COVID Days 2- Equilibrio entre "trabajo" y "vida"

“El hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del Universo, de donde ha emergido por azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte. Puede escoger entre el reino y las tinieblas”. 

Así concluye "El azar y la Necesidad". Un libro publicado en 1970, pequeño y accesible, cuyo título se inspira en la cita atribuida a Demócrito «todo cuanto existe es fruto del azar y la necesidad». Su autor, Jacques Monod (Nobel de Medicina en 1965 junto a François Jacob y Andre Lwoff, «por sus descubrimientos referentes al control genético de la síntesis de enzimas y virus») estaba interesado en "clarificar la relación del hombre con el universo"; ni menos, ni más. 

 - … silencio en el bar 
- … "clarificar la relación del hombre con el universo” 
- … silencio en el bar. Situación incómoda. Bajuna. 
- … oye ¿habéis visto el bulo ese sobre el ARN mensajero de las vacunas de Pfizer y Moderna? Dicen que no te cambia el ADN ni se fabrica con fetos… 

Ahora que somos todos EXPERTOS en ARN, ADN, enzimas, virus, vacunas y utilizamos la palabra PCR como si no hubiera mañana, me vais a permitir mencionar a Monod al que es posible que no conozcáis igual que no conoceréis a Planck, Maxwell, Heisenberg, Schrödinger, Feynman o Turing para llegar a donde quiero llegar. Y si ya en este punto estáis poniendo cara rara pues: “hasta luego Lucas, a ver la tele, venga”. Ya sé que estos tíos no forman parte del grupo de expertos (nuevos evangelistas) en biología y estadísticas seleccionados por los medios de comunicación y programas de formación tipo la Sexta Noche. Para más información sobre vida y carrera científica de algunos de ellos, consultad el Hola y dejad de leer inmediatamente este post. 

Fijaos si era modesto Monod, que lo primero que hizo en su libro es colocar a la biología (disciplina a la que dedicó su vida) donde le corresponde: en una posición marginal (aunque central al mismo tiempo). Central por razones obvias (yo soy un ser vivo, la bio-logía tiene que ver con eso y, si quiero entender qué pinto aquí, más me vale entender de qué estoy hecho) y marginal porque el “mundo viviente” (nosotros en él y lo que percibimos “fuera” de el) podría tener, simplificando en exceso (lo sé) las dimensiones de un grano de arena en la tierra. Como buen biólogo, el hombre se concentró en lo más pequeño de lo ya de por si pequeño y, entre otras cosas, le dio por estudiar cómo se metaboliza y transporta la lactosa (el azúcar de la leche). Traducido para humanos: “en qué página del “manual de uso de una célula” viene explicada la parte “procesamiento de la lactosa”, qué genes se “leen”, quien coño los lee, en qué idioma, ¿hay traducción?, ¿hay “síntesis” (producción) de otras moléculas que corten y peguen (enzimas)? Y lo estudió con las más famosas cobayas de la historia: las moscas enanas llamadas Drosophila y unas bacterias no menos simples llamadas Escherichia Coli. Gracias a estas criaturas, Monod ayudó a entender la expresión génica en procariotas sugiriendo la existencia de un ARN mensajero que “leería” la información codificada en el ADN y la traduciría a proteínas (en su caso, las que metabolizan / procesan la lactosa). Así que sólo por eso, debería ser bienvenido en conversaciones de bar entre expertos en vacunas de ARNm. 

La regulación celular es una de las partes más apasionantes de la biología ya que ayuda a entender cómo se coordinan todos los procesos celulares. De hecho, cualquier disfunción en este sentido, produce caos. Un caos que adquiere múltiples formas bien conocidas como el cáncer. 

Como digo más arriba, nuestro destino y deber no están escritos en ninguna parte. Podemos escoger entre el reino y las tinieblas. Algunos científicos responden al tipo de personas que necesita formularse preguntas que conducen a la verdad (más allá de ellos mismos). No se engañan ni conforman con mediocres y edulcoradas representaciones. Se tiran de bruces a las tinieblas. Porque la verdad solo arroja tinieblas. Así que es totalmente respetable que la mayoría decida mirar a otro lado. Siempre y cuando no nos intenten convencer a los que vemos tinieblas de que éstas solo habitan en nuestras cabecitas y nos miren como a monos enjaulados destrozafiestas. 

Encontré ayer un artículo – por azar - cuya lectura recomiendo soberanamente: “Why work-life balance means nothing to me?". Podéis acceder a él aquí pero haré un resumen. 

Si queremos asomarnos a las tinieblas que la verdad arroja, y no al absurdo artificio que los medios de comunicación construyen junto a políticos asociados más resto de influencers (los nuevos psicólogos) veremos que el tema de la conciliación entre la vida laboral y familiar no es más que un constructo artificioso e inconsistente que produce neurosis. Lo que empezó en los 80 como equilibrio entre el trabajo y el ocio, se ha transformado hoy en un equilibrio entre el trabajo y la vida a priori inalcanzable para todos. Preferimos mirar a otro lado aunque el artificio esté delante de nuestras narices y sea bien simple: todos sabemos que el ocio no es la vida, de otra manera estaríamos todos tomando birra en una playa y nuestras ciudades vacías. Entonces ¿por qué aceptamos que una ilusión creada para atender las necesidades de los trabajadores que realizaban tareas mundanas o sin sentido se haya generalizado hasta tal punto de que nos eduquen para temer los lunes y considerar los viernes como señal de vida? ¿Habrase visto más absurdo? Pues no. Preferimos mirar a otro lado y comulgar. 

Pensad en el paralelismo que este ansiado equilibrio trabajo-vida tiene con otras actividades y quizás entendáis el absurdo. Equilibrio escuela-vida para un niño, equilibrio guardería-vida para unos padres, equilibrio universidad-vida para los adolescentes. Pensadlo. En mi juventud, la universidad era la vida, cuando fui madre el cuidado de mis hijas era la vida, y si… mi trabajo siempre fue la vida. Quizás por llevar eso muy en vena, siempre busqué el trabajo de mi vida. Y sigo en ello. 

Tenemos una sola vida y la noción de dividirla es fundamentalmente errónea. Tener dos caras es un trastorno de la personalidad y no es una forma natural de llevar nuestras vidas, rompe la armonía en lugar de potenciarla. Se lo debemos en parte a Platón. No os sintáis culpables. Si de verdad entendiéramos lo que sus dualismos suponen y el terrible daño que hacen, ganaríamos en salud y felicidad. La verdad es que hacemos algo todo el tiempo, algunas cosas nos pagan económicamente, otras nos pagan emocionalmente y así sucesivamente. Ver el trabajo como una actividad distinta y segregarlo ha reducido la productividad, ha aumentado la desigualdad, ha devaluado el trabajo de cuidado personal durante generaciones y ha estereotipado el concepto de éxito y crecimiento. Concebir la familia como un ente nuclear + extensiones de sangre como único modelo a seguir no ha producido más que infelicidad a todos aquellos que no han logrado construirla o que han creído destruirla por no ajustarse a las pautas definidas por un grupo de “evangelistas” (con o sin sotana). 

Tengo dos hijas que prácticamente se tiran todo el día estudiando (trabajando). A ambas les digo lo mismo desde que tienen uso de razón. Buscad un trabajo que no requiera equilibrio. Sé que suena raro pero la historia está repleta de casos de personas dedicadas a trabajar continuamente en sus áreas de trabajo elegidas, demostrando que la ética del trabajo obsesivo es el único camino para alcanzar su potencial humano. Me da igual el trabajo que sea: limpiar la casa, cuidar, ordenar, hacer ejercicio, pensar, conectar, compartir. Todos por separado o a la vez. Nos pasamos (deberíamos pasar) la vida trabajando. Disfrutando. Consumiendo esa famosa “energía positiva” buenrrollista que no es más que una hermosa combinación de energía cinética y potencial. Energía en general y por definición la capacidad para realizar un trabajo

Llevemos el trabajo a casa y la casa al trabajo. Entendamos que si algo nos entusiasma, le dedicaremos el tiempo que merece, el lugar no importa. Y si, sé que no es fácil encontrar el trabajo de nuestras vidas. Pero es suficiente con entender y asumir que el trabajo es también vida. Si habláis con cualquier persona que ame su oficio, veréis que estas personas no tienen ninguna obsesión por el equilibrio entre la vida laboral y la personal. Y aunque es una aventura a priori inviable (ya que esto es lo que nos meten en vena desde fuera), sería inconcebible encontrar a alguien que se apasione por su oficio y no lo haga por otras cosas como la familia o el ocio. Simplemente no existirán esas “categorías” en su cabeza. 

Creedme cuando digo que hay personas para las que la conciliación de la vida laboral y familiar no tiene sentido. Y no os dejéis engañar por los que imponen barreras y conjuntos aislados aunque sean personas muy cercanas como vuestra propia pareja o vuestros padres: desconfiad. 

Recomendaría, al igual que lo hace el autor del artículo que comparto, buscar constantemente el trabajo de vuestra vida y construir vuestra vida en torno a él. Recomendaría escapar de esa trampa del equilibrio entre la vida laboral y la personal, ya que no existe. Tenemos una sola vida y la tenemos que vivir como una sola. Y si a estas alturas os mosquea este comentario es porque no habéis entendido nada. Lo cual, tampoco es relevante. No pretendo que se me entienda.

A menudo digo: me encanta viajar, yo viajaba mucho y ahora con el COVID no puedo. Y me responden: y a mi, pero te refieres a viajes por placer ¿no? Y entonces… decido callar. No vaya a ser que me envíen a la hoguera.

Photo by Jen Theodore on Unsplash

Dedico esto a todos los amigos que conseguí gracias al trabajo. He trabajado con ellos, he sentido placer junto a ellos, he compartido la vida con ellos. He vivido con ellos.

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