos dejar dondes está, que tampoco hace tanto daño.

Sofía también asistió, aguantando como una campeona con sus cuatro añitos. Y esta única representación (extra, tras la temporada en el Teatro de Madrid) en el Auditorio de la Universidad Carlos III, era de 20 a 22 horas.

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