7/6/09

Celebración



Quizá solo dibujando podemos entender lo que Paul Valery quiere decir cuando afirma que hay una inmensa diferencia entre ver una cosa sin el lápiz en la mano y dibujándola. Porque entregados al mero acto de dibujar descubrimos la sorpresa y vemos aquello que éramos incapaces de ver anteriormente. Dibujando nos damos cuenta de que ignorábamos muchas cosas. Y el que dibuja lo sabe.

Acumulamos los registros de ese ojo intermediario que nos hace sentir y entusiasmarnos con lo visto. Pero el dibujante rápidamente comienza a deliberar; transformando su cuerpo en un accesorio del ojo. El cuerpo entero como órgano de visión. Vista deliberada que tiene el dibujo como fin y como medio a la vez, decía el poeta.

Marta Morales sabe que el dibujo esconde sorpresas; que dibujando nos damos cuenta de todo lo que ignorábamos y no habíamos visto. Sus líneas escapan del refugio abstracto y se enredan con lo vivo, entre los ritmos, flujos y mareas del cuerpo, entre la piel del gesto.

A Marta le gustan los valles, las profundidades por las que fluye la vida. Espacios íntimos y silenciosos que casi pertenecen a sus dueños. Casi… porque Marta se los roba. Ella es capaz de entrar en esa oquedad. Preguntemos a Tía Trini desde dónde nos mira. Querría yo estar a la fresca de su abanico.


Las líneas de Abuela y Tía Trini aparecen desde el pasado, frescas, originales, como en los estudios de Ingres para sus pinturas. Los múltiples bocetos de brazos, piernas, articulaciones, hombros, muñecas, que el pintor montaría a posteriori para componer sus pinturas, son mucho más interesantes que sus dibujos acabados. Muestran el recorrido, el movimiento, el cambio de la línea nerviosa que persigue el cuerpo, y la voluntad del dibujante para dominarla. Marta se detiene en este primer proceso y no lo abandona; las líneas seguirán su camino hasta que tengan que detenerse, si es que lo hacen. ¿Acaso tiene el dibujo que terminar en algún punto? Los ritmos pasarán unos sobre otros, dejando rastros a veces tan sutiles como el de una hormiga sobre la arena, y otras, incisivos como una punta seca sobre cobre. Y simplemente simularán desaparecer.


Dibujo que se asemeja a la vida, se hace orgánico, complejo y emergente. Líneas que escapan del refugio abstracto para enredarse con lo vivo, entre los ritmos, flujos y mareas del cuerpo, entre la piel del gesto.

Diversos esquemas de proyectos, patrones, trazados, registros, participan en la composición de un espacio aparentemente aleatorio en el que surgen verdaderas presencias que parecen contener pasado, presente y futuro en un único y poderoso instante vital.

Y estamos invitados a celebrar este momento con la intensidad suficiente para olvidarnos del tiempo -única posibilidad de vencerlo- subiendo al coche de Tío Serafín y caminando con el. Como dice Marta, debería tener una calle. Por algo será.


Creo que el próximo viernes 12 se inaugura la exposición de Marta Morales en la Asociación Cultural Mediodía Chica. C/ Mediodía Chica, 10. Local. Metro latina. www.mediodiachica.com. A partir de las 20.00 horas y hasta las 24:00 del viernes.

Lo confirmaré aquí mismo :-)

6 comentarios:

Gabriel Ramírez dijo...

Pues habrá que echar un vistazo porque tiene una pinta estupenda. Vera ¿cuánto pillas de comisión?

vera dijo...

Qué gracioso eres. Puedo escribir sobre algo solamente si me lo creo. Y este es el caso.

Pero oyes, lo mismo me dan un pincho de tortilla el dia de la inauguración. Si es que voy.

El Merodeador dijo...

No se qué es más impresionante, si la obra, o la referencia que de ella se hace. Enhorabuena en ambos casos a las dos, el viernes lo confirmaremos.

vera dijo...

Gracias prenda!

Theo dijo...

Me ha parecido un post muy interesante por los dibujos y por la forma de explicarlos. Realmente, son dibujos muy buenos, expresivos y austeros... Pese a lo deliberadamente contenidos que son, todos ellos están impregnados de una atmósfera muy potente, estamos respirando en esos dibujos el aire de un pueblo, o de un barrio de viejos inmigrantes; de alguna manera, me recuerdan a Zuloaga, por la fuerza con que el rostro solo transmite más información sobre la atmósfera que el propio paisaje...

Y Tío Serafín, con ese rostro extraordinariamente bodadoso, sin duda se merecerá una calle.

saludos!

Jesus Dominguez dijo...

Un estilo muy interesante.

Un saludo

Jesús Domínguez