26/1/12

La Muerte de Iván Ilich (León Tolstói 1886)



No. No he leído nada de Tolstói. Qué le vamos a hacer. Así que me he decidido, para empezar, por su novela más corta, La muerte de Iván Ilich. Es corta y, además, trata mi tema favorito: la muerte, como afirmo que sólo Tolstói sabe hacerlo. Y eso que no he leído nada más que haya salido de su pluma.

Iván Ilich ve que se está muriendo, y está desesperado, "En el fondo de su alma sabía que se estaba muriendo y no solamente no llegaba a habituarse a aquel pensamiento, tampoco llegaba a comprenderlo". Qué bonita frase aparentemente insustancial…

Pero no, Tolstói no da lugar a la sinsustancia y continúa “Aquel ejemplo de silogismo que había aprendido en el manual de lógica de Kieseweter: “Cayo es un hombre, los hombres son mortales; por tanto, Cayo es mortal”, ese razonamiento le parecía exacto si se trataba de Cayo, pero no de su propia persona. Era Cayo, un hombre en general, y debía morir. Pero él no es Cayo, él no es un hombre en general; está aparte, completamente aparte de los demás seres…”. Y aunque esto pueda seguir pareciendo insustancial, no lo es en absoluto.

La muerte de Iván Ilich comienza con el anuncio de la muerte de Iván Ilich en el Palacio de Justicia y la reacción de sus allegados. Sorprende la reacción de todos ellos. No hay dolor, sino miedo, falsa prudencia e hipocresía para esconder la molestia. Digo sorprende por decir algo, ya que no sorprende en absoluto. Toda la vida de Iván Ilich evoluciona en torno a esos conceptos y quizás otros muchos dirigidos por uno solo: la falsedad y la mentira.

Y para aclarar este último párrafo aparentemente tan insustancial como el segundo de este post, necesitaría otro silogismo que no tengo a mano. Tan solo diré que "la mentira" y "la falsedad" no tiene mucho que ver con lo que todos entendemos por mentira y falsedad. De hecho, todos creemos llevar una vida guay carente de mentiras y falsedades porque somos guays y superpositivos y optimistas. Son los demás los que mienten y están podridos. Pero no, enfrentarse a la mentira y falsedad de uno mismo duele un huevo y nadie está por la labor. Os lo digo yo.

El caso es que vivimos con Iván Ilich el ligero golpe que poco a poco irá espabilándole y aclarándole la mente para enfrentarse a todo lo que jamás quiso enfrentarse. Un camino acelerado hacia la muerte que en sus últimos instantes lo obligará a preguntarse, a buscarle un por qué a su sufrimiento y un para qué. Un camino que lo llevará a vivir la profunda soledad que genera la ausencia de comprensión y de amor, y la desesperación ante una muerte que pone de manifiesto nuestro absoluto miedo a vivir.

Es esta una novela sin precedentes. Y mira que he leído discursos solipsistas melancólicos y apesadumbrados… Tolstoi me planta en la cara lo que día a día me atormenta. Todo, absolutamente todo lo que piensa Iván Ilich en su lecho de muerte, lo pienso yo todos los días.

Y si. Estoy hasta los cojones de que la gente me mire raro y me acuse por demostrar mi amargura, por perder el tiempo pensando en todo lo malo en lugar de pensar en rosa y fucsia… Por profundizar en lugar de relativizar.

Y una mierda. Por lo menos puedo presumir de llevar toda la vida sufriendo lo que Iván Ilich sufre en los últimos meses de su existencia. Quizás esto sea algo así como lo que otras culturas lejanas a la nuestra llevan a la práctica: vivir con la muerte, sentirla y admitirla cada segundo y sufrir enormemente por cada una de las cosas que no podemos hacer, por el amor que no podemos entregar, por cada ilusión frustrada, por cada puta hoja que cae de los árboles…, por la ausencia de bondad, por el desamparo. Por todo. Por los demás y por mí misma.

(eliminado taco)... Al menos Tolstoi sabía a lo que me refiero. Y eso… me hace sentir menos sola.

6 comentarios:

h.j. dijo...

Nunca es tarde para leer Tolstoi y nunca es temprano...

rh dijo...

De lo que no adolece tu post, desde luego, es de insustancialidad. Pero puntualizo una cosa: de los rusos no he leído a Tolstoi. He leído a Dostoievski, Gorki, Chejov y Korolenko (de los últimos relatos o novelas breves, o como quiera que se clasifiquen). Tolstoi (Karenina) es un asunto pendiente desde hace tiempo. Creo que la aparencia de insustancialidad a la que te refieres es (así lo percibí en Dostoievski) porque la literatura rusa es densa e intensa en planteamientos morales, y como las premisas en el orden moral son fundamentales (esenciales), la exposición inicialmente puede parecer pueril por elemental, pero nada más lejos de ello. No sé si el mundo sería mejor si abundaran más los planteamientos morales en nuestra forma de vivir (pensamientos, actos), pero al menos sí tendría mayor conciencia y por tanto más proximidad a la verdad. Yo no podría afirmar de esa forma que mi tema favorito es la muerte. Siceramente, no he pensado cuál es. Creo que entre ellos estaría bien la vida, o la forma de vivir, o también, el miedo a vivir. El miedo... otro asunto fundamental. La idea de la muerte tal vez nos da el contraste necesario para advertir con nitidez los perfiles de la vida, y con ello, puede ayudar a saber un poco más. Me encanta la utilización del adjetivo "solipsista" en tu texto (yo recurro mucho a ese concepto para analizar cuestiones ajenas y propias). Pero volviendo al miedo ¿es más valiente afrontar grandes riesgos en las decisiones y actos de nuestra vida que encararse frente a frente con nuestras limitaciones y nuestros defectos? ¿Puede haber un juez más justo que uno mismo, y por ello hay mayor pena y amargura que la de apartar el telón del autoengaño?
En fin, son demasiadas cosas, o demasiado densas, no sé. La reflexión me hace plantearme si pienso en rosa y fucsia y, sinceramente, creo que no. Pero tampoco pienso habitualmente en todo lo malo sin negar con ello la creciente desilusión con el paso del tiempo.
Da gusto leer cosas así. Gracias.

vera dijo...

Exacto, están muy lejos de ser planteamientos pueriles o elementales, pero pueden entenderse así, como algo dado, un porque sí del que no preocuparse. Yo tampoco sé si el mundo sería mejor, lo que sí sé es que la verdad interesa muy poco cuando a mí me obsesiona.

Es valiente tanto el que afronta riesgos como el que se encara a sus limitaciones y defectos… pero el segundo sufre un dolor insoportable. Tiene que ver con la búsqueda de la verdad y abrir ese telón del que hablas. Además, tiene que ver con el dolor que producen los demás. No solo con el que uno mismo pueda producirse.

Yo no pienso en rosa y fucsia… pienso en blanco y negro. Solo así percibo los contrastes. Esto es un proceso que va de la luz y claridad al vacío y al negro. Soy yo y el universo de mis sentidos. Nada más. El resto es divertido. En comunidad no caben los contrastes, tan sólo los colores pastel… Y a mí me gustan los colores saturados. Por lo tanto, la vida social de la que presume Ivan Ilich me resulta insoportable y aburrida.

Pero no soy valiente, tan solo para enfrentarme a mi verdad… No tengo valor para vivir una vida social en colores saturados, tengo demasiado miedo a todas las cosas porque duelen; y estamos demasiado expuestos. O al menos, yo me siento así; expuesta y en pelotas. Al final, entre uno mismo y el universo sensitivo se crea una especie de fusión donde todo contraste desaparece y los colores se dispersan… supongo, espero, que es tan solo el camino hacia la muerte que, por supuesto, empieza en el mismo momento en que sientes la vida. Solo cuando la sientes, notas como se escapa… y esto es algo que sucede biológicamente. Por mucho que nos empeñemos en maquillarlo. Por supuesto que me refiero a algo que sucede ya en la edad madura, que debería empezar a los 25 años, más o menos…

No sé... a mí me gusta la pintura en parte, por todo este tema de los colores un poco absurdo que acabo de exponer :-D

Gracias a tí.

rh dijo...

Qué interesante tu comentario. Verdad, muerte, con(s)ciencia y... sinestesia. Ahora mismo no puedo, por falta de tiempo ya seguramente hasta el lunes, dejar un comentario como quisiera, aunque por otra parte, no sé si correría el riesgo (hablando de riesgos) de ser pesado en este pequeño intercambio de opiniones con otro comentario más, abusando de la hospitalidad de tu blog.
:)

vera dijo...

De momento no eres pesado :) Que no, que tú digas lo que tengas que decir, somos libres de ponernos a reflexionar hasta la eternidad si encontramos en ello un beneficio.

Si el blog te resulta un coñazo (aquí está todo a la vista), me escribes al email de mi perfil y listo. Y si el blog te resulta guay, pues aquí.

En general hay temas que me aburren (este, por ejemplo) y doy pocas vueltas porque no llevan a ninguna parte. Pero hay otros que me gustan más. No recuerdo ahora pero haberlos los hay :)

rh dijo...

Me alegra saber que no soy pesado... "de momento" :)
Es cierto que estos temas se pueden llegar a convertir en un bucle esquizofrénico, no obstante, a veces me gusta darles algunas vueltas. No sé, cosas de la insania tal vez.
:)