16/5/10

Circo de fieras (Fernando Marañón, 2010).


El circo y el mundo van unidos. Y afirmar esto no supone novedad alguna, ya que tenemos a nuestras espaldas 3000 años o más de cultura corporal. Pero hay algo inherente al espectáculo circense que resulta mucho más inquietante. Este “algo” adquiere notoriedad si comparamos el circo con el teatro. No hay que estrujarse demasiado el cerebro para pensar y entender que la vida es un teatro, que la vida es sueño, y que somos una banda de alienados que tan sólo interpretamos un papel. Lo difícil es saber por qué, para qué y para quien. Esto si que requiere estrujarse los sesos un poco más. O no tanto. Porque tan sólo necesitamos comparar circo y teatro para darnos cuenta de que la vida tiene mucho más que ver con el circo que con el teatro. La vida vista desde dentro, no desde fuera; la vida desde las entrañas de las que surgen resignación, mansedumbre, docilidad, obediencia, sumisión, resistencia, dolor, pasión, intolerancia, rebeldía, ira y salvajismo…

Si. Teatro y circo no tienen nada que ver ya que el primero surgiría (al igual que otras artes) de la mímesis o deseo de imitar, produciendo no más que representaciones, mientras que el segundo es pura vida. Bajo mi punto de vista, Phatos. Aristóteles comienza en su Poética afirmando que el hombre goza con la imitación y que todas las artes vienen a ser imitaciones que se diferencian en base a los medios utilizados, los objetos imitados y la forma en que se imitan. La tragedia y la epopeya, por ejemplo, imitarían a personas nobles; la comedia, sin embargo, imitaría a personas de menor calidad destacando no cualquier especie de vicio, sino tan sólo lo risible, que es una variante de lo feo. Lo risible (dice Aristóteles) es un defecto y una fealdad sin dolor ni perjuicio, y así, por ejemplo, la máscara cómica es algo feo y deforme, pero sin dolor. Sin dolor para el público que asiste al espectáculo y espera, de una forma u otra, disfrutar del mismo. La tragedia (continúa Aristóteles) generaría la famosa catarsis en el espectador que experimenta (protegido en la distancia) la compasión y el miedo, purificando su alma de esas pasiones al instante. Pero esto, insisto, es tan sólo teatro.

En el circo no hay actores, sino personas que sufren. Si me coloco en un extremo debo viajar hacia atrás en el tiempo para llegar al Circo Máximo y encontrarme con algún condenado, esclavo o prisionero de guerra obligado a participar en la función como gladiador. Este espectáculo de circo garantizará un efecto catártico en el público, y al mismo tiempo, un patetismo trágico “real” en el gladiador. Porque este último vive (sin remedio) como gladiador. No mimetiza ni interpreta.

Pura vida es el circo. Y la vida es un circo en el que sufrimos pensando quién coño no está observando divertido. Quién sufre el efecto catártico a través de nuestra “representación” vital.

Le preguntaban a Fernando en una entrevista qué personaje sería en su circo de fieras. Responde primero divertido “el lanzador de cuchillos” y después, más serio, “cronista”. Interesante.

Fernando Marañón está fuera de la fauna (de la jaula, del circo), y al mismo tiempo dentro. Tiene la facultad de entender profundamente lo que somos y, al mismo tiempo, reírse de ello. Circo de fieras provoca una sonrisa inteligente, no amarga, no trágica, no fácil. No vamos a asistir al circo como espectadores; estamos invitados a encontrarnos dentro de la jaula. ¿Seremos un tragador de fuego hastiado de “aguantar mecha”?, ¿un hombre bala deseando ser engullido por un espacio que le reciba como hombre y no como bala?, ¿una encantadora de serpientes sadomasoquista y enfurecida cual Salomé?

El circo no es más que la tragedia de la vida, de nuestros deseos y temores, del impulso de vida y de muerte que nos hace merecedores del apelativo “ser vivo”, “fiera”… y de ese otro (no menos importante) sometimiento al que voluntariamente nos entregamos para vivir “entre otros” y para (íntimamente) controlar a la fiera que llevamos dentro.

Circo de Fieras es la última obra publicada de Fernando Marañón. Está editada por AACHE dentro de la colección “Letras Mayúsculas” y podéis encontrarla en La casa del libro y la Librería Fuentetaja entre otras. El pasado jueves 6 de mayo se presentó en el Hotel Kafka, y durante este fin de semana estará en la Feria del libro de Guadalajara y esperemos que venga a la de Madrid.

Aquí, una entrevista con Fernando durante la presentación en hotel Kafka.



Querido, te felicito. La segunda lectura de Circo de Fieras ha sido mucho más gratificante que la primera (que ya lo fue) y, además, promete… lo cual significa que esconde mucho más que lo que muestra. Esto es que invita a participar en la función… No sé por qué pienso que podría evolucionar y seguir llenándose de pequeñas historias que no serían más que un prólogo de la aventura de vivir.

3 comentarios:

Emilú Soares dijo...

Gracias por esta recomendación, Nines. Tu comentario es estupendo. Seguro que tú y yo estamos en la misma jaula.

miles de besos

Vera dijo...

Gracias a tí guapa. A ver si nos encontramos en tu próxima visita. Besos.

Anónimo dijo...

Gracias por la crítica. Y que conste que me identifico con el lanzador de cuchillos porque cada relato pretende ser eso, un cuchillo.
abrazo
F.