30/12/09

Avatar. James Cameron (2009)


Se aproxima el fin del año 2009, y yo voy a soltarme un speech con sabor a Avatar, el último film de James Cameron (alias “el rey del mundo”). Tan sólo con sabor, porque llegadas estas fechas me apetece decir de golpe parte de lo que no he dicho durante el año sobre otras cosas.

Una parte importante de este blog está dedicada al cine, ya que es una de esas pocas cosas que me provocan sensaciones relevantes. Y eso que voy muy poco al cine, no por falta de ganas sino de tiempo. Antes de que nacieran mis hijas solía acudir un par de veces por semana a salas grandes y pequeñas, mientras que ahora la frecuencia se reduce a un par de veces al mes, como mucho. El resto, en casa y poco, no como antes que uno se tragaba la historia del cine paso a paso frente al televisor. El caso es que con o sin filmoteca, con o sin pequeñas salas, con o sin acudir a todos los grandes estrenos, la forma en la que yo me acerco al cine, apenas ha cambiado en todo este tiempo. Por más horas que haya gastado leyendo críticas sesudas y estudios para intentar alejar de mi aquello que mis ojos percibían, aislarlo como objeto de estudio y someterlo a las reglas de análisis de turno, a duras penas consigo olvidarme de lo que “en piloto automático” me entra al cuerpo limpiamente, igual que el viento frío de invierno perfora mis orejas calando el cuerpo y produciendo dolor a su paso. Sigo respondiendo por instinto, de una forma automática y casi inconsciente al fenómeno cinematográfico, y a veces (solo a veces) me apetece objetivar esa respuesta. Esta es la razón por la cual aquí no encontraréis jamás una crítica de cine, o una interpretación subjetiva vestida de crítica, o una retahíla de gustos y disgustos vestidos de crítica (o sea, sujetos a prejuicios)… Porque para hacer buena crítica, además de amar el cine, hay que ir bien armado, y yo siento amor por el cine, pero no por las armas (aunque me fascinen). Por mucha chatarra que guarde en el desván, no tengo ganas de subir a por ella y demostrarme mi torpeza. Así que, cuando ya no la cosa sino mi impresión lo merece, tan solo me suelto un speech. Si frecuentara las salas como antaño, siempre eligiendo, el cine tendría aún más protagonismo en este blog. Pero no es éste el caso.

Durante los dos últimos meses del año he visto: A Christmas Carol (R. Zemeckis, 2009), Paranormal Activity (Oren peli, 2009), El mejor lugar del mundo (Sam Mendes (2009), Monstruoso (Matt Reeves, 2008), Planet 51 (Jorge Blanco, 2009), y alguna otra que ni siquiera recuerdo. No han tenido hueco en este blog porque no provocaron sensaciones que me apeteciera redactar. Aunque todas me hayan gustado de una u otra manera. Lo mismo ocurre con los libros. Hay unos cuantos que no pasarán por este lugar.

Volviendo a Avatar. Hacía mucho tiempo que no caía en una ensoñación, y con el film de Cameron ha ocurrido. Tampoco sé si ensoñación es el término correcto. Me refiero a la emoción que a veces me produce el cine; emoción que rara vez se manifiesta y que, supongo, está vinculada a ciertos estados del ánimo. El ánimo, con la edad, se transforma. En mi caso, padezco una preocupante pérdida de entusiasmo (de ardor). Muchas cosas me provocan, si, pero negativamente, y tan sólo muy pocas lo hacen positivamente, así que cuando algo consigue provocar un poco de euforia positiva en mi espíritu, me siento rejuvenecer; esto es, recupero la inocencia… el blanco de los ojos, ja, ja…

De esta manera, me importan un comino las expectativas arrojadas sobre el film de Cameron: “el film que marcará un antes y un después en el desarrollo tecnológico del cine”. Mis expectativas eran otras: me gusta Cameron, siempre me ha divertido, haga lo que haga, y con Titanic me dejó seca. A mí, y a media humanidad que se entregó a esa pareja con olor a merengue, al sonido de los violines, a la fragilidad del acero del casco del monstruo marino, a la oscuridad del hielo que engulló el cuerpo amado, a las resonancias, rumores y susurros de ese amor… Y esperaba, más o menos, lo mismo. Dicho y hecho.

La primera idea que me vino a la cabeza al salir del cine fue que debía acudir la próxima semana para ver el film con mis hijas y sin 3D. Son pequeñas, pero no quiero que se pierdan un pico en pantalla grande. Porque Avatar es un pico. Una de esas montañas por las que caminaba Zaratustra cuando pasaba de lo que había más abajo. Y el cine, tiene muchos picos de estos. Y uno, repito, es Avatar; con todos sus defectos. No un punto de inflexión (que existen, si, pero son escasísimos y muy probablemente irrelevantes en cuestiones estéticas, emocionales, sensitivas…) sino un pedazo de pico como el Everest.

Avatar, puede y debe juzgarse en función de algo más que la tecnología empleada, que por cierto, es alucinante. Pero además, puede y debe sentirse como algo más que puro entretenimiento. Tan sólo por una razón: se sumerge, por momentos, en algo que pertenece casi en un 100% al cine de Hayao Miyazaki y esto es la complejidad de la naturaleza, y el individualismo del hombre dentro de ella. Esa (una vez más) compleja relación, resulta por momentos épica -sobre todo por lejana, por soñada- en Avatar.

Y lo que más remarca el film de Cameron -en su estilo- es un vínculo que no puede ser más que artificial para el hombre occidental, o sea: falso. Y es quizás esa “antinaturalidad” lo que más podría molestarme del film. Cameron nos presenta a un hombre cuya experiencia natural es posible a través del vínculo a una máquina pero la máquina no le traslada a un juego, o a un sueño, sino a una realidad paralela… Y resulta complicado mezclar ambos mundos si uno se para a reflexionar un rato, algo que -por cierto- resulta sumamente difícil de realizar con un film de James Cameron. Porque el autor sabe perfectamente lo que quiere conseguir, le mueve un entusiasmo difícil de igualar y carece de problemas económicos y psicológicos...

Respecto a la técnica, no creo que Avatar deba juzgarse exclusivamente en función de la tecnología empleada. El 3D lleva utilizándose muchos años y, desgraciadamente, todos los productos destinados a hacer taquilla deben acogerse a esta tecnología para conseguir beneficios. Los resultados son terribles. El 3D funciona por capas, lo que permite cierta inmersión en la escena (algo que también funcionaba con el 2D del Blancanieves de Disney), pero también provoca que los objetos se disparen sin ton ni son… Estos disparos, no son necesarios en Avatar… pero tampoco aparecen, lo cual resulta muy curioso. Mientras visionaba la película pensé que las gafas me sobraban -los colores, resultaban mucho más intensos sin ellas- pero hoy, que he acudido a la sala a ver otra película, me he fijado en uno de esos monitores que exhiben lo que muestran otras salas, y he podido asomarme a Avatar en 2D. Me ha producido una impresión extraña, quiero decir, he tenido un recuerdo extraño de lo visto, porque ese 2D parecía un videjuego cualquiera (por ejemplo Call of Duty Modern Warfare 2), así que he pensado que la técnica desarrollada por Cameron probablemente tenga mucho más que decir en 3D. Muy probablemente “entramos” en el film de esa forma tan especial y espectral gracias al 3D.

Para disfrutar de una gran crítica del film de Cameron (en sí mismo considerado) os remito al blog del crítico Tomás Fernández Valenti. Tal y como él dice, “creo que el film de Cameron tiene suficientes méritos y puntos de interés para considerarlo una buena y a ratos notable película de aventuras fantásticas”.

Yo me lo pasé bomba y ya veremos si se me ocurre algo más digno de contar cuando la vea por segunda vez en pantalla grande y en 2D.


Feliz entrada y salida de año a todos.

6 comentarios:

Maria Infante dijo...

Ayer disfruté de Avatar, no quizás tanto como me hubiera gustado (creo que me hago mayor porque ya no soporto ni el vuelo de una mosca en el cine), es una película que le ha devuelto las largas colas a las taquillas de los cines y probablemente estemos ante una de las históricas (tropecientos miles de Oscars). Creo que invita a reflexionar sobre un montón de cosas, pero también y por desgracia, pienso que esa reflexión no la provocará la película al espectador medio. Preciosa, para verla otra vez y apuntar las citas, jajaja.
Sea o no en 3D, hay que verla en el cine.
Y no te comas el coco, lo mejor es escribir con las entrañas :-)

(el Oscar me lo llevo por leerte el post entero, jaja).
Feliz año

Vera dijo...

La próxima vez que nos veamos, te llevo uno de chocolate, si lo encuentro (un oscar :-))

Besote y no me digas más eso de que no me coma el coco... No sé hacer otra cosa, querida.

Daniel dijo...

Puede que no emocione, pero entretiene por su ritmo e impresiona por su tecnología, que no es poco. Spielberg ha comparado Avatar con la experiencia de ver Star Wars (la de 1.977) por primera vez. Aquella película, como Avatar, no tenía grandes diálogos, interpretaciones intensas o un guión muy profundo que digamos, pero gracias a unos efectos especiales nunca vistos en su momento consiguió introducirnos en un mundo nuevo y creó un nuevo concepto de cine espectáculo, el que a día de hoy ha degenerado en lo que conocemos como “blockbusters veraniegos”. Avatar probablemente ha hecho lo mismo para el cine en 3D, aún en pañales y que después de una visita a Pandora empieza a revelarse como una posible herramienta para acercarnos más a la historia y, quien sabe, en un futuro quizá hacernos sentir como Mia Farrow viendo a Tom Baxter (“poeta, aventurero, explorador, de los Baxter de Chicago”) salir de la pantalla para preguntarla por qué la gustaba tanto ir al cine. Avatar no llega a tanto, pero sí nos ha dado una razón para volver a las salas, aunque solo sea para recordar lo que sentimos cuando nos acercamos por primera vez a la estrella de la muerte para salvar a la galaxia.

Vera dijo...

Precioso, Dani. Yo intenté decir algo así en el blog de Valentí y me salió como el culo :-)

Feliz navidad y feliz Avatar!!!

Daniel Rodríguez Elices dijo...

Gracias! :-D
¡¡Y feliz 2010!!

Alp dijo...

Estaba preparando una breve entrada, pero como te has adelantado...
James Cameron tiene acreditado oficio; nadie le discutiría a estas alturas capacidad para realizar película con buenos rendimientos en taquilla... No obstante, sus resultados creativos nunca me han gustado demasiado, hasta el punto de que para mi gusto, su mejor película es "Mentiras arriesgadas"... Si, ya sé que al decirlo arruino mi imagen, pero con ello deseo manifestar que "Titanic", "Terminator 2" o su versión de "Aliens" me parecieron buenos diseños de producción y poco más, mientras que "Mentiras arriesgadas" ofrecía matices cómicos casi olvidados en Hollywood. En eso estoy de acuerdo contigo, Vera.
Algunos destacan Avatar como un punto de inflexión en el desarrollo de la industria cinematográfica, acaso como la película más importante del año... logro no demasiado difícil, por cierto. Pero según mi juicio, Avatar es, ante todo, un espectáculo, acaso, un espectáculo visual grandioso, que resultará muy grato para muchos espectadores porque, además, desarrolla un argumento integrado a sangre y fuego entre nuestros valores culturales más queridos. Sin arriesgar mucho, se puede decir que serán pocos quienes se arrepientan de haber pagado la entrada... Es un cuento dramático de hadas que integra nuestros miedos añejos y nuevos (se habla de "guerra preventiva"), nuestras esperanzas (la conservación del equilibrio ecológico) , nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza... Lo has explicado muy bien y, por consiguiente, paso a lo negativo.
Lo peor: algunos arquetipos iconográficos recuerdan demasiado a los indios norteamericanos de las versiones posteriores al "Pequeño gran hombre", de A. Penn o a "Un hombre llamado caballo", de Eliot Silverstein, ambas de 1970. Los indios que vivían en equilibrio con la naturaleza se vieron sorprendidos por blancos ambiciosos y sin escrúpulos... En Avatar, el guión da unas cuantas vueltas de tuerca a la misma idea hasta llegar a un panteísmo para socios de Greenpeace... Demasiado bucólico y pastoril... como si alguien hubiera leído ciertas cosas de Rousseau al oído de Cameron y éste se hubiera enterado de la mitad del discurso. El desarrollo de la civilización y de la cultura abren la puerta a los "vicios" y, sobre todo, al establecimiento de una forma de relación "antisimétrica" con la naturaleza. El ser humano construye edificaciones, domestica el fuego y, de inmediato, puede remodelar su relación con los ciclos naturales... por no hablar de la "manipulación" de las gramíneas. La utopía de las sociedades perfectas quedó, propiamente, en eso, en utopía. Aunque, naturalmente, complace disfrutar de ella... Por eso de lo de "cuento dramático de hadas".

¡Feliz año nuevo!