14/10/10

Vapor que quema. Genova (Michael Winterbottom, 2009) y The Visitor (Thomas McCarthy, 2007).


Cada vez estoy más convencida de que la belleza depende de nuestra mirada. Como dice Juan Manuel de Prada no hay amor sin una mirada previa que nos modele, del mismo modo que no hay belleza en términos asépticos o absolutos, sino que la belleza, para existir, requiere de unos ojos que la deletreen y celebren.

Continúa diciendo Prada que “la inteligencia suprema” que nos soñó quiso crearnos incompletos, y quiso también intercalar en nuestras vidas a otras personas que nos completaran –nos embellecieran– con su mirada. El error de Narciso consistió en sustituir esa mirada ajena por la mirada propia, en un acto de patética soberbia.

Esto que dice Prada (católico confeso) puede traducirse en términos menos trascendentes como una suerte de mirada que no es más que constructo social, artefacto inventado o construido que nos impide amar y disfrutar de una belleza que tan sólo nosotros podemos hallar, que no se encuentra allí para admirarla sino aquí mismo, oculta, y que tan sólo asoma cuando se complementa con otra cosa. La belleza nace de una unión, no existe de forma aislada. Pero desgraciadamente, este constructo social es la mirada de nuestra época y Prada la critica muy astutamente: “El error de nuestra época consiste en haber suplantado la mirada benéfica del otro por la mirada absorta de un individualismo estéril. Aspiramos a “gustarnos a nosotros mismos”, una empresa que cabría calificar de desdichada y autista, si no interviniesen en ella otros elementos que nos convierten en peleles manejados por el despotismo de cuatro mercachifles empeñados en secuestrar nuestra voluntad”.

Consciente de esta realidad -la de todos- puedo afirmar que lo que voy a escribir a continuación responde únicamente a mi mirada, que no es la vuestra, así que cada vez confío menos en que alguien lo entienda. O lo sienta, que quizás sea lo mismo.

Quería yo hablar de dos películas que me han gustado mucho: Genova (Michael Winterbottom, 2009) y The Visitor (Thomas McCarthy, 2007, estrenada en España en 2009). Una de las razones por la cual me han gustado ambas tiene bastante que ver con el extracto que transcribí del inicio de Las sirenas de Titán de Kurt Vonnegut en el post anterior. Hay algo que difícilmente puede explicarse con palabras, ya que responde a un dominio de la intensidad a la hora de transmitir sensaciones. Intensidad que tan sólo unos pocos saben transmitir gracias a un saber hacer (por supuesto), pero también a una sensibilidad especial a la hora de manejar los medios técnicos al servicio de la semántica fílmica.

Otra de las razones tiene que ver con la reflexión de Prada sobre la mirada. Quizás es que miro yo las cosas con cariño, porque lo que asoma por la red, nada tiene que ver con mis sensaciones. El primer film, Génova, ha sido ampliamente criticado por toda la “peña” (aunque no por toda, de hecho un crítico de los más respetados por mí y por gran parte de la comunidad intelectual en lo que se refiere a cine -¡Alabado sea el Señor!-, Tomás Fernández Valentí, la considera una de las diez mejores películas de 2009) lo cual me hace pensar, de nuevo, que poco tengo yo que decir al respecto que resulte creíble para el resto de la “peña”. El segundo, The visitor, puede haber pasado desapercibido para una mayoría que no atiende a las salas en VO ni a las nominaciones del Oscar que incluyen nombres desconocidos.

Yo, que pertenezco a ambos sectores mencionados, me encontré por casualidad con ambos films rastreando por la red ya que ni el tiempo ni las ganas me permiten evadirme en salas en versión original, o ir más allá de nombres como Vera Miles o Alfred Hitchcock. Pero como aún lerda, sigo siendo sensiblísima, no puedo dejar de afirmar que ambos films me parecen harto interesantes. Yo soy así. Aún descansada, sigo estando cansada. Aún feliz, sigo siendo infeliz… Superespecial.

The visitor posee un gran ingrediente, la figura de un increíble e irreconocible Richard Jenkins. Su presencia lo es todo, su mirada también. Creo que es una de las interpretaciones más memorables que he visto. Sobrecoge tanto su mirada que uno no puede decir más. El guión, la historia, lo que sucede, pierde sentido fuera de sus ojos. Ellos explican todo el vacío que un alma puede sentir y el valor para llenarla de nuevo con aquello que, directamente, elimina la puta sed. El resto bien puede ser un guión simple, una trama manida, un espectáculo más. Es la profundidad, la sencillez y el humor con el que -supuestamente (ya que tan solo es mi interpretación)- el director plantea la historia lo que la hace original y conmovedora en ciertos aspectos, salvándola de caer en el mero argumento convencional que supone la crítica social tan criticada por mí misma. Y es que el arte, y la belleza, lo salva todo… hasta el falso compromiso del arte “comprometido”. Es el recurso imaginativo (recordando el texto de Vonnegut), casi fantástico por lo raro, lo que más me ha gustado del film. La imposibilidad de que tal desvarío ocurra en la mente del protagonista, me rompió los esquemas y transgredió el convencionalismo del cine de crítica social. Si además disponemos de un actor que sabe transmitir con su sola presencia el vacío existencial que cualquiera puede sufrir en un momento dado, pues mejor que mejor. Si además el director es capaz de transmitir a golpe de montaje y gracias a su actor principal cierto esplendor en lo fortuito, la sabiduría en la elección que transmite el cansancio, la naturalidad que se adquiere una vez alcanzada y sobrepasada la frontera del miedo, la inteligencia emocional y el conocimiento interior que reduce a la mínima expresión todo convencionalismo social… pues resulta un film, como poco, interesante. Aunque, obviamente, podríamos destrozarlo. Ya se sabe que hoy podemos convertir un calcetín sudado en obra de arte, en comida, o en basura. Pero no es la intención de una servidora hacer esas cosas en este blog, así que, de momento, sigo hablando en serio y en mi idioma, que nada tiene que ver con el socialmente aceptado.


Genova es un arma cargada desbloqueada. Y no… no es una historia lacrimógena para las tardes de Antena 3 (como algún incauto se atreve a afirmar con descaro y desvergüenza). Si, desvergüenza. Porque yo entiendo perfectamente que ciertos seres se sienten en la butaca del cine y a los 5 minutos se arrepientan de estar allí y de haber pagado 7 euros… Lo comprendo, de verdad. Pero que luego con un par sueltes en tu página (que para eso es tuya y dices lo que te da la gana… que no digo yo que no) que la película es un truño infumable y que tú preferiste dormir, me parece una sinvergonzada. Todos tenemos gustos pero de ahí a vestirse de fallera mayor cuando lo que te mola es vestirte de zombie, va un abismo. Recuerdo cuando fui al cine a ver Sid y Nancy. Recuerdo a un trío de amigas de más de 50 que se metieron al cine… para salir escandalizadas a los 15 minutos. ¿Para qué coño se habrán metido aquí?, me pregunté yo… Pues eso. Génova es un plato rebosante de chile. Pica que te cagas. Así que no entiendo cómo alguien puede dormirse viéndola… Pero bueno. Quizás es que la historia de un vacío tan traumático que te deja seco y herido en profundidad sea un buen somnífero para algunos. Quizás es que la elección de Génova y sus calles como receptáculo de la desesperación da sueño; quizás la elección de un montaje prodigioso que criogeniza los tendones hasta hacerlos estallar tan sólo llega, en algunos casos, a producir un ligero letargo… Paparruchas. Génova grita, si… pero supongo que gracias a su director, se transforma en calvario absoluto, trascendente… mortal y vacío. Y tener que vivir con eso, sacar fuerzas obligadas para vivir con eso, porque estamos vivos y queremos vivir… transforma este calvario en una hermosa y sublime obra de arte por momentos. Tan sólo me interesa en este film el poderío para transmitir la tensión, el miedo, la soledad y el vacío que uno siente cuando algo va mal… y si ese algo va muy mal el paisaje se queda sin horizonte, sin perspectiva, sin origen ni destino, sin camino posible. El paisaje resulta un infierno incontrolado del que tan solo puede salvarnos una tremenda voluntad de vivir como animales que somos. O quizás no nos salve nada y nos limitemos a caminar desorientados y con el esfínter en los sesos. Es un film intenso que ha dejado a más de uno con una sensación de vacío, como un intento frustrado de algo… Pero es que este film es pura frustración. Así que, ¿para qué más? ¿Por qué pedirle más a la historia?.. ¿Por qué se la define como una tragedia hueca? ¿Es que el poder para transmitir todo esto de una forma tan pura resulta hueco?


Bueno. No diré más. Ya sabéis que no me gusta contar de qué van las pelis. Tan sólo intento transmitir mi reacción ante fenómenos estéticos, no ante historias manidas que bien podrían aparecer en la revista Pronto o en Tele 5. Y es que, el arte está para eso… para sublimar. Y quien no perciba el vapor, que se fastidie. Porque el vapor nada tiene que ver con aquello que lo produce. El vapor tan solo quema. El de un cocido, y el de un estofado…

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Olé tus ovarios, empezando la entrada con De Prada dixit.
Con lo mal visto que está el muchacho últimamente.
Aparte, coincido con tu opinión en ambos títulos.
suyo afectísimo
el lobo

Vera dijo...

Ya, ya lo sé que hay que tenerlos cuadraos para empezar con Prada... Pero me persigue..., y a veces encuentro una frase suya que me sirve. Además, aunque meta la pata a fondo casi siempre... no hay que negar que sabe escribir y expresarse. En fin, si quitamos el tonillo religioso y lo de "la inteligencia suprema que nos soñó", me sirve como intro :-)))

¿Has visto las pelis?... A mí me dejaron "bocas", eso sí, las ví en inglés sin subtítulos, lo mismo ha tenido que ver, ja, ja...

Dr Zito dijo...

Si no fuera por Jenkins, The Visitor se quedaria en un producto para limpiar conciencias. Pero vamos, que se deja ver y que muchos peores cosas hay por ahi.

Vera dijo...

Más o menos, Zito... Pero su presencia es tan grande que lo colma todo. Pero además, creo que el director hace algo, el film juega con el silencio, el espacio y el propio Jenkins de una forma un tanto especial. Al menos a mí me gustó. Y ella también me gustó mucho. La historia, en realidad, me importa un bledo.

Alp dijo...

Si partes del juicio de un "trepa" sin otros principios que su conveniencia, puedes llegar a cualquier sitio. Tu inteligencia no necesita amarres tan pobres, porque la habilidad literaria de ese imbécil se diluye en la cita. Evidentemente, la belleza como "concepto" requiere de la capacidad de elaboración de nuestro cerebro... Tú misma lo acotas muy bien unos renglones después. Siempre hay que contar con el componente subjetivo del juicio estético, pero en términos relativos, con frecuencia sucede lo que hemos discutido mil veces: un juicio personal que comparten el 90 % de los individuos... ¿Es subjetivo u objetivo? ¿Y si los individuos del 10 % restante, a la hora de emitir el juicio, está más atentos a razones periféricas que a responder con "sinceridad"?
Por lo demás... agradezco mucho tus juicios cinematográficos, que en este caso seguramente compartiré.

Vera dijo...

Te contesto en dos comentarios porque no me cabe, Alp. Hablamos de juicios que siempre son subjetivos… aunque el 99% de la humanidad piense lo mismo sobre una cosa “artística”, ese “pensar” siempre es subjetivo. No es la cantidad lo importante sino el método de juicio en un sentido, el grado de percepción en otro, … si llegamos a la ciencia, todo esto cambia, ya sabemos.

Por eso, la crítica de arte, de cine, de literatura, está plagada de discursos aparentemente “técnicos” (recuerda, de nuevo, a Sokal) que no son más que opiniones subjetivas que casi nunca tienen que ver con el objeto en sí mismo sino en comparación con un montón de cosas más. La historia sobre el ¿por qué? se disfrazan de técnicos es larguísima y tu y yo hemos hablado sobre ella infinidad de veces. Pero resumiendo a lo bruto… hay que imitar a la ciencia y eso da risa. Valoramos con respecto a un canon, siempre ha sido así. Este canon puede llamarse “siete cabezas y media” o “drama urbano retro”… me la refanfinfla.

Respecto a lo que comentaba en el post, me gustaría que en primer lugar la gente confesara: “esto no me ha llegado” o “esto me llega” y después, que diga lo que le de la gana. Encuentro infinidad de comentarios que culpan al film de cosas que no se dónde se encuentran, a menos que sea dentro del propio individuo que las critica. Y tragarse un montón de mierda técnica y “cultura” cinematográfica que esconde lo que esconde resulta una pérdida de tiempo.

Vera dijo...

El caso de estos dos films es claro. El primero es una historia de “crítica social/política (¿)”… Si yo contara con esto lo desterraría inmediatamente. Como dice Zito en el comentario, si no fuera por el actor principal no sería más que un producto para limpiar conciencias. ¿La conciencia de quién?... la mía, desde luego, no. Sólo un adolescente puede dejarse impresionar por el lado “crítico” de algunos films… La mera “crítica” (que en esta sociedad nuestra es un esperpento, el discurso no existe). Si no fuera por los recursos estéticos, el tan difícil arte de “criticar” a través de la poesía, todo estaría perdido. Es ahí donde “The visitor” acojona, porque el “tema” del film no es (para mí) que deporten a un pobre sirio… El tema (para mí) es otro. Acojona el “paso” aleatorio que da el protagonista (un economista, profesor, respetado, gris, etc…), el “giro” que da a su vida sin que se note. Acojona la “atención” que presta a “algo” a lo que “cualquiera” no atendería (ni él mismo, qué leches). Y eso a mí me sobrecoge. Porque si muchos hicieran lo mismo esto se iría a tomar por saco, ja, ja… Pero en el fondo, dedicamos tanto tiempo a hacer el gilipollas que bien valdría plantearse hacer algo con la vida de uno antes de que sea demasiado tarde. En realidad, existen millones de tipos como el protagonista del film, pero ninguno actuaría igual que él. Ni se le pasaría por la cabeza en ningún momento atender a un impulso que si estás en tu sano juicio resulta “estúpido” y “casi infantil”… Pero el, lo hace. Y eso, me descoloca, me divierte. Creo que ante todo es un film divertido y Jenkins hace que participes en ese juego. El resto es una gilipollez. Pero… creo que el director ayuda soberanamente en el desarrollo de ese juego, por eso me gustó el film. Y, por supuesto, no me refiero a “la atención” que presta al sirio… y su difícil situación en USA… no. Me refiero a “tocar bongos” (o como se llame el instrumento), ja, ja… Y no he querido decir esto en el post porque no me gusta revelar cosas del film. Por eso, todos los comentarios que he leído negativos me parece que cuentan con un problema inicial de percepción. Y ese problema, por no ir de “docta” digamos que reside en que “ellos” no son “yo”.

Lo de Génova es lo mismo. Una historia dramática (traumática) y lacrimógena, acompañada de una BSO machacona para hacerte llorar por si se da el caso de que no lo hagas… Pero no. Génova es muchísimo más que eso. Es un proceso de purificación bastante currado de lo que es el dolor, la pérdida y el vacío. La desorientación, el miedo y la tensión en cada uno de los planos y escenas del film. Lástima que no sea en todas, porque tiene muchos momentos malos. Pero es que si es en todas, yo me hubiera desintegrado, directamente. Ahora bien, reconozco una cosa… soy madre de dos hijas y esto, supongo, tiene que ver con que me pasara el 100% del film llorando. Pero obviamente, no he tenido esto en cuenta a la hora de valorarla.

Siento lo de Prada, no volveré a hacerlo ;-)