6/9/09

Antichrist (2009, Lars Von Trier).


Estas notas están escritas tras la lectura del estupendo análisis que el crítico Tomás Fernández Valentí realiza en su blog. Por supuesto, anoté su recomendación y me fui a ver la película antes de leer su estudio. Posteriormente participé con un comentario en su blog al que él respondió, enriqueciendo aún más mi experiencia del film. Cómo no, la luz que sus críticas suelen derramar sobre cualquier obra cinematográfica, me ha permitido aclarar ciertas cosas, así que algún concepto robado hay aquí de su estudio previo. Os invito, ante todo, a ver el film. Después leed a Tomás. Y después a mí misma, ja, ja…

A veces pienso que el cine de Lars Von Trier me provoca como ningún otro. La tibia exposición de ciertos temas que considero “muy profundos” por medio de guiones que ponen en el mismo plato conceptos que aunque puedan complementarse en ciertos aspectos no dejan de ser de naturaleza contraria, me provoca una tensión (intelectual) especial. Además considero que, para ilustrar ciertos aspectos del guión (o todos ellos), el director utiliza una estudiada puesta en escena -en ciertos aspectos extrema- que refuerza esa tensión, es decir, refuerza cada uno de esos conceptos o ideas. Pero no es esto lo que me provoca. Las ideas (más que los temas) que suelen reflejarse en su cine son de las que duelen, de esas que dejan herida si uno piensa demasiado en ellas. Además creo que el autor disfruta metiendo el dedo en la yaga sin alcanzar un punto de vista crítico, lo cual me produce -además- mal rollo. Por eso digo siempre que no me gusta Lars Von Trier. Tan solo me provoca, me hace pensar, sin llegar a resolverme ni artísticamente, ni filosóficamente…

Huelga decir que provocar la reflexión, obligar a pensar, no es algo exclusivo del cine de Lars Von Trier. Cualquier escena en un film (supongo) está pensada para sugerir cosas y aportar datos al espectador, para reforzar cierto aspecto del guión, sean éstos del tipo que sean. Cualquier cosa provoca muchas lecturas que, a veces, se complementan y enriquecen el film.

Dicho esto, intentaré explicar por qué el cine de Lars Von Trier me resulta “especial”. Sus “temas” no son cualquier tema. Además, los sublima tanto que se transforman en “ideas”, y esto complica las cosas. En su cine hay religión, psicología, filosofía, hay materia, hay vida y muerte, pasión, amor, sexo, martirio, la idea del bien, el mal, la gracia, la salvación, la penitencia, el martirio, el pecado, la ignorancia, la locura, la razón y el instinto, las pulsiones de vida y de muerte… Podría seguir escribiendo palabras pero creo éstas ya sirven para hacerse una idea sobre ese adjetivo que he puesto arriba: especial. Algunas de estas ideas enfrentadas, crean tensión. Por ejemplo, pecar es (supuestamente) un acto voluntario, una transgresión en toda regla, pero si a la idea del pecado se unen los conceptos psicológicos de consciencia / subconsciencia, la cosa se complica. Si en lugar de pecado, hablamos del concepto de “pecado original” heredado de la tradición judeocristiana, la cosa se complica más aún. Si añadimos el deseo y la tentación, la ignorancia sobre lo que está bien y lo que está mal… empezamos a volvernos locos.

Eso dicen de Lars Von Trier, que está loco. Otros que van más allá dicen que se ríe de todos nosotros, que es un bromista. Pero, al igual que muchos de los abucheos y risas que suscita su cine pueden ser pronunciados “a la defensiva”, bien puede el autor intentar jugar con esos conceptos e ideas, recrearse en ellos, sin llegar a “nada” concreto e interesante y también “a la defensiva” andar a vueltas (o, sencillamente dar la paliza) alrededor de ciertas ideas consiguiendo marear al espectador o, literalmente, sacarle de sus casillas. Es posible pues que “a la defensiva” Von Trier se recree morbosamente en algunas cuestiones, pero no creo ni de lejos que no le produzcan inquietud, que no reflexione sobre ellas, que no intente comprenderlas...; y lo más importante, que no lo haga con inteligencia. Aún así, me cuestiono si realmente reflexiona en profundidad sobre aquello que quiere contar o si, por el contrario, tira la toalla. No sé si no quiere, o no puede. Quizás sí que sepa reflexionar en profundidad y no sea capaz de producir un objeto estético coherente y que viva por sí solo fuera de las ideas que lo generaron… Aunque si comparo su “objeto estético” con otros, tengo necesariamente que darle una medalla de oro.

Para ir aterrizando en Anticristo, su último film, hay que anotar que ya en Rompiendo las olas existía un fuerte vínculo a ideas propias de nuestra tradición religiosa, o al menos, cierta exposición inteligente del martirio, la gracia, la salvación, la penitencia. En el caso de Dogville, me resultó mucho más evidente. Yo salí del cine pensando que papá Dios le decía a Jesús que no se puede ser bueno. Cualquiera que haya reflexionado un poco sobre la bondad o el por qué de lo escrito en los evangelios respecto a la actitud de Jesús sobre todo ante aquellos que le denigraban, se pregunta por qué… Grace, el personaje principal de Dogville, es algo parecido a ese Jesús, que se lanza apaciblemente a una jauría de perros para ser devorado… Pero no es un clon. Jesús soporta la vejación (así debe ser para ser coherente con sus ideas), pero no se calla. Sin embargo, creo recordar que la pasividad de Grace es irritante. Ambos provocan reacciones, pero no de la misma manera. Grace se expone tontorronamente, perdona, pone la otra mejilla y el cuerpo entero, y la aparente bondad de los ciudadanos parece no soportar la verdadera bondad de Grace, que parece no hacer otra cosa más que sacar toda la vileza, maldad, envidia y porquería que tenemos dentro.

En Anticristo también hay un personaje femenino más activo que los habituales en el cine de Von Trier. Pero su “actividad” no parece en todo momento “consciente”. Ella, podría ser víctima también de algún tipo de posesión cuya naturaleza no queda clara en el film (puede ser ella, puede ser ella, puede ser ella)… Y es que Ella, tal y como se muestra en Anticristo es mucha Ella. Difícil de explicar. Es toda la mujer vista desde la profundidad de la historia, los mitos (hasta los asirio-babilónicos), el psicoanálisis, la biología. Podríamos decir que es, realmente, una quimera. Una aberración. Y esto último, por profundizar objetivamente en lo que Von Trier ha construido en el film. Por eso, mucha gente no soportará la película de un vistazo. Se cabrearán y se irán del cine.

Pero, obviamente, no es sólo eso. Y atención porque viene algún SPOILER.

No he podido evitar pensar en Lilith, la antieva, la negación de la madre primordial, la que devoraba a sus hijos… Hay una escena en el film, que (creo) aparece como flashback. Se refiere al momento en el que la pareja se encuentra en pleno “orgasmo” (quizás)… momento en el que el niño (el hijo) sube a la mesa, tira los soldaditos de plomo que son símbolo de los tres pilares (el dolor, el desconsuelo y la desesperación) en los que se apoya la teoría racional de la pérdida del padre (psiquiatra de profesión) y asoma a la ventana… En ese momento ella mira al niño. Y esa mirada no se ve en la escena inicial del film, la misma, en la que la pareja disfruta casi de forma alegórica del placer del sexo (del amor quizás) y en la que el hijo les observa justo antes de subirse a la mesa y lanzarse hacia la nieve. Justo en ese momento, el correspondiente al flashback, ya habíamos visto unas extrañas fotos que ella toma a su hijo durante su estancia en la cabaña de Edén. Su marido se encuentra con ella retirado en la cabaña, tras la muerte del niño, intentando (como médico) ayudarla a superar la pérdida. En las fotos, el niño muestra los zapatos puestos del revés… y durante la conversación de ambos vemos una escena (¿real?, ¿sólo en la cabeza de él) en la que la madre está poniéndole los zapatos al niño que llora de dolor. Todo esto sucede después de que ambos dialoguen sobre los temores de ella: él le dice “imagina que yo soy la naturaleza” (no esa de afuera a la que ya no temes, la otra… o sea, la de cada uno, la del yo) y a continuación pregunta ¿qué es lo que temes, o de qué tienes miedo?... Entonces ella recurre a su tesis (viaja con su hijo a la cabaña para poder escribir su tesis sobre la persecución, tortura y muerte de las mujeres a lo largo de la Historia) y a la idea de que “ellas” eran “buenas” y que la maldad residía en “ellos”… Sin embargo, lo que parece “descubrir” (y lo que produce su esquizofrenia) es que “ellas” no eran lo que parecían, eran malas, el mal estaba dentro de ellas… En su naturaleza para provocar. Durante esta conversación, ella dice que el diablo vive en la naturaleza… Antes y después de esta conversación que precede a un punto de inflexión en el film, hemos visto varias escenas que muestran ese fuerte vínculo entre la mujer y la tierra (la naturaleza salvaje y menos ordenada, la materia o el caos que reina en ella).

Esta percepción me ha llevado a jugar con la idea del pecado original, de Adan y Eva y de la tentación… el deseo y el psicoanálisis. Las pulsiones de vida y de muerte, los esclavos de Eros hundidos en Tánatos… Mi profesora de biología de bachillerato me dijo una vez que lo que menos entendía de la Naturaleza es que el sexo y la procreación estuvieran tan unidos. No entendía que el cuerpo dispusiera de un mismo lugar para ambas cosas… Así de fuerte. Pero algo hay de eso en “Ella” (el personaje de Charlotte Gainsbourg), algo de culpa… Trier la somete a un martirio, y Ella al hombre, y el pecado creo que está presente, aunque no sea de forma explícita.

Huelga decir que Von Trier no es un misógino, es la tradición cristiana la que muestra a Eva como portadora del pecado… imagen de la carnalidad y la desviación sexual que alimenta al maligno y corrompe al hombre… Pero el director disfruta metiendo el dedo en la yaga sin un punto de vista crítico. Esto me produce el mal rollo del que hablaba más arriba, por eso nunca me ha “gustado” este hombre. Me provoca, me hace pensar, pero no llega a resolverme ni artísticamente, ni filosóficamente… Y siempre es una mujer la que provoca reacciones y se expone… Obviamente, si Lars Von Trier resulta morboso es porque muy probablemente se queda en eso, en el morbo. Pero creo que sería injusto decir solo eso porque todo lo que asoma en Anticristo, me parece de una inteligencia aplastante.

Puede que lejos del morbo, este hombre no sea capaz de salir de donde está, dando vueltas, como un perro persiguiéndose la cola.

O puede que realmente quiera que pensemos… Así, Anticristo sería la historia de cómo ella, se transforma en Ella, a los ojos de Él. Y, como no, del miedo de ella a Ella. Y del miedo de Él a Ella.

1 comentario:

Francisco dijo...

Me gustó tu apreciación de la película mucho mas profunda que otras, me gustan el cine de Lars Von Tiers, por dos cosas, uno son los temas que toca y otro es el arte, sus paisajes, aunque sea en dogvillle en que no hay nada, mas que un fondo negro, tienen que ver con las escenas son parte muy importante y representan mucho dentro de la pelicula. Saludos.