2/2/10

Los límites del control. Jim Jarmusch (2009)


Venga, vamos a hablar de cine que ya está bien de Avatares y Sherlock Holmes. No vaya a ser que las hordas de fanáticos seguidores intelectuales de este blog decidan eliminar la subscripción y cambiarla por una a infocorazón (que no tiene nada que ver con las anginas de pecho sino con los pechos y las anginas).

Si existe un cineasta raro (de lejos), ese es Jim Jarmusch. Además de poseer un aspecto raro y unos gustos raros, lleva un cartel colgado al cuello que dice así: “soy un director independiente”. Pero visto más de cerca, resulta un tipo de lo más normal. Y si no, veamos este vídeo en el que habla sobre la música que le gusta y que, habitualmente, elige para sus películas. Fijaos si es normalito, que hasta su inglés resulta más legible que el español que se habla en cualquiera de los lugares por los que se pasea Isaach De Bankolé, el más puro ejemplar de arte africano vivo y protagonista de su último film Los límites del control.


Así es. Jarmusch es un tipo normal que hace sus cositas a su manera, tal y como sus sentidos dictan. Como cualquier otro ser humano, percibe, comprende, imagina y recrea el mundo (y los acontecimientos que en él suceden) con libertad. Y no viaja solo: le acompañan la música, la literatura, el vacío, el tiempo, los silencios, el tránsito, los viajes, su particular percepción de todos ellos... Todo muy normal.

Win Wenders es otro tipo raro. Tiene una película (entre otras tantas) maravillosa que se llama Lisboa Story. En ella, se narra el viaje a Lisboa de un ingeniero de sonido que espera encontrarse con un cineasta alemán para trabajar juntos en un proyecto. Al llegar a Lisboa, el director no aparece; tan sólo quedan unas cintas con imágenes mudas registradas. El ingeniero, entonces, se pierde en la ciudad con el propósito de encontrar los sonidos a las imágenes de su amigo.

En este caso Wenders viaja, quizás, con el recuerdo de directores perdidos en aquella época, con el casco viejo de Lisboa, y con la música de Madredeus. Y con ello, dicen algunos, realiza su homenaje particular al cine (igual que se podría decir que homenajea a la música cubana en Buena Vista Social Club o al blues en The soul of a Man). A mí los homenajes me resultan sospechosos, no me gustan, y tampoco doy por hecho que Wenders homenajee a nadie en este film.


Pues eso. Algunos dirán que estas pelis son un coñazo infumable, que el director está aburridísimo y se lía a rodar documentales sin tener ni idea de lo que quiere hacer, o se calza un homenaje para salir del paso. Otros dirán que ya está bien de teoría y plano largo subjetivo con aburridas vistas interminables porque lo que quieren es práctica, hechos, historias que se puedan contar y, en definitiva, práctica: al ritmo-ritmo y al tema-tema. Si además, el comentarista (que no crítico) de turno es “docto”, “compondrá un compendio” de insultos bien ilustrado que nos dejará taciturnos primero y enojados después.

Pero volviendo a eso del librepensamiento, ni que decir tiene que cada uno ejerce la libertad como le place, y que dicha libertad está subordinada al lenguaje (el que cada cual utiliza para descomponer y entender, para componer y crear)…

Dicho esto vuelvo a Jarmusch y a su último film Los límites del control. Para traducir a Jarmusch, uno tendría que sentarse con él a fumar cigarrillos y tomar café, y, al mismo tiempo, deleitarse imaginando zenitales (que no genitales, o también) de una mesa con tazas y cenicero. Lo mismo empezábamos a hablar de música, de literatura, de Rimbaud, Burroughs, flamenco, drone doom, doom metal y rock psicodélico, de Madrid, Almería y Sevilla, de graffitis y…; quizás nos enseñara su cuaderno cuajado de notas propias y referencias. Encontraríamos en él referencias ocultas a una sociedad americana desmitificada, a los extranjeros (extraños) que sin conocer el territorio ni el idioma consiguen por arte de magia comunicarse, a la necesidad y gusto por un vacío argumental -austeridad narrativa- poblado de referencias visuales…, a una especie de ojo ambulante…

Entre las referencias visuales de ese ojo ambulante en Los límites del control anoto una vista sobre Madrid de Antonio López (que surge de un precioso fundido encadenado entre la imagen real y la pintada), un instrumento musical de Juan Gris, una tela blanca y arrugada de Tàpies y una mujer desnuda de Roberto Fernández Balbuena. En todos los casos, el protagonista observa el cuadro antes del acontecimiento real al que se encuentra visualmente vinculado, pero en el caso de Tápies sucede al revés: primero una sábana arrugada que esconde mucho más que el cuadro (que tan solo presenta un artificio semicrucificado y forzado del paño blanco) y, después, el cuadro.

No dejan de ser tontunadas (estas sobre las pinturas del Reina Sofía y todos y cada uno de los planos del film, muchos de ellos muy pictóricos). Tontunadas que me dicen algo y, por lo tanto, me gustan. Sin más. No considero a Jarmusch como uno de los mejores directores de la historia, ni siquiera me gusta su cine… y acabo de decir que me gusta… Pero, ¿qué determina la experiencia?, ¿la oscilación que produce en el cuerpo?...

Aquí el trailer y un link a la BSO del film.

2 comentarios:

El Merodeador dijo...

En una sociedad donde todo el mundo parece que tiene algo que decir, se aprecia y valora el que alguien pondere el peso del silencio. Esta apreciación es aplicable al movimiento, al tiempo y a la inteligencia. Considero que Jarmusch a diferencia de tipos igual de modernos como Guy Richard o Tarantino, emplea el cine para expresarse, y no al reves. Y por eso le admiro, respeto y disfruto. Hastamasver.

Anónimo dijo...

Es tan peligroso y difuso lo que narra, que no encuentro un modo más eficaz de hacerlo que a través del silencio.

A pesar de abusar del suspense, la película se convierte en grande al describir, con tanto ingenio, el futuro que les espera a muchos hombres, apestados y molestos para otros hombres menos apestados pero más molestos para los primeros.


"Quien se crea grande, que vaya al cementerio..."

"La realidad es arbitraria"


Yo añadiría:

"El primero que lo huele, debajo del culo lo tiene".