18/10/11

El origen violento de la belleza.


Estaba perdiendo el tiempo hace un rato con el dilema de la belleza de los anillos de Saturno. Todo un dilema porque sí; a priori son la leche, pero de cerca son algo viejo y nuevo al mismo tiempo, material reciclado.

Sombras y anillos oscuros aparecieron alrededor de Saturno en las proximidades de su equinoccio y la sonda Cassini lo tradujo así.

Perdía el tiempo en sus más de 60 satélites (en órbita), en las caras de Japeto y atmósfera de Titán, en el ojo de Mimas y las diferentes edades de Encelado (cubierto de cañones y grietas esculpidas en hielo)… Y en Hiperión… la pequeña esponja maltratada.

Y finalmente, en los nosecuantosmil millones de años de colisiones y choques de fragmentos que produjeron los pequeños (y algunos no tan pequeños) pedazos de hielo que en la actualidad orbitan alrededor de Saturno formando sus anillos.

Y entonces he recordado uno de tantos libros que tengo aparcados para tirar de él cuando me viene en gana (algunos tiran de armario, yo tiro de libros) y el recuerdo me ha llevado a un post viejuno, uno que escribí hace ahora tres años, cuando me lo curraba. Hablaba sobre la enfermedad, el arte, la belleza y el amor. O algo así... aquí lo dejo, para no olvidarlo.

Y de paso he buscado un poema de Verlaine. Uno de sus Poemas Saturnianos que también suelto al blog en españolo y franchute. La traducción es de Ramón Hervás.

POÉMES SATURNIENS

Los sabios de antaño, que valían tanto como los de hoy,
creyeron, y éste es un punto todavía mal dilucidado,
leer en el cielo tanto las dichas como los desastres
y que cada alma estaba unida a uno de los astros.
(Mucho se ha bromeado, sin pensar que a menudo
la risa es tan ridícula como engañosa,
sobre esta explicación del misterio nocturno.)
Ahora bien, aquellos nacidos bajo el signo de SATURNO,
fiero planeta, caro a los nigrománticos,
entre todos tienen, según los viejos grimorios,
buena parte de desdicha y de cólera.
La imaginación, inquieta y débil,
en ellos anula el esfuerzo de la razón.
En sus venas la sangre, sutil como un veneno
raro y ardiente como la lava, corre y arrolla
encogiendo su triste ideal que se derrumba.
Y así los saturnianos deben sufrir y así
morir —admitiendo que seamos mortales—,
pues su plan de vida ha sido trazado linea a linea
por la lógica de una Influencia maligna.



Les Sages d'autrefois, qui valaient bien ceux-ci,
Crurent, et c'esí un point encor mal éclairci,
Lire au del les bonheurs ainsi que les desastres,
Et que chaqué ame était liée a l'un des astres.
(On a beaucoup raillé, sans penser que souvent
Le rire est rídicule autant que décevant,
Cette explicarían du mystére nocturne.)
Or ceux-la qui sont nés satis le signe SATURNE,
Fauve planéte, cbere aux nécromanciens,
Ont entre tous, d'aprés les grímoires anciens,
Bonne part de malheur et bonne pan de hile.
L'Imagination, inquiete et débile,
Vient rendre nul en eux l'effort de la Raison.
Dans leurs veines le sang, subtil comme un poison,
Brúlant comme une lave, et rare, coule et roule
En grésillant leur triste Ideal qui s'écroule.
Tels les Saturniens doivent souffrír et tels
Mourir, — en admettant que nous soyons mortels, —
Leur plan de vie étant dessiné ligne a ligne
Par la logique d'une Influence maligne.

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