27/1/12

La cruzada escéptica y el skeptomai.

Hoy me calzo un rollo descomunal.

Llevo un tiempo observando en la red - en Twitter, sobre todo - cierta “actitud escéptica” que me desconcierta. La gota ha colmado el vaso al leer este artículo sobre la proporción áurea y, aunque el malestar venía de lejos, lo tomo como referencia. En primer lugar creo que sería más sensato decir que es un artículo sobre… no sé sobre qué: ¿los números mágicos?, ¿una crítica a los números mágicos?, ¿es realmente un artículo?, ¿informa sobre algo?, ¿enseña algo?, ¿explica lo que es el número phi?, ¿habla sobre la simetría?, ¿sobre la belleza de las formas naturales?, ¿menciona a Matila Ghyka?, ¿repasa la estética de las proporciones?, ¿analiza su belleza?, ¿menciona a Luca Pacioli?, ¿las teselaciones…? No, no habla de todo esto. Tan solo dice que los números no tienen poderes mágicos. El título de su “artículo” es “los números no tienen poderes mágicos”, toma ya castaña. Menudo descubrimiento para la comunidad científica, la comunidad sensata y… cómo no, la comunidad supersticiosa, religiosa y todo lo que termina en osa. Dile tú a una tipa o tipo que se traga todos los programas de cartas (ilegales) que pululan por la tele, que va al curandero y a leerse la mano y las cartas y a hacer espiritismo que no, que los números no son mágicos… ¡Venga ya!, te dirá…. Y ¡venga ya!, te dirá también cualquiera de los silenciosos que jamás han creído en la magia por muy fascinante que sea (que lo es, la buena magia, claro está… mira a Tamariz!!!). No te digo yo lo que te dirá la gente que tenemos licenciatura en ciencias puras… Conclusión: el “artículo” no aporta nada a la gente sensata y mucho menos al resto de científicos que están a su trabajo y al resto de titulados en ciencias que llevan años (muchos años algunos) concibiendo las cosas tal y como se muestran a los sentidos sabiendo lo que estos significan y, por supuesto, sometiendo la realidad objetiva a las pruebas y metodología necesaria y suficiente para analizar su respuesta.

El método científico es un largo camino hacia el conocimiento. Los métodos de investigación cambian y todos sabemos que, en esencia, sus resultados no son determinantes a largo plazo, o sí… pero vamos, que no son infalibles. Son muchas las pruebas por el camino y juntas forman la ciencia, su método y su historia. Vale sí, hay ciencias más exactas que otras… pero no justifican la fe ciega de un “escéptico”.

Me sorprende la falta de respeto y la petulancia de estos “jóvenes” (porque son jóvenes) divulgadores. Bueno, la verdad es que no debería sorprenderme porque yo también he sido joven, pero aprendí muy pronto lo que significa escepticismo (teóricamente) y la vanidad e inmodestia no son precisamente cualidades que deba lucir un escéptico (teórico) en sociedad sino algo mucho más “modesto” y “molesto”. Apunto esto de lo “social” porque íntimamente el escéptico debería ser un antisocial, un dios ignorante que desprecia absolutamente todo (hasta a sí mismo) y, por supuesto, el “escepticismo” como “modus operandi” no va con él; detesta cualquier “marca” que lo identifique y, mucho menos, que determine su forma de pensar y entender el mundo. Ahora bien, también hay que decir que en mi juventud yo me sentía escéptica en un marco sin Internet, donde los círculos eran más cerrados y las estrategias para el éxito y reconocimiento social eran otras. Vamos, que el escepticismo puro y duro no era algo de lo que presumir en sociedad…

Esto último me lleva a pensar por qué un “escéptico” puede presumir de su escepticismo. En qué situación se encuentra para lucir, orgulloso y arrogante, su escepticismo… Pues en una situación fácil. Es decir, enfrentándose a lo que considera simple y opuesto y demostrando su falta de fundamento en un marco que no le pertenece. Quiero decir. Si hablamos de ciencia, hablamos de ciencia. Si hablamos de magia, hablamos de magia. Si hablamos de cultura, hablamos de cultura. Si hablamos de arte y estética, pues hablamos de eso… Y así… sucesivamente.

Por supuesto, por supuestísimo, que un científico no cree en la magia. O sí… a saber. Que le pregunten a Schrödinger por qué se familiariza con el hinduismo… Era un flojo, seguro. Que le pregunten a Miguel de Guzmán (Catedrático de Matemáticas en la Universidad Complutense al que tuve el placer de conocer) por qué se entusiasmaba con Fibonacci y perdía un poco la chaveta con el Pitagorismo… Está mejor decir a vuelapluma que los pitagóricos eran una secta. Lo dice una licenciada en Bellas Artes que sabe algo de ciencia y toca el piano. Además, como buena entendida en música nos alerta ante el supuesto uso “científico” del número de oro por parte de artistas y músicos… Pero vamos a ver; ¿qué persona con un poco de conocimiento encuentra una ciencia en la música de Bach o en los dibujos de Palazuelo? Venga. Vamos a quemar a Palazuelo por traducir musicalmente sus composiciones geométricas. Que lo quemen en la hoguera por falso.

De verdad ¿estamos en nuestros cabales señores “escépticos”? Reconozco que cuando hablé con Miguel de Guzmán, me echó para atrás cierta Fe que yo creí detectar en él… Así que no volví a verle más pero… eso no me hizo desestimarle ni infravalorarle ni reírme de él. Todo lo contrario. El tío era un Catedrático de mates leches… y algo de mates sabría digo yo… Por supuesto, yo no podía comprender entonces (ni aún ahora) cómo alguien vinculado a la ciencia podía concebir un Dios. Yo jamás lo concebí… pero oye… cada uno es libre de creer en lo que le de la real gana. Más bien me fui de su despacho pensando en qué tipo de Dios podía concebir un matemático. Yo puedo tan sólo imaginarlo, porque no puedo entrar en la cabeza de las personas. Pero sí: ¿qué Dios se plantea un matemático o un físico?... porque también hay físicos teóricos creyentes… Con ellos quiero yo hablar porque me parece divertido, no con alguien que se dedica a denunciar la falta de ciencia en la medicina homeopática o en los potingues que nos echamos en la cara. Puedo pelear con Jean Guitton cuando dialoga con los científicos y manipula el sentido de la filosofía y la ciencia para encajarlos en su visión del universo.

En fin. Sigo, porque esto da para rato.

Me desconcierta observar algo así como “una cruzada escéptica” con sus correspondientes “caballeros escépticos” muy preocupados por reestablecer el orden… ¿Qué orden?, me pregunto… ¿En qué contexto? ¿El de un “pensamiento crítico”?

Me serviría esto último, aunque el pensamiento crítico no tenga mucho que ver con el escepticismo (al menos, para mí). Digamos que la cruzada surge en defensa de un pensamiento crítico. ¿Tiene esta posición algo que ver con el avance de la ciencia? La respuesta es que no. Como mucho, tendrá que ver con el avance de la “divulgación de la ciencia”… Dicho de otra manera, el pensamiento crítico se enfrenta (en mi mediocre experiencia) a enemigos más poderosos. Está muy bien desestimar la pseudociencia, la superchería… en definitiva, todo engaño o fraude ante cierta realidad objetiva que se da y que muchos no quieran ver pero… ¿es este el objeto de los científicos y divulgadores? No. Ni de unos ni de otros. Los primeros porque miran más alto y los segundos porque su misión es facilitar un acceso a la ciencia para los no expertos y, sin embargo, interesados, no para aquellos a los que la ciencia les interesa una mierda. En este sentido hay que divulgar y transmitir conocimiento, no llamar gilipollas a la gente que cree en Dios, compra en El corte inglés, tiene Vodafone en lugar de Pepe Phone, confía en la homeopatía o acude al curandero. No digo yo que esta gente no necesite ayuda urgente, pero no de un “divulgador científico” y menos de un “científico” y mucho menos de un “pensador crítico”. Creedme, hablar con ellos no sirve de nada. Monod en su Azar y necesidad (y menciono a Monod porque me toca, ya que yo estudié bioquímica) cuestiona al inicio de su libro todo modelo filosófico finalista y lo hace con argumentos... Es científico y puede hacerlo porque ante los ojos de un científico cierta filosofía puede “flojear” (por ejemplo el materialismo dialéctico de Engels. Por cierto, esto debería entrecomillarlo también ya que requeriría un análisis en el que no voy a entrar). Y es que la filosofía debería permanecer en su terreno, sin mezclar cosas (sin más, podemos llegar en extremo hasta las famosas Imposturas Intelectuales de Sokal y Bricmont). Y ni con esas porque ahí tenemos a Bertrand Russell siguiendo y posteriormente descartando toda la filosofía de Kant (no te fastidia!!!, él conoció los resultados aportados por Einstein así que lo tenía fácil…) pero bueno, a lo que iba, dejemos a los filósofos en su marco, y si estos empiezan a mezclar que salgan los verdaderos templarios como Sokal y Bricmont. En realidad, creo que esta nueva liga de templarios pelea con enemigos muy débiles, lo cual debilita toda su cruzada escéptica. Así, observamos cómo la gente pierde el norte y comienza a decir tonterías con ínfulas. Si. No soporto ese barniz de vanidad y engreimiento con el que lucen muchos de estos “escépticos” en los medios digitales y en sus particulares “grupos”. En este caso en particular al que me he referido arriba, por ejemplo, el punto de vista del “emisor” deja en muy mal lugar a muchos artistas, filósofos, científicos y gente en general que queramos o no, forman parte de nuestra cultura. Y la cultura es algo más que tendencia, entretenimiento y divulgación (huelga decir). El famoso número de oro (vale, el nombre es tan rimbombante como el que se le da al Bosón de Higgs - partícula divina -) ha sido referencia utilizada por muchos artistas del renacimiento, por muchos matemáticos que han querido hablar sobre la proporción, la simetría, la repetición y ansia de copia que muestra la naturaleza… en fin, muchas cosas que nada tienen que ver con apostar cierto número en la lotería o diabluras cabalísticas. Por cerrar este párrafo y ya que menciono la cábala, creo que todo científico o escéptico de cuna sabe perfectamente cuando el suelo resbala… no hace falta que vengan hordas de estudiantes buscando su lugar en la red para decírnoslo…

Si. Me desconcierta la cruzada antirreligiosa, antihomeopática, antimágica… de los “escépticos”, cuando el escepticismo en su raíz es -o debería ser- más radical y en su radicalidad respetar por igual tanto un descubrimiento científico como uno mágico (es decir, no respetar ninguno de ellos). Me preocupa su enfermo sostén en afirmaciones del tipo “a mí me sirve” que repiten y repiten sin buscar un fundamento “consciente” a tal afirmación… Porque lo del “a mí me sirve” tiene una importancia fundamental en lo que podríamos llamar bienestar social, armonía individual o lo que sea. A mí me sirve tomarme un café cargado según me levanto porque de otra manera no rijo… y sé que el café no me afecta porque su cafeína tiene pocos poderes (químicos o mágicos) en mi cuerpo. Quiero decir que tengo la tensión baja y reacciono mal a los estimulantes. Vamos, que no me estimulan nada. Es todo “psíquico”. Y para analizar mi psique mejor yo que cualquier otro experto en psicología. Y para analizar este cuerpo mío que me duele los médicos testan, así que para testar ya estoy yo, y si a mi lumbalgia le viene mejor un buen masaje, la ozonoterapia o las agujas que un antiinflamatorio (que por cierto, sé perfectamente qué es) pues entregaré mi cuerpo a aquello que le haga sentirse mejor. Sobre todo cuando la eficiencia no es tan clara como la de un antibiótico, por ejemplo.

En definitiva, creo que hay que cuidar lo que se dice y cómo se dice porque aunque por fortuna hemos desarrollado herramientas que nos permiten analizar la realidad y descartar cierta irrealidad… es de sabios posicionar cada cosa en su sitio. No. No me imagino a un escéptico luchando frente a molinos de viento…

Para finalizar, que ya está bien. Qué significa escepticismo:

El término Escepticismo en griego significa “mirar cuidadosamente” (una cosa, o en torno a ella), vigilar, examinar atentamente. Según esto, el término “escéptico” significa originariamente “el que mira o examina cuidadosamente”. La palabra griega es la siguiente:

en nuestro alfabeto sería skeptomai. En este sentido el escepticismo marcaría cierta tendencia a “mirar cuidadosamente” (antes de pronunciarse sobre nada o antes de tomar una decisión). El fundamento de la actitud escéptica es la cautela, la circunspección… Pero no. Es mejor encontrar fácilmente un contrario débil para justificar la cruzada.

El escepticismo como doctrina filosófica tiene dos aspectos: uno teórico y otro práctico. Desde el punto de vista teórico, el escepticismo es una doctrina del conocimiento según la cual no hay ningún saber firme, ni puede encontrarse ninguna opinión absolutamente segura. Desde el punto de vista práctico, el escepticismo es una actitud que encuentra en la negativa a adherirse a ninguna opinión determinada, en la suspensión del juicio, la salvación del individuo, la paz interior. En el primer caso se opondría al decisionismo… o adoptaría tan sólo una decisión: la de abstenerse de toda decisión. Algo que, a priori, suena malo… muy malo, pero que tan solo quiere decir algo así como que “descubrir la verdad” suena a un dogmatismo del que no me fío yo misma, así que… como buena escéptica, sigo investigando humildemente.

Cuando el escéptico lo es de veras, se convierte en pirrónico. Negar el conocimiento de la verdad objetiva y de la esencia de las cosas no significa negar la realidad subjetiva, ni restarle valor a los sentidos como norma de conducta práctica en el proceso de la vida. No. Es algo así como un quietismo de juicio… Hasta que se lee a Kant que curiosamente, se preocupa de lo subjetivo… y entonces si que entra en la ruleta el saber necesario y universal… subjetivo, o sea, trascendente. O sea… que tiene que ver con las formas puras de una intuición sensible. O sea… conmigo y las mates que yo mismo he creado para entender “algo” que está ahí fuera a lo que jamás podré llegar.

Un cínico niega por principio, niega la filosofía, un escéptico niega la existencia de un saber objetivo, necesario y universal. Los verdaderos escépticos creían que todo (incluida la ciencia) es tan subjetivo que sólo es posible emitir opiniones. Independientemente de la situación histórica (porque el escepticismo ha sido tanto actitud como posición) y atendiendo solamente a su significación epistemológica, el escepticismo aparece como una cierta “tesis” sobre la posibilidad (o imposibilidad) del conocimiento. Según el escepticismo, el sujeto no puede nunca aprehender el objeto, o lo puede aprehender únicamente en forma relativa y cambiante. Y no atenderé aquí a las paradojas sobre la verdad… porque el escepticismo no afirma propiamente ninguna proposición, sino que se abstiene de formular cualquier proposición por estimar que no vale la pena formular proposiciones que inmediatamente van a convertirse en dudosas.

En esencia, el escéptico debería anularse a sí mismo, pues debería eliminar el yo dubitante en tanto que dubitante.

Un escepticismo menos rígido plantearía los límites a las posibilidades de la razón ya escritos por Kant o incluso nos llevaría a un positivismo que considere absurdo cualquier juicio sin base experimental. Pero ni el más positivista de los positivistas (por ejemplo, Monod) se enfrentaba a chorradas que la mayoría de la comunidad ya no científica sino sensata tiene superadas.

No chicos no… no tenéis Fe en la ciencia aunque pretendáis demostrarlo (lo cual no os haría escépticos precisamente). Tan sólo os estáis posicionando en un marco social.

PD: Algunas notas sobre la definición de escepticismo vienen del Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora

10 comentarios:

arati dijo...

Casi no me atrevo a comentar...
;-)

Excelente, gracias!!

vemiles dijo...

Tú comenta, comenta... Critica lo que quieras :) Por cierto tienes un buen blog, o al menos el artículo del felpudo maldito me ha encantado.

Gracias

la burbuja dijo...

Hola Vera,
te comento un poco para dejar constancia de que me he leído el artículo, porque tienes que haberle echado sus horas.. menudo trabajo!
No puedo comentar gran cosa, porque me suelo perder en muchas de las referencias y lo veo todo muy grande asi que te haré un comentario quedándome con lo más simple.
Alguna vez había pensado en esto pero no tan a fondo, y es que ese especimen de bellasartólogo iluminado por la ciencia (u otros conocimientos extracurriculares) es bastante común en la facultad. Incluso entre los profesores. Supongo que como nos enseñan con unas bases tan.. bueno sin ningunas bases, la gente se agarra a cualquier cosa que le parece un poco más estable y "verdadera de verdad" como puede ser la ciencia. Como los de Bellas Artes en cualquier otro ámbito somos un poco catetos (en general) cualquier cosa que nos cuenten con supuesto fundamento va a misa (y aquí el ejemplo de la matemática que se mofa del número phi, etc..). Esto lo he visto hacer mil veces y con todo tipo de temas, además de las ciencias, te encuentras a gente muy entendida en historia que va soltando sandeces a diestro y siniestro, pero como aquí todo vale, todos saben de todo y nadie sabe de nada.. Solo hablo de Bellas Artes porque es lo que conozco, igual es quedarse en la superficie, pero no puedo meterme a hablar de filósofos ni científicos.
Para terminar dejo otra cosa que me ha venido rondando la cabeza: aunque me metí en artes, a mí me gustaban las matemáticas, de hecho me apasionaban y lo que me he preguntado es si por ejemplo esta entendida de las matemáticas y la belleza habrá encontrado alguna vez la belleza en las matemáticas.

vera dijo...

Burbuja:

No tantas. Como escribo a trompicones no sabría sumar los trocitos, pero vamos, no más de dos.

No sé en qué facultad habrás cursado Bellas Artes, supongo que en la misma que yo y… bueno, es un tema largo largo que resumes bastante bien. Pero fíjate, yo veo más grave el asunto filosófico que el científico.

Si no has leído el librito de Sokal, te lo recomiendo, te resolverá muchas dudas. Es peligrosísimo el barniz filosófico de Bellas Artes… Se concentran en la posmodernidad que, por supuesto, no es que toque la ciencia… se la lleva a donde le da la real gana y, lo que es peor, relativiza absolutamente todo. Es terrible. Y el peligro está, sobre todo, en la empanada mental con la que dejan a los pobres estudiantes. Es venenoso, de verdad.

Pero no, quedarse en las Bellas Artes no es quedarse en la superficie. Son profundas y hermosas, de verdad… Ya te digo que el problema viene con las mezclas y el arte, desde que comenzó a morir, se concentra en muchas cosas que lo justifican. Nada tiene sentido fuera de su particular departamento. No sé, daría mucho de qué hablar. Pero vamos, que el arte hoy es una cosa muy clara y en la facultad deberían dedicarse a enseñar lo que es, no a llenar la cabeza de la gente de mierda inútil relacionadas con la idea de verdad, autonomía e idioteces similares.

Respecto a la ciencia y el arte… para mí no hay mucha diferencia entre el mero acto de dibujar (el dibujo minucioso de Durero, por ejemplo) y mirar un grupo celular en meiosis bajo el microscopio o calcular y diseñar los pasos que te llevarán a aislar cierta proteína. Cuestión de pulsos. Dibujando entiendes mejor el plegamiento de una proteína, ja, ja…

Pero hay otra cosa y es el temperamento. Hay gente que no ve más allá de su camisa, otros prefieren pulular por ahí y soñar un poco (bajo cualquiera, sea matemático, físico, administrativo o artista, se puede esconder un poeta). Supongo que cuanto más te fascinen las cosas más peligro tienes de caer en el diletantismo (demasiadas cosas para controlarlas todas). Fíjate en la obra de D’Arcy Thompson (Sobre el crecimiento y la forma), alucinas. Y qué hacía este señor? Pues observar analogías en el mundo natural. Y ya está. Y mira cómo usa el dibujo. La física y las mates están detrás de cualquier proceso biológico y eso es fascinante. No mágico. Es fascinante porque nos habla de un orden dentro de una complejidad aplastante e inabarcable por nuestros sentidos. Por eso me jodió tanto en el artículo de referencia en el post el menosprecio con el que se refiere a los que “usaron” el número áureo. Eso lo dice alguien que probablemente no sabe hasta qué punto podemos intuir la simetría… porque seguramente no ha interiorizado todavía de qué está hecho.

En fin. La gente habla mucho y parece que sabe. El secreto está (igual que en nuestra facultad de Bellas Artes) en adscribirse a un departamento, a un microespacio de pensamiento y no salir de ahí. Así no te arriesgas.

Por cierto, coge la frase y analízala… “La física y las mates están detrás de cualquier proceso biológico…” Cuando la tía del post al que me refiero dice “son matemáticas”… qué interpretamos?: que las mates están ahí… Ojo con esto. Peligroso eh? La física y las mates (como dijo Kant) son invenciones de nuestra intuición sensible y gracias a sus “a prioris” del espacio y tiempo justifica que aporten conocimiento. Pero olvidemos los a prioris de Kant (posición escéptica pura) “son invenciones nuestras”… Y las hordas de “escépticos” que pululan por la red defienden esas “reglas de medida” como un “algo” infalible que determina la naturaleza de las cosas… Divertido eh? Lo que hay son fenómenos. Lo que hay son procesos biológicos y no biológicos, procesos químicos, físicos… hechos materiales, sucesos. Nada más. Lo demás es una aproximación para comprenderlos. Bueno, esta es mi visión, claro está. Perfectamente discutible.

vera dijo...

Otra cosa importante, Burbuja:

todo lo que digo está relacionado con lo que decía en el post sobre Tolstoi: la honestidad, la hipocresía, etc... y no funciona para progresar en la vida. No lo creo. Así que hay que mantenerlo muy oculto. Es algo interior.

Si quieres éxito social y profesional, deberás centrarte en lo que se dice, en lo que hay que hacer. Es así. Otra cosa es que personalmente seas consciente de la mentira. Tan solo hay que saber qué es el arte y lo que se cuece en círculos académicos y profesionales.

El escepticismo salvaje solo lleva a la anulación. No das un paso. En la vida real hay que ceder y mentir. Adquirir una posición. Creo. No sé, es difícil de explicar.

JR dijo...

plas, plas, plas

rh dijo...

No puedo decir nada. Leer e intentar aprender. Además, creo que creo en Dios aunque no estoy muy seguro de que exista, compro en El Corte Inglés y me gusta creer también que muy muy de tarde en tarde pasan cosas extraordinarias solapadas bajo lo cotidiano que tienen un carácter mágico (seguramente lo más correcto sería pensar que el azar consigue a veces preciosas composiciones). Por todo ello y más cosas supongo que necesito ayuda urgente, así que seguiré leyendo y, si puedo, aprendiendo.

vera dijo...

Esa frase sobre El Corte Inglés, etc... tenía cierta ironía...

Los modos de actuar, creer, concebir el mundo criticados o denostados por los escépticos a los que me refiero son muchos. Con lo de El Corte Inglés pretendía decir que, en realidad, puede ser cualquiera...

Yo también compro en El Corte Inglés, mogollón. Me gusta la magia, y la fantasía en un marco estrictamente literario, artístico, poético, intelectual vaya.

Pero no, no comprendo a Dios, no lo conozco. Puedo imaginarlo pero su presencia produce un cortocircuito en mi realidad física. Y no hay más realidad que esa. Para mí.

rh dijo...

Así lo había entendido e intenté poner una nota de humor en mi comentario. En cuanto a Dios, lo entiendo perfectamente, he tenido alguna conversación al respecto con uno de mis mejores amigos, que es biologo molecular y lleva toda la vida dedicado a la investigación. Aun así, entendiendo ese "cortocircuito", o por decirlo de otra forma, ese salto al limbo del entendimiento, no lo tengo claro ni en un sentido ni en otro, pero mi inclinación, tal vez condicionada por la educación, es renuente a pensar que el azar pueda ser tan absolutamente determinante (aunque azar y determinisimo sean conceptos que pueden parecer contradictorios, no sé si soy capaz de explicarme). El caso es que este es uno de esos temas laberínticos (para mí) como el que venía al caso de Tolstoi.
:)

h.j. dijo...

Una forma de ver el mundo.
Denso e intenso el artículo