14/11/07

Ciencia y palabras raras

Dicen algunos que la conciencia puede ser un epifenómeno de la materia. Un fenómeno sobrante, cuya presencia no afecta al fenómeno dado. El ruido que hace una máquina y que yo escucho, no afecta al funcionamiento de la máquina.

Algo así podría ser nuestra conciencia. Aunque, bien es cierto que es difícil admitir esto. ¿Afecta nuestro pensar y sentir al resto del universo? Muy probablemente no. Por muy importante que sea para nosotros. Tan importante que hasta tenemos un Dios que lo justifique.

Por esta razón, leemos títulos como este: Más allá del reduccionismo: Stuart Kauffman reinventa la sacralidad La ontología autocreativa de la materia produce un universo sacral

Os animo a entrar en el link. Intentad leer el artículo, ¡sed valientes! Pertenece a una sección llamada "Tendencias de las religiones" (no puedo deshacerme de la dichosa palabra "tendencias") elaborada con el asesoramiento de la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión.

Si, así es. Y todo en el mismo paquete y eso que los tres conceptos se dan de tortas (bueno dos de ellos más que los otros dos). El resultado, por supuesto, es un potaje bastante indigesto que consigue marear más que 7 litros de gin tonic.

Lógicamente, el título no hay quien lo entienda, y es que probablemente no tiene explicación. Pero como yo soy cabezona, haré un intento. Sólo hablaré del título. Explicar el artículo requeriría una tesis.

La evolución es esa cosa de la que hablaba Darwin y que ilustraba muy bien la serie "Érase una vez el hombre". Mientras corrían los años como si fueran centésimas de segundo en el reloj del tiempo con ojitos que aparecía en la esquina superior izquierda del televisor, veíamos en el interior de una charca surgir las primeras moléculas que crecían rápidamente para transformarse en células, agregados celulares, organismos, peces pequeños, peces grandes, salían a la tierra, reptaban, unos escalaban los árboles, otros volaban... En un par de minutos veíamos surgir al hombre. Y este mal no nos lo quitaremos nunca. Una vida entera, da para muy poco... Una humanidad entera en el calendario universal, da para muy poco.

Al mismo tiempo que surgían los primeros organismos, debieron surgir las "tendencias": ahora me apetece esto, ahora me apetece lo otro. Y hoy, como no, tenemos diferentes tendencias evolutivas. Una de ellas es la "emergente". La emergencia es un concepto confuso, como la mayoría de los que se utilizan hoy en día, ligeramente abstracto e inaprensible, difícil de explicar aunque hayas estudiado biología y mucho más difícil de explicar dentro de un marco científico, filosófico y religioso. Saltan chispas. Algo emergente es algo en continuo crecimiento, algo creador, algo que auto-genera cosas nuevas, nuevas estructuras o formas no necesariamente más complejas sino que, más bien, responden a autoorganizaciones de la materia. Esto no es nada nuevo, podríamos llamarlo adaptación, cambio en la estructura, orden en el caos... lo que sea.

El caso es que es bastante fácil para algunos, saltar desde esta supuesta "emergencia" a otro concepto no menos extraño "ontología creativa" . Tan extraño es que directamente se califica como "sacral".

Definir la ontología llevaría algo más que 800 tesis doctorales porque el concepto tiene su historia.

Ya que en tiempos de Aristóteles era una cosa: básicamente Dios... Por supuesto, Kant rascó un poquito dentro de semejante "ser o ente principal" y se dijo a sí mismo que, antes de aceptarlo, antes de erigir semejante ciencia primera, había que explorar los fundamentos de nuestra (nuestra, de los hombres) posibilidad de conocimiento. Era humilde y listo este hombre.
Después, os podéis imaginar... el concepto debe sobrevivir en el tiempo. Pero por resumir, digamos que por ontología se entiende todo lo que afecta al ser como ente, es decir, al conocimiento supremo de las cosas. Una vez más Kant pudo llegar a concebirla como el estudio de los conceptos a priori que residen en el entendimiento y que tienen su uso en la experiencia. Aquello que nos hace, a todos por igual, concebir todo esto... en lo más simple... ¿qué hace posible que reconozca una forma en el espacio?

La ontología es la ciencia del ser en sí, del último e irreductible, o del primero, ciencia del motor que todo lo mueve. En este sentido ontología es metafísica, ciencia de la realidad o de la existencia. O bien puede ser la ciencia de en qué consisten los entes, aquello en que consiste el ser en sí. ¿Es un motor? ¿es una nada? ¿es un vacío? ¿una estructura cristalina?...Entonces sería ciencia de la esencia, no de la existencia.

En fin, lo siento... pero es que la frase tiene tela.

El caso es que un biólogo emergentista, según el artículo, diría que el movimiento es una cualidad emergente del espacio tiempo. Del movimiento emergen el universo empírico (visible, matérico, analizable), de éste la materia mecánica; de ésta, la existencia físico-química; de ésta, la vida; y finalmente, de la vida el espíritu o la conciencia.

Esta deducción, es muy osada... Todavía seguimos preguntándonos por qué sentimos que estamos viviendo, por qué reflexionamos, y todavía buscamos explicaciones no científicas, porque la ciencia no ha dado respuestas sólidas. Paciencia amigos míos, paciencia.

Así podemos entender el sentido del título: Más allá del reduccionismo. La ontología autocreativa de la materia produce un universo sacral.

Como no hay respuesta y somos impacientes, buscamos la sacralidad, buscamos al Dios y al mito... buscamos al padre.
Los reduccionistas, encontraron a un padre pelín jodido: el azar. Y, ya lo dijo Einstein, Dios no puede jugar a los dados... mi papá no puede ser así. Esto duele tanto, tanto, que tenemos que inventar artículos como el del link.

Para cerrar diré que en algún momento leí las reflexiones -o los deseos, aspiraciones- de algunos de los científicos más importantes del S XX. Einstein, Heisenberg, Srodinger, los cuales han escrito en los papeles algo más que ecuaciones, han dado cuenta de su percepción emotiva del cosmos, se han sentado frente a Dios y han hablado con él.

Y si algo han dejado claro estos científicos, bastante honestos por cierto, es que el diálogo no era más que un soliloquio.

Jamás utilizaron sus evidencias científicas para "demostrar" lo indemostrable y esto es, encontrar y entender aquello que nos mueve y por qué somos tan "especialitos".

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