25/3/12

Sobre la inconsistencia de este blog.

Me encanta buscar en la red cualquier término (por ejemplo “consistencia”) y encontrar páginas de señoras (y señores) exponiendo las bases determinantes para una vida feliz; "organiza tu vida para vivir mejor". Bonita tarea ¿no? Pues mira tú por dónde que yo siempre he desestimado el tema de la “autoayuda” porque me parece, precisamente y ante todo, inconsistente por algo muy básico: si estás hecho un lío (por no decir, una mierda) cómo narices vas a “auto-ayudarte”, ¿interpretando frases de humo y llevándolas a la práctica? Pues no. Por lo demás, me parece aburrido y nada interesante.

Busco “consistencia” y me voy a una página en la que la señora de turno me dice que “consistencia es la ausencia de contradicciones, es una de las marcas para lograr el éxito. Mientras que la variedad puede ser el condimento de la vida, la consistencia es una de las llaves para lograr exitosamente cualquier meta”. Pues mira, la variedad, la diversidad, la complejidad, la pluralidad y multiplicidad… la dualidad y, si quieres, la infinidad, no son en absoluto “condimentos” sino esencias y, además, a poco que profundices en las cosas, tan sólo encuentras contradicciones, así que hemos terminado de hablar (la señora rubia y yo).

Prosigo yo sola. Algo me parece inconsistente cuando es frágil, débil, flojo en general y en particular. No puedo evitar acordarme de Pascal y su “divertissement” - ese periodo de extravío, dispersión, ese diluirse en lo ficticio para no hallarse enfrentado a la propia nada - cuando leo las “soluciones” que aporta el personal para “controlar nuestra vida y… por ende, nuestra felicidad”. Esas “soluciones” descansan en lo que Pascal llamaba estado imaginario, aquel que deriva a confundir costumbres con naturaleza, aquel en el que ignoramos cómo nuestra imaginación desdibuja las fronteras entre la costumbre y la naturaleza, marcando nuestro comportamiento social. Lo fácil es caer en este estado imaginario. En realidad, no conocemos a un individuo concreto sino al conjunto de investiduras, representaciones e imágenes de las cuales queda revestido. La apariencia ilusoria es lo que los demás reconocen cuando, en realidad, estamos todos en el mundo como el emperador desnudo.

Bien, pues hay personajes que difícilmente pueden colocarse en el espacio simbólico que corresponde a aquello que los sujetos buscan. Y lo peor es darse cuenta de que, muy posiblemente, detrás de la red de comportamientos y dispositivos simbólicos no haya nada. Dicho de otra manera, eso a lo que llamo “yo” no es otra cosa que el soporte vacío de los sistemas de imágenes mediante los cuales me manifiesto a los demás. Cualquier nada podrá sustituirse por otra nada mientras que el sistema de imágenes lo sostenga. Saltamos de unas ficciones a otras que nos entretienen frente a la muerte.

Así Pascal cuando se refiere al mundo y a la vida, habla de un terreno de juego que no es más que el terreno de la pérdida, un campo de juego que él mismo decide abandonar porque está disgustado con el mundo : un grand mépris du monde et un dégoût insupportable de toutes les personnes qui en sont. Lo abandona, pero también vive una experiencia de éxtasis místico, por eso puede estar sentado tranquilamente… sin sentir quizás el vacío absoluto o su propia nada. Esto de “estar sentado tranquilamente” viene de su famosa frase: la desdicha en el hombre deriva del hecho de que no es capaz de estar sentado tranquilamente, solo, en una habitación…

Bien pensado, uno debería reducirse a la nada para fundirse con Dios…. ese es el horizonte (ya maltrecho pero aún horizonte) de Pascal. Un camino de desdichas, tras la desilusión del mundo y sus sistemas, hacia el más puro encuentro con la divinidad. Pero, de otra manera, sin ni siquiera este Dios ya casi matemático (y sin el casi, dada la poderosa abstracción que lo construye) abandonar el campo de juego no resulta tan sencillo. Quizás mover las piezas en este campo de juego es lo más honesto que podemos hacer y, cuando el dolor persiste, abandonarse a nuestra propia nada también es lo más honesto que podemos hacer. Y ahí está el problema. Que eso duele que te cagas.

Dicho y visto todo esto, comprenderéis que los apuntes y métodos de la señora rubia, me la traen bien floja.

¿Por qué suelto todo esto?: pues porque ando yo un poco inconsistente (floja o frágil, que queda más guays), tanto que ni me atrevo a escribir. Hasta hace bien poco confiaba en mi criterio, en el divertidísimo juego entre mi imaginación y entendimiento, en la intuición que conecta libremente conceptos para montar un espectáculo (imaginario pero consistente, al menos efímeramente) de la realidad. Bien, pues ahora ni eso. He perdido la confianza y ya no me siento bien soltando mis pajas mentales para hacer perder el tiempo al personal.

Es una situación atípica pero fundamental. Espero que dure poco tiempo aunque me temo que he dado un paso definitivo. Sinceramente, no creo que pueda aportar nada interesante en absoluto, por esta razón escribo poco en este blog.

Bien es cierto que no quiero que muera porque considero que, en determinados momentos, ha albergado frutos de entusiasmo y de amor por muchas cosas (por qué no, de conocimiento), pero también es cierto que nació por una causa, y que esa causa persiste como una sombra puñetera. Esa misma causa es la que me ha hecho, de repente, dudar profundamente y pensar que no tengo nada que decir, que es mejor permanecer en silencio.

Como gana el corazón, intentaré seguir compartiendo cosas (tontunadas, como en Twitter), pero aviso sobre esta inconsistencia hasta que consiga quitármela de encima.

5 comentarios:

Fernando dijo...

Venga Nines, no te hagas de rogar. Sigue escribiendo co#o!

vera dijo...

Será posible???? Anda, dime lo que hay que hacer para la próxima clase! :-)

RH dijo...

Bueno... creo que hacer que alguien -aunque inconsistente- se pase una media hora leyendo y releyendo y dándole vueltas a la cabeza sobre la inconsistencia, la mediocridad, la puñetera frase esa de sentarse tranquilamente del puñetero Pascal, el estado imaginario del otra vez puñetero Pascal, la tremenda confusión de intentar "observarse" a uno mismo y sospechar una especie de catedral de ficciones que construyen una rocosa realidad o, tal vez, una rocosa catedral escondida bajo una realidad de ficciones que la diluyen... creo que eso puede aportar algo interesante a alguien. En mi caso quizá no mucho más que ese tiempo dedicado a cavilar torpemente (que ya es algo), pero en otros puede que a encender el interruptor de alguna partida de ese juego entre imaginacion y entendimiento que citas.

Anónimo dijo...

Estarás "inconsistente" pero me parece de lo mejor que has escrito. Tal vez nuestra "consistencia" resida en la conciencia de nuestra inconsistencia... Me has recordado un escrito de Leon Bloy, "El desprecio". Está en la línea de Pascal, de encomendarse a Dios, pero está muy bien. Hay que tener en cuenta que lo escribió durante la Primera Guerra Mundial. Se encuentra aquí:

http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&ved=0CCgQFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.cermi.es%2Fes-ES%2FColeccionesCermi%2FAbyectos%2FLists%2FColeccion%2FAttachments%2F7%2FENTINIEBLAS.pdf&ei=N4pxT_j0EYeu0QX22L37Dw&usg=AFQjCNGdf88P_74-W90nte8s4nttl6bO9A&sig2=8-I6_gbt_A1g475r2ldk_Q

vera dijo...

Muchas gracias anónimo! me leeré el texto :-)