23/2/11

Tres imágenes, tres películas…

Vaya un acelere con la carrera a los Óscar. Ya comenté (bueno, destrocé) aquí el otro día The Black Swan (que cuenta con 5 nominaciones) y me guardo en el cajón (de momento o para siempre) La red social (David Fincher, 2010) y 127 horas (Danny Boyle, 2010) no por nada en particular, tan solo es cuestión de “empaquetar” (que tengo prisa). Bien es cierto que ninguna de las dos me ha sorprendido demasiado (o, mejor dicho, nada), pero tampoco lo han hecho las tres de las que voy a hablar (bueno estas me han sorprendido un poco más, la verdad, por eso hablo sobre ellas)…

… Qué locuaz estoy hoy (me digo a mí misma), qué feraz, capaz, incapaz, sagaz, perspicaz, suspicaz y eficaz. No hay nada como trabajar como una mula de carga. Llega uno a casa después y las palabras fermosas y los razonamientos ingeniosos brotan como escarpias retorcidas en un madero viejo, hinchado y carcomido por el paso del tiempo...

¿Y qué tienen las tres pelis de las que voy a hablar que no tenga The Black Swan? Pues lo que tienen The King Speech (Tom Hopper, 2010), The kids are all right (Lisa Cholodenko, 2010) y The Fighter (David O. Russell, 2010) son actores. Ni más ni menos y entre otras bondades. Ni más ni menos que 7 nominaciones a la mejor interpretación se reparten entre las tres. Pero no son solamente las nominaciones y los actores (algo habitual), hay algo más. Y de ese algo más voy a hablar. Un algo más que, por supuesto, tiene que ver solamente con mi gusto en particular que a estas horas no sé muy bien dónde se encuentra pero… qué más dará digo yo. Si total, para gustos los colores, los disgustos y la pasarela Cibeles, que mola más.


Lo de Colin Firth no es una sorpresa, porque aún con su aire circunspecto, puede esperarse algo bueno de él en un film con las características de The King’s Speech. Pero su papel sobrepasa las expectativas. Un rey tartamudo, el Cameo (en realidad no es un Cameo, pero como si lo fuera) de Derek Jacobi (quién no recuerda su interpretación del -también tartamudo- emperador Claudio) y la presencia de Geoffrey Rush me hicieron temer estar frente a una nueva versión de My fair lady pero al revés… no sé, algo raro, raro… Pero no. The King’s Speech es una gran película, quizás la mejor que he visto en un tiempo - no sé cuánto tiempo - (ambigua y ambigüe total estoy hoy), y la interpretación de Colin Firth es sublime (para echarse a llorar -sin doble sentido que no estoy sarcástica sino ambigüe-) porque, como acabo de decir, Firth es circunspecto y sin perder su contención, nos brinda una interpretación sobrecogedora. Quizás podríamos tirar de las orejas al director por hacer que todos los personajes del film (hasta el Churchill interpretado por Timothy Spall) resulten demasiado “entrañables” en un momento histórico que, seguramente, requeriría de otros muchos adjetivos. En efecto, si algo se critica del film es su supuesta falsificación de la historia. Pero el guión original de David Seidler bien podría ser como la novela que Robert Graves publicó en 1934 (Yo, Claudio), una ficción. Nadie le pidió a Seidler un guión sobre las intrigas y tensiones previas al estallido de la Segunda Guerra Mundial, digo yo, así que no entiendo esas críticas. Él ha interpretado la historia a su manera, destacando ciertos detalles que tienen más que ver con la amistad y la complicidad que con otra cosa.


The Fighter también es una obra de ficción, aunque esté basada en un hecho real. Una vez más, los personajes tienen ese aire maravilloso de aquellos que poblaban las pelis de antes. Un aire imposible e irreal pero consistente en una ficción. En este caso es Christian Bale el que rompe el bacalao monstruosamente. Espero verlo en una foto junto a Colin Firth, cada uno con su estatuilla porque, curiosamente, Bale no opta al premio como actor principal, sino como actor secundario, así que seguro que se lleva el Óscar dejando a Geoffrey Rush (nominado por The King’s Speech) con las ganas (y que no se queje porque tiene ya un Óscar al mejor actor principal en Shine). Por lo demás, The Fighter es la típica historia de superación personal que tanto gusta a los losers americanos (porque losers solo los hay en los Estados Unidos, en España, por ejemplo, en lugar de losers somos pasotas independientes librepensadores superespeciales y proletarios que cada vez que vemos españoles en el mundo, inmigrantes por España, callejeros viajeros amantes del riesgo y lo oscuro sobrenatural espontáneo, madrileños submarinistas amantes también del riesgo y la aventura y demás historias de individuos que se lo pasan en grande dando saltitos alrededor del planeta y siendo superhappys, nos sentimos auténtica, enormemente gilipollas)… ¿Dónde estaba yo? Ah si, pues eso, que a nosotros The Fighter nos gusta porque Christian Bale lo borda. Bueno, lo bordan él y un par de chavalas (su madre y la churri de su hermano) que también están muy bien y, of course, nominadas al Óscar. Cuanta nominación, por Diós (con acento en la ó). Además, también el director lo hace bien. Sips. Porque la peli es algo así como una peli dentro de una peli y no digo más. El hecho y el facto (lo dicho, me salgo) es que (esperad, que me sirvo otro orujo de yerbas) tenemos un par de puntos de vista sobre una historia que caen en picado (como las escarpias retorcidas del madero del que antes hablaba) sobre los lomos (perdón, los huesos, porque el pobre está escuálido) de Dicky Eklund (Christian Bale) y (esta vez sí, sobre los lomos) de Micky Ward (Mark Wahlberg). ¿Demasiado paréntesis? Ya.


Me queda la última peli The kids are all righ (everything in english, of course, there’re so many words that sounds better in English, there’re so many ways to love…)… En este caso tenemos una historia simple que no tendría el más mínimo interés si no fuera porque la familia protagonista es “especial” (there’re so many ways to love…). Me explico a lo bruto y con spoiler, aviso: lo grande del film es que ilustra un momento en la vida de un matrimonio con dos hijos. Ese momento en el que uno de los miembros de la pareja se siente “raro” y - siendo más inestable que el otro- vive la típica “crisis de pareja” lanzándose al libre albedrío en plena efervescencia hormonal, libre albedrío que tiene sus consecuencias, consecuencias en forma de cornamenta o cuerno complejo. Los chicos sufren (adolescentes ellos), el miembro con cornamenta sufre, y el miembro infiel también sufre. Todos sufren, pero lo superan porque se quieren mucho. Hasta aquí nada interesante si no fuera porque los miembros son hembras. Si. Una hembra ha tenido un bebé hembra y la otra hembra (y miembra) ha tenido un bebé macho. Ambos del mismo esperma. El esperma viene de un pollo estúpido que conoce a sus hijos de forma inesperada (bueno, no tanto, porque los chicos dan con él) y se arma gorda cuando las miembras conocen al pollo y una de ellas se enrosca con él… Bueno, ya está bien. Lo que salva al film es una cosa muy nimia… consigue que pasemos completamente por alto que estamos ante un matrimonio homosexual. Si. Todos los tópicos estúpidos en los que podría caer el film se torean con gracia y con arte, para presentarnos una historia común alrededor de una infidelidad. Y eso, es grande. Y lo siento, pero hoy no tengo poesía para contarlo de otra manera. Ambas actrices (bueno no, una más que otra) están espectaculares en su papel. La pena es que la mejor Julianne Moore, ni siquiera está nominada. El globo de oro y la nominación al Óscar se los lleva Annette Bening que no lo hace mal, pero no llega al nivel de Julianne por una sola razón: Annette es “la chica chico" y su estilista (o director o lo que sea) consigue que ella, una de las actrices americanas más dulces y atractivas, parezca eso mismo; pero Julianne es Julianne, sin disfraz, y nos brinda momentos en el film bastante vulgares (por cotidianos) pero absolutamente creíbles, sinceros y emotivos, lo cual no es mucho pero resulta interesante, sutil, minúsculo, nimio, como el detalle del director del film a la hora de enfocar esta historia.

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