7/11/11

Melancolía (Lars Von Trier, 2011)... y las fases del duelo.


Pensaba que había comentado en alguna entrada de este blog el temita de las fases del duelo. Y no lo encuentro.

Bueno. Las cinco etapas del duelo de las que habla mi querido House en uno de los capítulos de la temporada II (creo recordar) son las definidas por Elisabeth Kübler-Ross en su libro On death and dying. Estas etapas son: negación, ira, pacto o negociación, depresión y aceptación. Servirían para “explicar” cualquier estado posterior a una pérdida (la muerte de un ser querido, el abandono por parte del ser amado, amor no compartido… lo que sea)… por decirlo a lo bruto. Y digo a lo bruto porque, en realidad, el dolor (y el duelo) puede aparecer sin que nos ocurra ninguna de estas cosas.

Por ejemplo: uno puede sentir que la muerte es un hecho y, consecuentemente, vivir toda la vida en duelo. Si. Esto parece una gilipollez, lo sé, y no mola hablar sobre ello cuando estás de copas, lo sé… pero vamos, que hay personas que andan por ahí lamentándose porque saben que se van a morir. Si, ya sé que todo el mundo lo sabe pero bueno, hay gente más sensible que otra o más gilipollas. Yo qué sé. Además, hay gente que sabe que está sola, y esto… pues oye… a unos les sienta mejor que a otros. También, por añadir una especia al guiso, hay gente que no cree en Dios, así que está mucho más sola y teme mucho más la muerte… Además, hay gente que ama desmesuradamente la vida, que no puede soportar el milagro de la belleza y, por esta razón, anda jodida todo el rato. Además, hay gente que siente un abandono desmesurado y un vacío inexplicable ante su presencia en este universo espantosamente grande… Pues eso. Hay gente para todo y el dolor, pues también es algo más que un martillazo en el dedo gordo del pie.

El dolor puede llegar a hacerse infinito. Tanto que ni siquiera te afecte pensar ya en tu propia muerte o en la de tus seres queridos. Si. Menuda paranoia. Y ¿por qué la suelto aquí?, pues porque acabo de terminar de ver Melancolía de Lars Von Trier y me hacía falta soltar esto como marco de lo que voy a añadir a continuación. Para dimensionar el asunto, vamos.

Lars Von Trier no está muy bien de la cabeza pero, pese a quien pese, es un artista. Es un tipo que ha sufrido una depresión o quizás varias y como todo depresivo con pasta para que lo psicoanalicen otros o con inteligencia suficiente para psicoanalizarse a sí mismo, analiza su visión del mundo y la objetiva hasta donde le da la real gana. Es un tipo muy profundo y muy loco al que se le ven los flecos… su modo de razonar no es concluyente sino que arroja múltiples dudas… Es muy, muy humano. Y siempre he reconocido que su modo de pensar o, mejor dicho, su forma de profundizar en su propia visión, me fascina. Uno lo siente tan cerca que asusta.

Si suponemos que Lars Von Trier ha sufrido una depresión grave y que ha pasado las etapas del duelo, Melancolía ilustraría la fase de Aceptación (bueno, el personaje de Justine ilustraría esta fase y si me pongo perraca, otros tantos ilustrarían otras fases). En consecuencia, este film es un producto más calmado, más lento, menos impulsivo e irracional que Anticristo (dentro de la racionalidad que tiene el último que personalmente creo que es mucha). Digamos que es menos nervioso que Anticristo.

La obra de Lars Von Trier, como ya he dicho un millón de veces (supongo), sacude el cerebro a lo bestia. Y a muchos (supongo también) esto les parece una soplapollez. ¿A quién (en su sano juicio) le interesa que Lars le hable de su estado mental, de su terror a sí mismo, a la vida y sus consecuencias, a cualquier cosa más poderosa que uno mismo… a todo? Pues supongo que a nadie.

A mí si. Independientemente de la estructura de la obra y de la calidad de su cine que… por decir algo, me parece asombrosa (por momentos).

Melancolía es la danza de la muerte que Claire encuentra en Internet cuando busca en Google “Melancolía”… La página que encuentra define el movimiento del planeta alrededor de la Tierra como la danza de la muerte. Y esta danza comienza ya desde un principio del film en el que el final está contenido.

Sin embargo el climax llegará…

Y poco más voy a decir porque no soy crítico de cine, así que no tengo por qué profundizar sobre la estructura fílmica, lo implícito, lo explícito y lo sugerido… Es una peli lenta, lentísima, con planos largos, larguísimos… y con un guión tan simple como una bola de billar. Además, destroza. Profundamente. Así que mejor que no vayáis a verla. A mí me ha gustado mucho. Como casi todo lo que hace este hombre. Creo que la simplicidad en la narración, el virtuosismo fotográfico, el silencio, el viento y… la ausencia de oxígeno son fundamentales para contar lo que este pollo quería exactamente contar. Y lo que quiere contar es algo muy simple y muy complejo al mismo tiempo. Hay una escena que también aparece en Anticristo… y la voy a mencionar porque me gusta. Hay un momento (decía Tomás Fernández Valentí en su comentario a Anticristo) en el que la naturaleza mira a la mujer, y aquí también hay otro… o varios. Es un diálogo muy interesante el que plantea siempre este autor entre las mujeres y el “entorno”. Muy interesante.

Pero como ya he dicho, esto puede interesar a muy pocos.

La melancolía es un estado que puede pasar de largo o amenazar profundamente. Quizá quedarse aquí para siempre, quizá destruirnos. La melancolía es un estado mental. Ya he hablado en este blog varias veces sobre el tema, citando a Panofski y lanzando aullidos a Saturno, así que lo dicho, que ya empiezo a repetirme. El que resignado espera comprenderá algo, el que no… pues dirá lo mismo que dice una muchacha en Twitter (#Melancolía):

“Esta tarde he corrido para ver #Melancolía. Tenía que haber ido despacio. O no haber ido. Es de lo peor que los cines han proyectado en años”

“Por si no ha quedado claro, os cuento lo que estuve pensando durante la proyección de #Melancolía: Pero esto qué es???!!! A lo Matías Prats”.

Que una mujer diga esto me duele... me duele de una manera difícil de transmitir. Volviendo a las fases del dolor me salta la ira…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo todo todo lo que has dicho sobre la película me hace ver que cuando la vea me hundiré aún más, pero con ese poso, ese cartel y ese trailer, es imposible no ir a entregarse.

Muchos besos y disfrutamos mucho el otro día al sol.

Rafa

rh dijo...

Yo dudo sobre el hecho de ir a verla o no, y no voy a explicarlo porque igual me extendería aquí lo que no debiera. Leí un trabajo sobre Kierkegaard hace no mucho y la contraposición desesperación/depresión, y decía de esta última que "es algo con lo que puedes, por decirlo así, nacer o contagiarte". Decía de sí mismo (Diarios de 1846): "Soy una individualidad infeliz en el más profundo sentido, cimentado desde el principio en uno u otro sufrimiento que debe tener su base más profunda en una falta de relación entre mi mente y mi cuerpo, pues no tiene relación con mi espíritu, el cual, por el contrario, debido a la tensión entre mi mente y mi cuerpo, quizás ha ganado una elasticidad poco común". Por lo visto ese sufrimiento al que se refería K. y que él suponía una especie de cualidad, es la melancolía.
No me gusta mucho pensar en la naturaleza de la melancolía ni en la sustancia de la tristeza porque parece ser inevitable abocar en una especie de sentimiento "estético", una autocomplacencia un poco repulsiva. Estoy de acuerdo con K. en que determinado estado de tristeza puede adquirirse o heredarse (igual que la causa de las mutaciones genéticas). La vida es una causa perdida desde el principio en favor de la muerte pero se pueden ganar las batallas aunque se pierda la guerra. De acuerdo en que la melancolía es un estado mental (como mínimo) pero la relación de uno mismo con ese estado mental propio puede hacer posible que la sombra de un dibujo se convierta en un pozo profundo o viceversa.
Siento la extensión y la poca claridad. Tu texto me gustó. Me gustó la reflexión.
Y no sé si iré a verla o no. De Von Trier, que recuerde, he visto Rompiendo las olas y Dogville, y no me resulta indiferente pero aun así, no sé sir veré Melancolía o no.
Te dejo mi saludo.

rh dijo...

Y nada más dejar el comentario pensé: qué casualidad, tanto Von Trier como Kierkeegard nacieron en Copenhague.