7/1/16

Pan y circo.

Antes de nada voy a pedir a cualquier alma sensible que haya comenzado a leer este post abandonar la tarea de inmediato. Lo mismo debe hacer todo aquel menor de 30/40 que espere año tras año la llegada de los Magos de Oriente con ilusión extrema e inmutable hasta tal punto que mataría a cualquiera que moviera una figurita de su Portal de Belén o sustituyera un polvorón de la despensa por un Ferrero Rocher.

También voy a aclarar que he leído los evangelios (todos, el de Mateo también, hace mucho, sí, pero leídos están), que he disfrutado como una posesa durante mi infancia de esa gran fiesta en la que amanecía lanzándome como loca al salón de mi casa para descubrir el “tresillo” lleno de regalos, que me lo creía y que dejé de creérmelo bien joven (allá por los 7 u 8 años, si no antes), que seguí disfrutando como una posesa aún consciente del engaño, que ha pasado el tiempo y ya me aburro pero que, aun aburriéndome, conservo “la tradición”…

Bien, tras el disclaimer entro al grano. He leído muchos comentarios estos días en relación a una de las “ocurrencias” (otros llamarán a la misma cosa “decisión”) de la Alcaldesa de Madrid Manuela Carmena, a saber, la presencia de una “reina maga” en “detrimento” de uno de los “reyes de Oriente”, en las cabalgatas de los distritos madrileños de Puente de Vallecas y San Blas-Canilllejas. Comentarios, memes, chistes, artículos sesudos que se fundamentan en varias ideas básicas y populistas relacionadas con la “tradición”, la “cultura”, la “moral”, la defensa de la “inocencia de la infancia”, etc, etc, etc… Algunos han llegado a decir que “jamás perdonarán a Carmena”… otros se plantan a la defensiva con el recurrente “¿no hemos tenido que tragarnos a un Baltasar blanco pintado de negro y con los labios rojos? Vamos!!! Si era más creíble Al Jolson en El Cantor de Jazz!!!”. En definitiva, la ya bien conocida colección de insultos, banalidades, chistes y débiles argumentos que pululan por la red y que nos infectan como cualquier otro virus.

Como he dicho antes, dejé de confiar en la magia muy pronto y nada pasó. Aclaro que hubo un proceso previo porque, como bien dice Reverte, “los niños no son gilipollas”. No. No son gilipollas aunque el 90% de la sociedad los trate como tal cosa (me refiero a los padres, sobre todo). Los niños flipan con todo, y una de las cosas con las que antes se flipa es con eso de que tres señores en camello consigan en una noche llenar de regalos las casas de algunos elegidos en este planeta. Eso, para empezar… pero podría montar una lista interminable de “sospechas” (¿o no?). Lo hablaba con mis hijas: siempre hemos intentado buscar “el truco” cuando observamos “la magia”. Esas pelucas brillantes, esas barbas mal colocadas, esa habilidad especial para colarse en la terraza de mi casa… Los niños, al igual que los mayores “no quieren ver”, por supuesto… y en muchas ocasiones dominan a la perfección la técnica del “saber callar”… Sinceramente, a veces creo que nos miran como a idiotas. Si. Ellos solos en el colegio se enfrentan a la realidad y nos preguntan en muchas ocasiones, mientras nosotros insistimos con el cuento. Pensamos, quizás, que como los queremos, no deseamos “robarles” la ilusión de un mundo ideal y perfecto fundamentado en el consumo exacerbado… Si nos paramos a pensar, hasta nos sentimos mal (yo en mi caso) por engañarlos… Pero bueno, por suerte o por desgracia esos “regalos” que compramos creo que transmiten una idea de bienestar quizás y de seguridad familiar, de alegría que escapa a lo cotidiano. No lo sé. No me gusta, pero reconozco que he participado en el juego. En la tradición, digamos…

Por esta razón no veo un insulto ni una amenaza a la “tradición”. Las tradiciones son eso mismo, tradiciones; costumbres. No son algo “trascendental” (si es que se puede decir que exista algo así), no tienen por qué transformarse en fenómenos arraigados, arquetipos. En cualquier caso, evolucionan. Y si no, que se lo pregunten a la “tradición cristiana”, por ejemplo. No sé, podríamos hablar de una evolución de la “tradición sexual”… La ablación del clítoris es una “tradición”, la circuncisión también… digo yo. Así que no, eso de mantener la “tradición” no me vale como argumento. ¿Por qué no puede evolucionar sin que esto suponga un trauma?

En cuanto al insulto a la cultura, la historia se transmite como tal y mira… los Reyes Magos ni eran tres, ni eran Reyes… y si un niño empieza a preguntar, lo que merece, por respeto, es una respuesta coherente. A cada cosa, lo suyo. Entiendo perfectamente que se recorten ciertos tramos de la “historia” en defensa de una sólida fe en una tradición que dicta que tres hombres reyes reparten regalos a diestro y siniestro, bien… Pero no me digáis que “es un atentado contra la cultura” pues no cuela.

Lo que yo creo, sinceramente, sin desbarres culturales ni tradicionales, es que esta señora lo que pretende (y no he hablado con ella así que… ni idea… puede que en efecto esté “la, la, lá”) es que algunas cosas (que pueden parecernos espantosas, como el hecho de que no quiera animales en las cabalgatas) cambien, que evolucionen (a peor para algunos, a mejor para otros, contemos también al resto que “se la trae bien floja”). Y ya está. No me meto a juzgar. No creo que intente “cargarse” una tradición sino que “evolucione”. Intento entender por qué lo hace más allá de la mera política de portería o de barra de bar.

¿Mi opinión? Antes de que me fustiguéis, pues creo que no es buena idea. Más bien creo que es una idea absurda ya que por muy buena intención que exista detrás, yo no la veo. No me vale que digan “es un disfraz así que… qué más dará quién esté debajo”, no me vale que digan que las pelucas son de pega y algunos Baltasares también. Es un elemento más, en verdad, para mosquear a los pequeños infantes ya que la “tradición” dice que eran tres hombres y mira, lo de cómo vayan vestidos o que vayan en camellos de verdad me parece más irrelevante, hay que modernizarse, pero lo de que una mujer interprete al rey mago me parece absurdo. Si queremos que la tradición evolucione en ese sentido, habría que empezar de otra manera. La diferencia de mi punto de vista, creo, es que intento no hacer “política” con esto. Intento comprender y no entrar a trapo porque no pertenezco a ningún bando así que no puedo hacer… política. Decía alguien por Facebook el otro día tras el comentario de la directiva de FAES que la cabalgata se estaba transformando en una herramienta de marketing más. Pues no señores, no. La cabalgata, como todo lo demás, se está transformando en una herramienta política y eso es lo que me da bastante pena, que nadie quiera reconocerlo (bueno, algunos si lo reconocen). Me hace sentir, sola.

Prefiero la coherencia del Santa Claus popularizado por Coca Cola y nuestras carrozas del Corte Inglés y el Parque de Atracciones. Lo demás, me apena. Siento que se está utilizando a “los niños” sin que a ellos esto les tenga por qué importar en absoluto. Ni de lejos creo que por sí mismos hubieran criticado un traje llamándolo “cortina de baño” o una corona diciendo que se parece a la del Burger King… Vale, lo mismo pueden decir “el traje de Gaspar no es de verdad” pero… ahí estás tú para decirle, “hijo mío, los Reyes Magos también renuevan su vestuario porque tienen costureros especializados que miran las tendencias en la Pasarela Cibeles” yo qué sé… A mí mis hijas me preguntaron bien pequeñas si eran siempre los mismos, si eran inmortales. No tuve valor ni cojones para decirles que sí, les dije que tenían ayudantes… y generaciones… En fin.

Así que para finalizar, me duele lo de siempre: las alusiones a la perversión de la cultura y la tradición por parte de unos, el “y tú más” por parte de otros, el recurso de la inocencia de los niños. No entiendo y me genera confusión y dolor pensar la razón por la cual sólo algunos ven el traje hortera y la corona de Burguer King y la ofensa a la tradición y a la perversión de la inocencia. ¿Y los otros qué? El hecho, es el que es. Me pregunto dónde se esconde el rey desnudo en todo esto… Yo solo veo política de culebrón, mediocre y vulgar.


En el fondo me parece una estupidez como una catedral la ocurrencia de la alcaldesa porque alimenta nuestro deseo de pan y circo (de responder a discursos políticos baratos). Ahora bien, creo que deberíamos pensar en la tradición de verdad, como lo hizo Nescafé… porque si algo tiene la Navidad (no seamos hipócritas porque el nacimiento de Jesús tan solo lo celebran, de verdad, unos cuantos de los que van a misa todos los Domingos) es que parece fomentar esa necesidad de “arroparse” y estar cerca de amigos, familia, en general… seres queridos sin dejar de beber y comer como si no hubiera mañana. Que viva el marketing.

1 comentario:

RH dijo...

Empiezo con dos disculpas: la primera por no hacerte caso y seguir leyendo (¿será que no soy un alma sensible? o_o ); la segunda, que llego con mucho retraso a leer tu blog (esta disculpa es en realidad un autorreproche si es que se puede decir eso).
En relación con el contenido, no puedo estar más de acuerdo contigo. No es una frase hecha, es la pura verdad. Yo me considero "muy poco político", lo cual en sí mismo es tal vez más "político" de lo normal. Simplemente, me siento desde hace mucho tiempo en una especie de deriva en la que donde encajan las ideas no encajan las actitudes o los hechos, y donde encajan las formas no son adecuadas las ideas. A veces es desilusionante, cierto, y puede que refuerce aspectos del propio carácter que abocan en un sentido tal vez demasiado individualista y antigregario de la vida. Encuentro pocas piezas adeucadas del puzle en lo exterior (socialmente exterior), y a veces pienso si eso es por haber puesto toda la intensidad en lo nuclear, lo propio, el entorno inmediato, las personas esenciales, la propia familia. ¿Tradición? Nunca he sido capaz de coleccionar nada, me gusta la novedad, el descubrimiento, y sin embargo necesito conservar con la vida si es preciso lo esencial de lo esencial. No practico la religión pero sin embargo "creo", aunque no puedo explicar muy bien en lo que exactamente creo porque para eso se precisan dogmas en los que no creo. No entiendo, ni practico muchas tradiciones y, sin embargo, creo que determinadas liturgias son convenientes o, al menos, bonitas (lo cual es muy conveniente ya en sí mismo). Instauré yo mismo en mi mundo alguna: por ejemplo,cierta comida de santo cada año (no el mío), con determinadas personas indispensables: se convirtió en una celebración inviolable sin que mediara una sola palabra imperativa. En esa fecha celebramos unas pocas personas la "fiesta" de uno de nosotros (en este caso mi mujer)y con eso celebramos en realidad que estamos juntos, que hemos estado juntos y que ojalá sigamos estándolo. Y con eso basta.
A veces vamos demasiado rápido, simplemnte "vamos", y nos olvidamos de ver. De vez en cuando hay que parar -creo-, detener el coche en un borde de la carretera, apagar el motor, bajarse, respirar hondo y mirar alrededor. Sin prisa. Creo que la mayor parte del tiempo se pierde en la construcción y destrucción de entelequias. Las discusiones políticas se fundamentan en argumentarios prescritos faltos de la reflexión necesaria. Los discursos que escucho me recuerdan a los de los adolescentes de la época de la transición (todo tan elemental para determinadas alturas, tú los llamas muy bien "discursos políticos baratos"...). Creo que el hecho de que unos dirigentes políticos se ocupen tan solo cinco minutos de la conveniencia de incluir mujeres entre los Reyes Magos o en la temática de sus vestidos, es un hecho fundamentalmente triste. No, los niños no son gilipollas. Bueno, sí son gilipollas, pero sólo los que son gilipollas, y alguno de ellos se curará.
Igual estábamos hablando a propósito de la Navidad, no sé, en cualquier caso, sin ser religioso en el sentido en el que habitualmente entendemos la expresión "ser religioso", la Navidad no me molesta. Incluso me gusta. Aunque también me molesta el exceso y me cansa el abuso en la abundancia. También el exceso de discursos repetidos y la abundancia de estupidez de los que, supongo, nadie está totalmente exento.
Qué placer siempre leerte y pensar contigo.
:)