30/1/11

Solo faltan los epítetos. The Wire, antes y después.



Way Down In The Hole. Tom Waits & Kronos Quartet featuring Greg Cohen.

Mucho tiempo ha pasado desde el día en que intenté ver The Wire a las doce de la noche en su versión original. Aguanté 15 minutos y decidí aparcarla hasta nuevo aviso.

Aquel encuentro programado tenía demasiadas cosas en su contra para dar fruto. Una serie totalmente desconocida que me llegó “prestada” y recomendada, cargada de comentarios y elogios que en lugar de animarme me cargaron de prejuicios.

He sido consciente de estos prejuicios justo ahora (y más de un año después) que termino la primera temporada tras tres días de sobredosis. He descubierto también que, paradójicamente, estos prejuicios se fundamentan en la experiencia y el conocimiento.

Ha pasado más de un año desde aquellos 15 minutos, tiempo suficiente para olvidar los comentarios que anunciaban el evento: “la mejor serie de todos los tiempos”, “con una trama en torno al tráfico de drogas en Baltimore”, “las implicaciones de la policía, la prensa, el gobierno”…, “y los chicos de la calle, reales como la vida misma”,… “algunos de ellos no son actores profesionales sino gente de las calles que actúan como secundarios”. Tiempo suficiente para olvidar todas las referencias que me venían a la cabeza: Corrupción en Miami, Munich, La tapadera, El padrino y toda la saga camorrera, James Cagney (Al rojo vivo y El enemigo público…), La ley del silencio…, A sangre fría, Capote, los telediarios, la política, la prensa, Michael Moore, los “niggers” de Tarantino y los cabreos de Spike Lee… Una locura, lo sé, pero mi cabeza es así.

Un montón de material excelente en su mayoría, que no sé muy bien por qué razón había creado en mi cabeza una fina capa estereotipada que motivó mis prejuicios. Si. Los prejuicios son juicios negativos, precipitados y sin fundamento que suelen surgir de la ignorancia y el desconocimiento. Efectivamente, ignoraba y desconocía la serie The Wire al completo, sin embargo conocía muy bien las historias maniqueas que forman gran parte de las producciones cinematográficas de género negro, thriller, etc… Algunas de ellas, como digo, excelentes. No conozco en profundidad este tipo de obras en literatura o televisión, pero algo hay. Así que, con todo esto, tenía yo montado en mi cabeza un pequeño sistema de reconocimiento de estereotipos que me tenía ya bastante cansada y quizás por esta razón pasaba ampliamente de The Wire; por muy buena que fuese su trama y muy naturales que resultasen sus personajes, me importaban un pimiento ya que los conocía perfectamente y, como casi todo en esta vida, me aburrían soberanamente.

Y ¿por qué he decidido ver The Wire? Pues por varias razones. La primera, la insistencia de aquellos que me la recomendaban. La segunda, el idioma. Cometí el error de ver el primer capítulo en versión original y, además, dejarme llevar por todo el slang que pululaba por la red, como si todos fueran de repente niggers soltando “true dat man, true dat”. En fin, que pasé de todo y la busqué en correcto español. Si, un sacrilegio, pero yo soy así. Quizás porque estoy hasta los higuillos de escuchar y practicar la lengua inglesa por todas partes y de ver todo en versión original, justo la serie de las series que debe verse si o si en inglés barriobajero, me la trago en español. Y ahí ando yo ahora, más feliz que una perdiz, revisando pieza a pieza la temporada uno, fragmentando los fragmentos en su versión original e indagando un poco más en lo que me queda por ver. Indagando en la superficie, por supuesto. Quiero saber quienes son aquellos que seguirán conmigo durante un tiempo. La veré en inglés también, completa y no fragmentada. A su debido tiempo.

Pasemos a las sorpresas:

1.- The Wire rompe absolutamente cualquier estereotipo imaginario relacionado con el Hampa o el mundo de las drogas y el delito. Digo imaginario porque no se ustedes, pero yo, jamás he estado vinculada a ese mundo ni activa ni pasivamente, así que mis referencias son todas literarias, cinematográficas, televisivas e informativas. O sea, cargadas de estereotipos.

2.- El mundo que nos venden (el cine, la tele, la literatura y -desde que existe la información a gran escala- la mismísima realidad) casi siempre es dual. Es un mundo de buenos y malos en el que no hay término medio. Un mundo de mierda por su simpleza y banalidad. The Wire, sin embargo, nos presenta un mundo sin buenos, sin malos y sin términos medios. Choca ¿eh? Si. Mola mazo. Por esta razón no tiene nada de simple. Es más profundo que el fondo de un átomo.

Por estas dos razones The Wire sorprende y conmueve. Y no hay más razones porque no hay más. No existe discurso racional posible que responda a la pregunta ¿por qué son especiales sus personajes? ¿por qué es especial la serie?

4.- No existe discurso racional, pero si emocional, intuitivo, sensible para The Wire. El espectador, igual que una planta, espera a sentir por dónde viene el aire, por dónde se acerca el sol. Nos sentimos igual que D'angelo barksdale en la escena de los acuarios, junto a Wee-Bey. ¿Sí o no? y ¿por qué no? o ¿por qué sí?, ja, ja… Es genial. Animales en peligro, eso es.

5.- Hay mucho de épica en The Wire, mucho héroe y mucho dios (sin mayúscula). Nada que ver con la realidad. Así que olvidemos eso de “realismo” porque va a ser que no. Ya me gustaría a mí que estuviera aquí Homero soltando epítetos para McNulty, Daniels, Freamon, Pryzbylewski, Omar, Bubbles…

6.- La estructura es sorprendente, desde la apertura a los créditos, la ausencia de música ambiental artificial y la presencia de música ambiental real, el montaje, la sucesión de escenas… Tan sólo hay una cosa que me ha “molestado” y es la percepción de cierta precipitación en los acontecimientos a partir del capítulo 7 más o menos. Vista la primera temporada, creo que podrían haberse tirado las 5 persiguiendo a Avon Barksdale. Espero que así sea.

Veremos a dónde me lleva el silbido de Omar. The farmer in the dell suena en sus labios como aquel En la gruta del rey de la montaña en los de Peter Lorre (M, el vampiro de Dusseldorf). Nada que ver uno con otro, tan sólo silban una canción infantil.



4 comentarios:

Juanjo Fernández dijo...

Sin ánimo de despejarte ningún aspecto de las futuras temporadas puedo decirte que no te decepcionarán, el mundo de las drogas, el dinero sucio, la incompetencia policial, la pasión mal entendida de McNulty por su deber, la corrupción política, la apatía y entrega periodística, todo eso está en la sucesión de capítulos que como biern dices te deja sin aire. Pero además de todo eso cada temporada se centra en un aspecto que convierte el conjunto de la serie en un atlas de las miserias de nuestra socieda, el puerto, en la segunda temporada, con la lucha de un sindicalistas contra la voracidad inmobiliaria que se lo come todo y con aliados que harían bueno a toda la familia corleone. Las intrigas políticas por la alcaldía en la tercera, la educación en la cuarta, imprersionante, y la prensa en la quinta. Y todo ello sin perder de vista lo más grande que aporta la serie desde mi punto de vista, la presencia contínua del individuo, sea cual sea, cada protagonista, cada secundario, cada figurante tiene una entidad propia sin injerencias por parte de los guionistas, sin juicios ni prejuiciois, son lo que son, y así te lo enseñan, y es lo que hace que la serie traspase todos los géneros que conocemos porque no hay un prisma único desde el que se nos enseña la realidad (sí, en este caso intuimos dolorosamente que es la realidad lo que nos enseñan) como en las series habituales.
Bueno ya me he extendido demasiado.
Yo vi la primera y la segunda hace una año, luego encontré la cuarta de segunda mano y un amigo me dejo la tecrcera, tras ver la tercera al final del verano volví a ver la primera y la segunda.

Vera dijo...

Gracias por el comentario. Totalmente de acuerdo con todo. Ya veremos que sucede a partir de ahora. Me queda mucho por ver, ja, ja... Pero estoy entusiasmada, tanto que me he puesto a leer a Dostoievski (asignaturas pendientes que tengo). El silvido de Peter Lorre me recordó a su interpretación de Raskolnicov en Crimen y Castigo. Así que me he agarrado a un tocho que me trajeron los Reyes Magos: Los hermanos Karamazov, ja, ja...

Un abrazo.

Juanjo Fernández dijo...

Uf, Dostoiesvski, a mi me da miedo tanto demonio interior, ya me contarás a ver si me animo. Yo tras unos cuentos de Camillieri con Montalvano como protagonista (qué delicia) empecé anoche con la biografía de Alejandro de Robin Lane, otro buen tocho, a ver que tal.
Abrazos

Vera dijo...

No sé, lo de los demonios me tira para atrás... pero si es la mejor novela de todos los tiempos hay que intentar, por lo menos, leerla. Lo he intentado con otras "novelas mejores de todos los tiempos" que dejé tiradas por el camino. Ahora le toca a esta.