5/2/12

Cómo mola ser misterioso. Beginners (Mike Mills, 2010)


Hoy nota rápida para una peli que se ve rápidamente también.

Obra de Mike Mills, se llama Beginners, y en algunos rankings figura entre lo mejor de 2011. Cuenta, creo, con una candidatura al Oscar al mejor actor de reparto para Christopher Plummer y, teniendo en cuenta que el octogenario no se ha llevado ninguno, es bastante probable que esta vez, se lo lleve.

Cuenta Beginners la historia de un chico y una chica raritos, misteriosos, que se conocen y se enamoran. Como son raritos y misteriosos, la cosa se complica, que si sí, que si no… hasta que por fin, le echan huevos y terminan juntos.

¿Por qué son raritos y misteriosos? Por nada en particular. Simplemente han sufrido mucho, muchísimo y eso les hace “antisociales” entre comillas. Es decir: venid a mí que yo ya veré si tengo huevos para vivir una amistad o una historia de amor o lo que sea como una persona normal porque, como he sufrido mucho, no tengo claro si quiero estar contigo aunque puedes acostarte conmigo pero no sé, tengo miedo y como tengo miedo pues no quiero entregar mi corazón a nadie no vaya a ser que luego me abandones y me quede solo y sufra más todavía y… no sé, no quiero hacerme daño ni hacerte daño y no tengo hogar porque tengo que huir y… bla, bla, bla y requetebla.

El “bla, bla” es añadido. No hay más.

Dado este estreñido guión, nos queda la puesta en escena, que no está mal. Como digo siempre, la gente sabe hacer cine (la mayoría) y los actores (salvo en España) saben actuar. Así que Beginners resulta una peli agradable, con un tipo simpático que vive como Dios ya que sus padres estaban forrados y se dedica a hacer dibujitos sobre la melancolía y la tristeza mientras charla con el perro de su padre. Los dos, el perro y él, están tristes, tanto que el mundo parece parado ante ellos. Tan parado que no tenemos ni idea sobre el resto de los personajes que aparecen en la peli; de dónde vienen, a qué se dedican, por qué están ahí…

El trío protagonista: Christopher Plummer, Ewan Mcgregor y Mélanie Laurent. El mejor de los tres, el octogenario. Su papel resulta gracioso. Lleva toda la vida siendo gay, pero lo oculta por las razones que todos sabemos (sumemos la peculiaridad del carácter norteamericano), lo oculta hasta los ochenta y pocos, edad en la que decide ponerse un jersey morado para decirle a su hijo que es gay. Esto debe resultar un trauma para el pequeño, un trauma terrible que provoca su carácter misterioso. Además, el director se empeña en colar planos de un pasado en el que el pequeño protagonista parece vivir la estrafalaria soledad de su madre y el escapismo de un padre entregado a su trabajo como director de un museo

El film, ya digo, es elegante: gente rica, casas chulas, muerte en un camastro en lindo salón con ventanales y un sol que asoma siempre valiente… (ya me gustaría a mí morir en un salón así con los rayos sobre mi rostro y acompañado de mi hijo)… En fin, una tragedia que produce un ser… “misterioso y triste”.

Respecto a ella, Mélanie Laurent, pues poco más. Es una chica mona (culona) y… supermegaespecial y extraña. No habla. Se hace la muda cuando conoce al chico… porque está afónica. Pero queda “superbien” porque lo poco que dice es con acento francés. Tiene un padre que amenaza siempre con suicidarse. Lo sabemos porque cuando la periquita decide hablar le cuenta al muchacho que su padre la persigue llamándole por teléfono a los hoteles, y que por más que ella quiera escapar, él la encuentra. Dramático.

Puede, no te digo yo que no, que la chica haya sufrido abuso sexual o algo más gordo, pero da igual, no lo sabemos porque el film no te lo cuenta ni te da pistas que lleven a esa conclusión. Por lo tanto, la chica está triste y es guay… porque sí. Solo sabemos que el padre la llama para decirle que quiere suicidarse… Algo, por otro lado, bastante común y que no produce seres misteriosos y superespeciales que no quieren entregar su amor y que no quieren que nadie traspase su particular fortaleza interior tan, tan, tan superespecial… Doy fe.

En definitiva. Un truño bien rodado que demuestra lo supersensibles que somos y lo mucho que sufrimos con un Plummer encantador, como siempre. Mucho más brillante y radiante que Mcgregor y Mélanie… que parecen marchitos por el humo de un cigarro.

Eso sí, porque todo hay que decirlo, ellos son más valientes porque vencen antes sus fantasmas. El viejo espera a los ochenta y tantos para salir del armario. Aunque, como ya he dicho antes, vista la sociedad en la que vive... parece aceptable.

3 comentarios:

RH dijo...

Qué crítica.
:)
No me queda claro si es positiva, negativa o ni una cosa ni otra, pero me hace gracia el énfasis que pones en lo de "superespeciales" y "supersensibles".
No obstante, intuyo que merece la pena verla.

vera dijo...

Si... a mí también me hace mucha gracia.

Y no, no merece la pena verla.

RH dijo...

Muy bien. Tomo nota. La veré solo si "pasa" por delante y no me queda más remedio.
:)