28/2/10

Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. Charles Bukowski (Anagrama, 2009)


Escribe Bukowski en sus notas sobre la vida de un poeta entrado en años lo siguiente: “Me sondearon de cara a hacer algún recital de poesía y acepté. No me gustaba recitar, era una hora sumamente terrible, pero era supervivencia y era una manera rápida de costearse la supervivencia, algo así como atracar una bodega. Tenía la sensación de que el público no estaba interesado en la poesía; estaba interesado en la personalidad. ¿Qué aspecto tenía el poeta? ¿Cómo hablaba? ¿Qué ocurría después del recital? ¿Tiene el mismo aspecto que sus poemas? ¿Qué opinión te merece? ¿Qué tal crees que será en la cama?”

Hace bastantes años, cuando comencé a leer de mentira, buscando los autores, intentando amarrar todo aquello que consideraba debía arrastrar día a día como complemento a mi cuerpo, al peso de mi cuerpo, pensaba que todo lo asombroso (por la razón que fuera) ante mis ojos debía turbar del mismo modo el funcionamiento de mi intestino. Pero no sucedía así. Con el tiempo sucede que uno cree comenzar a leer de verdad - tan solo lo cree, porque sabe que es falso-, y todo aquello que pasó por alto sobre un foco de atención que tan sólo buscaba perspectivas lineales, comienza a descender suavemente -aún sensible a interferencias- hacia el cuerpo; y como polvo lentamente reposa para abandonarse después, comenzando a pesar, terminando embebido en la piel hasta desaparecer.

Y eso es todo.

Jamás he prestado atención a los textos de Bukowski, pero ahora, los Fragmentos de un cuaderno manchado de vino han caído en mis manos por casualidad y, como partículas, han quedado embebidos en el cuerpo. Me siento muy afortunada de haber conocido de esta manera a la persona, al alter-ego, a ese hombre que era capaz de decir (igual que yo en sueños - igual que muchos de nosotros-) “soy un genio, soy una mierda”, ambas cosas con la misma carga de verdad y de mentira, la misma de amargura y de gloria, de ironía y franqueza. Leal a sí mismo, y a toda su mierda. Así he conocido a Bukowski.

De esta manera, me resulta intocable. Supongo que ni él mismo se encontraba para poder herirse, ya que se mantuvo bien seguro allá abajo, sumergido en una mezcla de etanol que disolvía el dolor que produce el peso de la razón. Y en aquellos momentos en los que hubo que caminar por tierra firme, a buen seguro lo hizo rodeado de vapor, de todo lo disuelto sublimado.

Dejo aquí una curiosa (por la forma) entrevista a Bukowski realizada por Sean Penn. En español e inglés.

1 comentario:

pantalón dijo...

me pasó lo mismo, siempre lo había tenido presente como "uno a leer" pero lo conocí bien con este libro, el único que encontré en una biblioteca de barcelona hace unas semanas. Es increíblemente inspirador y te llena de fuerza. Ahora me voy para otro lugar y tengo que devolverlo, sin terminarlo..sabés si hay alguna versión digital? contestame a germanruhl@gmail.com si te hacés un ratito, gracias!