14/7/10

Air Doll (Hirokazu Koreeda, 2009)


Esta peli es como un haiku. Y si, no he leído muchos haikus pero tampoco he visto mucho cine japo así que no me pidáis explicaciones.

Bueno… venga.

El haiku, supongo, está influido por el zen. Y ¿qué es el zen? Pues ni p* idea. Pero cierto es que estas palabras están rodeadas de un halo de naturalidad, sencillez, sutileza, austeridad, … ¿eternidad?

Tan sólo puedo hablar de Junichiro Tanizaki porque leí su Elogio de la sombra hace muchos años y esto me llevó a asistir de oyente a las clases de Carmen García Hormaechea en la Complu… Todo un año estudiando Arte de India y el Sudeste Asiático, creo recordar.

Decía Tanizaki en su librito que la oscuridad es la condición indispensable para apreciar la belleza de una laca (por ejemplo). Ahora todos estamos acostumbrados a ver lacados blancos, pero según Tanizaki, la superficie de las lacas ha sido negra, marrón o roja, colores que constituían una estratificación de no sé cuantas capas de oscuridad, que hacían pensar en alguna materialización de las tinieblas que nos rodeaban. Es curiosa la comparación que hace en su libro entre esta intimidad de lo oscuro, lo sombrío, lo que permanece bajo la pátina del tiempo y lo llamativo, chillón, vulgar. La luz solar o eléctrica vs la luz de una lámpara de aceite o de una vela. Si colocamos los objetos llamativos bajo esta luz, adquirirán profundidad, densidad y sobriedad. Hasta el oro molido ha de ser visto en algún lugar oscuro (dice el autor), en medio de luces difusas que por instantes revelan uno u otro detalle, de tal manera que la mayor parte de lo suntuoso decorado, constantemente oculto en la sombra, suscita resonancias inexpresables.

“La penumbra, el claroscuro, las entonaciones de la sombra, liberan velados reflejos del vacío que el Japón tradicional, bajo el influjo del zen, intuye como la íntima trama del ser…”

De esta manera me acerqué yo, con mucha sutileza, a algunas tintas y cerámicas de China y Japón, y a algunas de las más importantes piezas del arte indio que ya no está en la India sino (en su mayoría) en Berlín. Lao Tse, Confucio, Buda, la trimurti Brahmā, Vishnú, Shivá y el universo al completo sobre unos cuantos rollos verticales, piedras talladas y cerámica variada. “El misterio del universo lo revela por excelencia el arte pictórico” escriben en la intro del libro de François Cheng “Vacío y Plenitud”. Y a través de Cheng, quizás podemos llegar a percibir parte de ese vacío y esa plenitud en la pintura de montaña-agua (o paisaje).

Esa “relación” en la distancia que puedo yo tener con oriente (porque no olvido que soy de occidente, es decir, de que jamás podré sentir el zen, budismo, taoismo o lo que sea porque mis raíces tienen nombre griego - creo -) se la debo al arte. Y estoy muy orgullosa de haber acercado mi hocico a ese otro mundo de esta forma tan discreta y tan distante. También estoy orgullosa de haber estudiado ciencias, de preocuparme por lo muy pequeño (su estructura y comportamiento) que anima nuestro cuerpo y provoca la vida, y de seguir de forma indirecta el comportamiento y estructura de lo infinitamente pequeño cuando no forma parte de lo vivo, sino de algo mucho más complejo y “aparentemente” caótico.

Ah… la peli. Si. Pues como decía, el film de Hirokazu Kore-eda me sabe a todo esto. Es una auténtica maravilla visual cuya “poesía” es muy difícil de atrapar. Yo la atrapo a mi manera, que es la que he intentado escribir aquí.

Y obviamente, esto no tiene nada que ver con el film, sino conmigo misma y muchos detalles que me recordaron el nivel de sutileza que puede llegar a adquirir un oriental. Por ejemplo, me conmocionan los planos de la “sombra” de la muñeca, sus costuras, su cuerpo desinflado humano y de plástico al mismo tiempo. En definitiva es la calma, el hieratismo, la contención y elegancia para expresar sentimientos universales. Algo así como lo que intentaba expresar Tanizaki en su elogio de la sombra…

Air Doll está basada en el cómic ‘La figura neumática de una chica’, de Yoshiie Gouda. El guión (al que pongo más de un pero) nos muestra el momento en el que una muñeca hinchable despierta a la vida para descubrir un deseo por todo lo que irremediablemente han perdido aquellos que llevan mucho tiempo vivos. Inocencia, identidad y soledad abrumadora en una especie de ensoñación que pasea por la ciudad de Tokio. Pongo muchos peros al guión porque mi mente racional intenta encontrar una razón que se dispersa y que provoca una sensación de banalidad intelectual, así que para qué hablar más… Me llevo mal con el dulce juego entre fantasía y realidad que tan bien parece manejar el autor, entre la tragedia y el puro divertimento. La protagonista del film Donna Bae, es un puro ejemplar de Cosplay más que un pedazo de actriz. Y seguro que es más lo segundo que lo primero, pero mi mente racional me atora…

Así que, como en el arte, me quedo tan sólo con la impresión sin llegar a la emoción.

3 comentarios:

Emilú Soares dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Emilú Soares dijo...

Me has emocionado mucho. Es una pena, pero se me ha pasado esta película. Es muy difícil conectar con tus intereses en la avalancha de Londres.
La Señorita Cometa te envía un gran abrazo y te da las gracias por atrapar las cosas bellas a tu manera y compartirlas.
Justo esta mañana me acordé de que debería escribirte, para que sepas que sigo aqui. Missing.

vera dijo...

Ya te escribo yo... Estoy de vuelta de vacas y me piro mañana de nuevo, besos.