20/6/12

Walter Lewin. Por amor a la física (Debate, 2012)



Para celebrar mis 12 horas de jornada laboral (ya, ya sé que esto no es demasiado, pero en determinadas circunstancias - creedme - lo es) voy a celebrar también los más de dos meses (exactamente dos meses y una semana) que me ha llevado leer el libro que el astrofísico y profesor del MIT Walter Lewin presentó allá por febrero de este año Por amor a la física. Mis compañeros (benditos todos) se burlaban de mí… con el dichoso librito siempre encima de la mesa… pero sí… leo despacio y, además, algunos de los capítulos del libro los he leído dos veces. Habría leído todos dos veces pero, al final, decidí acelerar en la recta final porque tengo que cambiar de libro antes de irme de vacaciones.

Creo que descubrí el librito, como siempre, por casualidad gracias a este post en Amazings, aunque quizás fue en otro lugar. En cualquier caso recomiendo la entrada porque, como dice el autor, a veces (más de las que quisiéramos) perdemos la conexión entre los fenómenos reales y la didáctica escolar (y universitaria, por qué no) y no es Amazings un blog que descuide esa conexión sino todo lo contrario. Además, linka a un artículo en lainformación.com que incluye algunas respuestas del profesor a preguntas relacionadas con la enseñanza de la física. Respuestas claras y evidentes: “aburrir con una clase de física es un crimen”; los malos profesores de física, incapaces de entusiasmar a los alumnos “son unos malhechores”. Tal cual. Debería coger yo a unos cuantos (casi a todos los míos) y quemarlos en la hoguera. Yo no me sentiría igual, desde luego, si cualquiera de mis profesores de física, tras explicar las ecuaciones de Maxwell se hubiera dirigido a la clase diciendo “vuestras vidas nunca serán las mismas, todos vosotros habéis perdido la virginidad”. Escuchando esto siento que mi vida es siempre la misma y que sigo virgen y gilipollas gracias a mis profesores.

Pero no. No tanto pero casi, diría yo. Gracias a IDibbIt (lugar en el que intento colocar todo aquello que “me pido” o deseo que me regalen, o que suceda, o que me divierta, o lo que sea) un muy querido compañero de trabajo (al que, por cierto, dedico este post) me regaló el libro de Walter Lewin y me lo he leído despacio, muy despacio. Como decía Paul Valéry hay que disfrutar de algunas cosas como si no nos apetecieran realmente. La urgencia es pecado.

El último capítulo del libro de Lewin se llama “Formas de ver”, y empieza así (corto pego párrafos seleccionados e inserto algún comentario):

“La mayoría de los alumnos de secundaria y de universidad odian las clases de física porque suele explicarse como un complicado conjunto de fórmulas matemáticas. Yo no utilizo ese enfoque ni en el MIT ni en este libro. Presento la física como una forma de ver el mundo, que revela territorios que, de otra forma, estarían ocultos, desde las más diminutas partículas subatómicas a la inmensidad del universo…. Existe para mí una fascinante relación entre el arte y la física; el arte innovador es también una nueva forma de ver, una nueva forma de mirar el mundo…Me encantaba que en las galerías y los museos, al contrario que en el instituto, te guiabas por tus propios intereses, deteniéndote cuando querías, permaneciendo el tiempo que te parecía oportuno, continuando cuando te venía en gana…. Es una verdadera lástima que el arte pueda parecer tan oscuro y difícil como la física le resulta a tanta gente que ha tenido malos profesores… Aprendí que el arte no trata únicamente, ni siquiera principalmente, sobre la belleza, sino sobre el descubrimiento, y es aquí donde para mí confluyen el arte y la física”.

Fabuloso. Decía Walter Lewin, respondiendo a la pregunta del artista Peter Struycken ¿Cuándo es una cosa diferente de otra?, que todo dependía de la definición de diferencia que uno utilizase. No diré más. Está claro, ¿no? Las cosas pueden ser una misma cosa o no dependiendo del nivel de diferenciación que planteemos.

Sobre el libro… poco que añadir. Para mí ha sido una compañía, un regalo. Porque Walter Lewin y su forma de enseñar la Física suponen un regalo para todo aquel que siempre ha querido aprender a amar las cosas a base de “entenderlas” y no solo “imaginarlas”. Lewin expone sin artificios, ego y malas intenciones. Es (repito) un regalo que me ha venido muy bien en un momento en el que todo lo que creía saber había perdido peso. Había desaparecido. 

No sé cómo será la realidad, la experiencia de asistir a las clases de este hombre cuando uno estudia en el MIT. Solo sé que he asistido virtualmente y en diferido a algunas de las que se encuentran aquí (tres cursos de física en el MIT están completos en esta web) y he comprendido alguno de los fenómenos que malamente me explicaron en el instituto y luego en la universidad. Así que no puedo dejar de imaginar lo que hubiera sido una carrera universitaria de la mano de profesores como éste… Hay que calcular, resolver, predecir, pero también hay que comprender y entusiasmarse con las cosas.... Leyendo este libro terminaba una frase y encontraba una siguiente aclarando precisamente aquello que esperaba que fuera aclarado y que jamás se aclara en los libros básicos de enseñanza… qué decir de otros libros divulgativos.

La mayoría de los libros divulgativos juegan con teorías fantásticas que más que colocar, descolocan. Lewin no fantasea en absoluto y predice lo justo. Aquello que los datos permiten predecir. El libro sobrará a todos aquellos que estudiaron física en profundidad, pero para aquellos que solo pasamos por encima de esta asignatura en la universidad (y además, con profesores malos) y que disfrutamos con los libros divulgativos sobre cuántica y teorías varias poco intuitivas Por amor a la física es un bálsamo protector, curativo… Un libro encantador que se centra en la mecánica de las cosas y que, curiosamente, ayuda a comprender otras menos intuitivas e incluso maravillosas. Porque a Lewin no se le escapa nada. Es un maestro de la didáctica.

2 comentarios:

RH dijo...

Graciasporculpa de tu post compré el libro de Lewin y estoy encantado. Lo disfruto en intervalos y alternativamente con otro libro. Ayer mismo leía sobre la medición astronómica tumbado en la arena de la playa. Leo las páginas y vuelvo atrás a consultar algo leído previamente. Tienes razón, es un libro estupendo.

vera dijo...

Me alegro de que te guste. Es un gran libro. Justo hace unos días pensé en leerlo de nuevo.