10/7/11

Todo está perdonado, Rafael Reig, 2011.


Una novela sorprendente, si señor. No imaginaba a Rafael Reig tan instruido. Quiero decir... sé que es un tipo listo, con mala leche y otras muchas cosas, pero no esperaba reflexiones tan dolorosas por lúcidas sobre las formas de poder y el destino. Tampoco imaginaba que una colección de estilos y géneros como la que muestra la novela pudieran convivir en armonía. Estamos acostumbrados ya a las "joyas" de la postmodernidad… pero esto es otra cosa bien diferente. Gracias a Reig.

Todo está perdonado es una auténtica quimera, un animal fabuloso que habla de una sola cosa: una España que es como es, desde hace más de un siglo. De un pueblo con zapatillas de goma en el que uno (al menos una servidora) sigue reconociéndose y de una estructura/red/tejido de poder que sigue siendo el mismo (y bien que se preocupa por que así sea), aunque cambie de color según las tendencias (viva el forward thinking!!!)

Si no fuera porque no tengo (ni quiero tener) ideología, diría que esta es una novela de izquierdas que (por lo tanto) no gustará a la gente con una ideología diferente a esta. A fin de cuentas - y como piensa el narrador omniscente de la novela, Antonio Menéndez Vigil - “sólo él sabe en su conciencia el precio que tuvo que pagar, aunque a menudo la conciencia es como la ideología: cada uno tiene la que necesita para justificar su modo de vida”. Frases como esta, me parecen verdades como templos, y el libro está lleno de ellas.

Por esta razón, creo que es una novela ideológica. Los personajes - en su mayoría - pertenecen a esa clase social que cree que se ha hecho a sí misma gracias al sudor y trabajo de ellos mismos y sus antecesores; esa que, según Marx, no merecería el lugar que ocupa en la sociedad según su ley del trabajo… Marx pensaba (al contrario que la clase dominante) que los obreros no eran unos desheredados porque sus antecesores hubieran sido unos vagos sin ambiciones. En su mundo ideal, con una ley del trabajo científicamente correcta, era impensable que una familia hiciese fortuna… Y esto es lo que Reig destaca con fuerte ironía y sarcasmo. Es un cinismo el suyo que duele, y su asombroso estilo provoca momentos realmente hermosos. Momentos que se concentran en el personaje de Charo, la de las zapatillas con suelas de goma. No había leído párrafos tan bellos desde que terminé con Galdós.

El resto nos llega en velero agitado por un mar embravecido y al mismo tiempo estático, un runrún interminable en el que entramos, salimos, volvemos a entrar. Decía Heráclito que no te bañarías dos veces en el mismo río porque todo es cambio y movimiento… dentro de una botella cerrada, aprisionada, sugeriría esta novela.

El relato periodístico, la trama policiaca, cierta introspección psicológica sin dolor ni escarmiento, el costumbrismo del siglo XIX español se entrecruzan en la novela de Reig. Pero en lugar de costumbrismo, deberíamos hablar de realismo… aunque objetivamente no podamos. Es cierto es que el autor no opina ni se manifiesta ni analiza lo que está sucediendo pero Reig, que es muy listo, utiliza a un narrador omniscente que es un capullo, un tipo sin corazón que resulta en un vehículo excelente para retratar y reflejar sin opinión todo lo que ocurre con la familia Gamazo.

Para finalizar, no creo que sea una novela fácil. Se divide en cuatro grandes bloques vinculados al fútbol (los relatos periodísticos y la memoria del narrador se remontan a la Eurocopa del 64 para llegar al momento actual de la narración, la semifinal de la Eurocopa 2008) y los principios o condiciones del sacramento de la penitencia. Cada uno de estos bloques está dividido en “momentos” de dos páginas a seis (creo que no más largos) marcados por noticias a intervalos y pocos de ellos están vinculados en el tiempo. Las visiones del narrador viajan en el tiempo a capricho por la vida del primero de los Gamazo don Gonzalo, Marqués de Morcuera, hasta la de sus nietos Nacho y Laura, pasando por el núcleo, el hijo de Gonzalo Perico Gamazo, amigo y benefactor del narrador, el agente de inteligencia retirado Antonio Menéndez Vigil; se mueven entre la rive droite y la rive gauche (no de París, sino de Madrid); entre la mina y su oscuridad y la mar. Conclusión: la novela es difícil de seguir. Recomiendo su lectura del tirón.

Podríamos decir muchas más cosas, pero Daniel Ruiz García en el blog Estado crítico las dice, y muy bien, así que yo me piro vampiro no sin antes dejar un recuerdo para el detective Carlos Clot, el álter ego -supongo- de Reig, que se marca uno de los mejores y más hilarantes polvos que he leído.

Mr. Reig, tiene usted un par de cojones y, además, es usted un hombre muy, muy leído. Me encantó su dedicatoria y me ha encantado su novela.

1 comentario:

h.j. dijo...

leí hace días tu comentario y luego me fui a la página que recomendaste... eh de decir que están buenísimos... me provoca leerlo ya.