13/2/14

Ojiplática con Pepephone y enamorada hasta las trancas.

Me he quedado tan alucinada que voy a escribir un post porque la situación lo merece. Tengo un contrato con Pepephone de estos que generan cero euros para la operadora. Quería cederle a mi hija de 12 años mi smartphone de forma controlada, es decir, sin datos y con un número nuevo por contrato. La niña, of course, usa la wifi de casa para ir entrenando en esto de la "sociabilidad virtual" y llama poco o nada, así que, cero euros. Como yo soy tonta, he tenido aventuras con Orange, Movistar y, finalmente, Jazztel para los móviles de los "mayores" y el ADSL casero. Pequeñas circunstancias han impedido el paso total a Pepephone que, espero, sea en menos de 4 meses porque, de verdad, la diferencia es abismal. Voy a entregarme al completo y en familia a Pepephone.

No voy a entrar en temas de tarifas, eficiencia, honestidad, buen servicio, operatividad, CRM inmejorable, etc...  que todos conocen. Voy a hablar sobre las personas, sobre la atención al cliente.

Personas de esas con las que te gustaría irte de viaje de aventura al Polo Sur, personas con las que soñarías estar en la isla de Lost. Creo que, cuando sea vieja, me acordaré de la chica que hoy me ha atendido en Atención al Cliente. Por cierto, no sé si me ha dicho su nombre, no lo recuerdo :-(

El caso: llamo hoy a atención al cliente para hacer una pregunta/confirmación estúpida. Me siento un tanto miserable porque mi contrato con Pepephone ha generado, supongo, cero euros para la compañía ya que mi hija jamás ha llamado por teléfono en los 8 o 9 meses que lleva con este contrato.

La pregunta: mi hija se va una semana a Andorra con el cole a aprender a esquiar. Nos recomiendan en el cole que no lleve móvil porque el coste por establecimiento de llamada desde Andorra con cualquier operadora supera el euro y el coste por minuto los dos euros (en Pepephone son 1,2 y 1,60 euros respectivamente). Por cierto, no me ha costado ni medio segundo encontrar esta información en la web de Pepephone, fenómeno que me produce ya un subidón como para ponerme a bailar una Lambada conmigo misma.

Me atiende la chica y le cuento la peli. Su voz es muy sensual, de presentadora de televisión, es española, es mi amiga, la acabo de conocer en la isla de Lost y no es de "los otros"... Me comenta sobre Andorra y su porqué, me habla. Me dice: espera, vamos a comprobar tu contrato, ¿está a tu nombre?, ¿el teléfono es desde el que me llamas?... no recuerdo el email, se sonríe, espera, se gasta unos chistes y comentarios mientras tanto... Le digo que tan solo quería asegurarme de que no había diferencia entre prepago y contrato. Me recuerda que tengo contrato... entre sonrisas... y me dice que no, que no hay diferencia... Y apunta: pero espera, voy a comprobar que no tienes el roaming activado porque por defecto lo desactivamos y si es así, tu hija no podrá llamarte por teléfono. La niña no tiene datos, ¿verdad? le digo. Me contesta que no, pero que el roaming hace falta para poder llamar por teléfono. Me sugiere activar el roaming (para que la niña llame) y bloquear el acceso a internet (hablamos mientras tanto sobre la itinerancia que está, por supuesto, desactivada, y el peligro de que los niños sin darse cuenta la activen, por lo que es mejor bloquearla). Me avisa sobre el tema de la activación del roaming "ahora que te lo he activado no se desactiva salvo que nos llames de nuevo, y si alguna vez vais por zona fronteriza, te puede dar algún quebradero de cabeza si no utilizas la selección manual de operadora"... "Mejor te llamo cuando la niña vuelva y lo desactivo", respondo. He tenido que comprobar mi cuenta bancaria porque lo necesitaba para confirmar. Resulta que (como soy tonta) estoy todavía (no por mucho tiempo, espero) con Bankia y estos han cambiado mis cuentas, vamos, que las antiguas ya no están operativas y la mujer de atención al cliente, paciente, ha esperado mientras yo encontraba mi nueva cuenta y comprobaba la antigua... mientras tanto he escuchado a sus compañeros, me he enamorado totalmente.

No voy a decir nada más sobre esta conversación que ha durado unos 3 minutos y de la que podría escribir un libro entero. Por cierto... cuando estaba llamando me ha dicho "la máquina", con una voz igual que la de la chica sin nombre, que tenía menos de tres minutos de espera... no ha pasado ni un minuto y me han atendido. No me han colgado entre medias, no me han hecho esperar hasta 15 minutos como en el resto de las telefonías mencionadas, no me han derivado a otras "secciones", no me ha salido una "máquina" ofreciéndome 14 secciones diferentes para identificar "mi problema". Esto es el paraíso, de verdad de la buena.

En fin. Gracias. Gracias por crear algo así. Siento no haber tenido tiempo de investigar antes o haberme dado cuenta tan tarde. Sois la repera. Felicidades a Pepephone. No sé cómo lo hacéis (tendré que estudiarme algún manual o leerme la biografía de su creador). Quizás tenga que hacerlo ya para tener algo de esperanza en este planeta, viendo el panorama....

Con amor.


9/11/13

Vamos a ver si nos ponemos a escribir.

Resulta peligroso pero qué le vamos a hacer. Llevo un tiempo pensando en iniciar en el blog una sección de desbarres. Es la única palabra con la que me siento cómoda para referirme a aquello que escribo sin ton ni son, con la única intención de escribir sin más. Utilizando, si es posible, algún reflejo del pasado inmediato, de hace media hora, de ahora, de siempre.

Yo no sé escribir, tan solo busco música. Sí que aprendí a dibujar. Y eso me ayudó a observar a mi manera, buscar relaciones y armonías que solo entiendo yo. Así que cuando escribo, no puedo evitar buscar "sensaciones", reflejos de cómo siento lo que veo y lo que pienso. Dibujo con las palabras y los dibujos que salen no siempre son claros, evidentes, interesantes. En general no aportan nada a nadie más que a mí. Siento que bailo cuando escribo  (por eso lo de la música) y como dejé de bailar hace ya muchos años siento cierta añoranza.

Pero no voy a escribir aquí de esa manera en este blog. Lo haré desde aquí. De momento.

En este blog escriben algunos de mis antiguos compañeros de un curso de ¿escritura? que hice. La mayor aportación del curso, sino la única, fueron ellos. Por ellos y quizás para ellos escribiré, cuando lo haga, desde allí.

Nos vemos.

13/10/13

Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). Braguitas versus coulotte.

Hay que decirlo, para todos aquellos que no sepan lo que es el Hubble (unos cuantos muchos en este planeta), Gravity resultará algo… muy raro. Espectacular, sí… porque la peli es espectacular, pero raro. Un comentario que he escuchado al terminal el film en unos cines 3D “bah, no está mal, solo tiene dos actores pero no está mal”. Pues eso.

Del Hubble, de Kubrick y su odisea en el espacio, de Ripley y sus braguitas ya ni hablamos. Os parecerá mentira pero hay taaaaaaanta gente que no sabe quien es Kubrick ni Ripley… Así nos luce la peluca. Y no, no voy a entrar ahora en un debate profundo sobre la influencia del cine y la literatura en nuestras vidas y, sobre todo, el tremendo secarral que arroja su carencia. No. Pero tengo clarísimo que esa prepotencia, esa ignorancia voluntaria, nos hace muy muy chungos. Muy vulnerables. Mucho más de lo que creemos. Nos lanza de lleno al momento actual, sin referente alguno, y el panorama es muy penoso así que mejor refugiarse en aquello que pensaron, sufrieron, gestaron y crearon otros. La mera actualidad es un puto WC.

Volviendo a Gravity… Ni de coña podemos pensar en Kubrick. 2001 es un film soberbio y complejo que trasciende el espacio y todo lo que se menea, así que no… no vamos a comparar Gravity con 2001. Sí podemos comparar las escenas de Sandra Bullock en braguitas y camiseta con las de Sigourney Weaver en Alien porque están que ni pintadas (manteniendo las distancias porque hay que ver el retocazo que se calza la Bullock - 49 años-, tanto en botox como en digital versus una Sigourney de 30 añitos en su más pura esencia sin retoque alguno). Son tres las referencias de este film: la realidad de los ingenieros de la NASA vistos desde tropocientas imágenes de la misión de reparación de Hubble, Ripley en braguitas y otras tantas imágenes o vídeos de la tierra y sus auroras boreales desde el más allá.

Dicho esto Gravity es un espectáculo con muchos precedentes, si, pero acojonante (en 3D). Y vuelvo a insistir en que para todos aquellos que nos hemos tragado las escenas de la reparación del Hubble en Youtube, hemos perseguido su ojo y otras muchas escenas de la tierra vista “desde arriba” no hay mucha sorpresa, pero aún con todo esto la peli es bastante espectacular.

Discutía ayer sobre el guión. Para mí no lo hay. No lo hay intensamente quiero decir. Sí, hay una historia que se cuenta en dos líneas. Hay dos actores: uno de pega y otro de trama… y poco más. Hay un drama humano, cómo no… si se quiere firmar que la obra es de ciencia ficción, pero ya está.

Lo que me ha gustado, y mucho, de este film es el sonido. La tensión de lo que está pasando dentro del casco de la Dra. Ryan Stone flojea más… porque es muy difícil transmitir eso en un film que es puro efecto, pero se nota la intención y, con eso, basta. A poco que seas listo y con esos recursos, hay que ser muy bruto para no bordarlo y… en un sentido muy estético, creo que Cuarón lo borda.

Saber vivir.

Voy a dejar aquí un artículo completo de Jesús Terrés porque no tiene desperdicio. Él habla sobre “El turismo que no interesa” y aunque no estoy de acuerdo con su punto de vista todo lo que dice es una verdad como un templo. Precisamente por eso, porque todo lo que dice es verdad, da exactamente igual el turismo que uno haga si, en esencia, se dispone de la habilidad de hacer de cada día una aventura.

Como bien dice en su artículo, conviene recordar que todo lo que no es señal es ruido y que estamos aquí para dar un mordisco al universo. Eso, se hace o no se hace, independientemente de que uno elija un viaje organizado o no; independientemente de que uno elija la “media pensión”, la “pensión completa” o ninguna pensión. Y es que la pregunta ¿por qué viajamos?, tiene una clara respuesta para mí: porque la vida es un viaje. Y a esto hay que añadir su frase final “No me interesa la sumisión ante los días grises ni viajar (que es vivir) con quien no haga de cada día una aventura”.

Aquí, el articulo completo (para ver los links que el autor incluye, visitad la fuente).

"El verdadero viaje no consiste en buscar nuevas tierras, sino en mirarlas con nuevos ojos", Voltaire.

Yo escribo sobre restaurantes, viajes y personas. Escribo sobre comer, beber y vivir (que es, al fin y al cabo, la misma cosa) así que no es poco común el debate en la sobremesa acerca de las verdaderas razones de todo esto: ¿Por qué viajamos? Y a mí, que no me interesan tanto las respuestas como las preguntas, solo se me ocurre pedir otra copa -que sean dos, citar a Pasolini en El olor de la India "Me gustaba caminar solo, callado, aprendiendo a conocer paso a paso ese nuevo mundo” y recordar (recordarme) que cada viaje debería ser el más importante, ese que lo cambia todo. Recordar que todo lo que no es señal es ruido y que estamos aquí para dar un mordisco al universo. 

Y todo lo demás, no interesa. 

No interesan las agencias de viajes (¿te gusta que te organicen la vida? ¿no? ¿y por qué un viaje sí?), el zumo de bote de tantos desayunos mediocres ni la media pensión -pocas cosas tan tristes como la “media pensión”. 

No interesan los “hoteles con encanto” (el encanto no se anuncia, se descubre), los maîtres estirados ni los ascensores con teles de plasma anunciando viajes en globo y cepillos de dientes. No interesa el hilo musical, la carta de almohadas, las tónicas premium ni ese horrible mapita con la X en el hotel y el fosfi hasta el Prado. Sal a la calle -hay gente, pregunta. 

No interesa la Ibiza trasnochada, Ushuaïa, los "daytime parties" en camas balinesas de poliéster impermeable, las hamacas de lino ni el rollito chill out. No interesan los doscientos pavos por una botella de champán mediocre en Nikki Beach ni las botellas de Belvedere a trescientos pavos (que vale cuarenta, narices) en los reservados de Olivia Valere. En Le Privé, para ser exactos. 

No interesan las colas (nunca, jamás, en ningún caso ni escenario merece la pena perder el tiempo en una cola –Klee no cuenta) las guías de viaje escritas por periodistas monas ni ninguna maldita experiencia que no te rasgue la entrañas. No me interesa la sumisión ante los días grises ni viajar (que es vivir) con quien no haga de cada día una aventura. 

Jesús Terrés

Amén.

12/10/13

Una muerte en la familia (James Agee, 1958)

James Agee escribe “Una muerte en la familia” pensando en “aquella noche”, en cómo quedaron las cosas. Cómo quedó su familia y cómo quedó él. Pocos son los movimientos de Rufus, tan solo percibimos el quehacer de las cosas a su alrededor, los pequeños golpes y sus reacciones, su inocencia, su malicia y, sobre todo, su asombro. Una suerte de desconcierto, confusión o embobamiento ya no ante las consecuencias del suceso, sino ante su propia experiencia de la vida.

Así es la novela. Un relato de los hechos y el referente en cursiva de lo que pasa por la cabeza de Rufus, un niño de 6 años. James Rufus Agee. Miedo, desamparo y turbación en un esquema teatral que ordena momentos de reflexión, de parada.

Gran parte de la novela describe los hechos a través de la mirada de Rufus, de sus sentimientos y emociones, de su reacción ante lo que está aconteciendo. Considero que, sin entender demasiado, esa mirada verdadera al interior es un ejercicio soberbio.

Uno de los temas importantes de la novela, más allá del retrato de algunos de los personajes que reflejan huellas o rasgos de un carácter universal que podríamos tener todos (Ralph, el hermano de Jay provoca un miedo literal), es la ausencia y presencia de Dios. Un Dios que, a percepción mía, no es más que un recurso insensato, una barrera para que el verdadero amor fluya entre las personas. Algo que tan solo ayuda a vivir de una forma tensamente artificial cuando la vida no responde a nuestras expectativas. Así lo percibo a través de la mirada de Rufus sobre todo en el último tercio de la novela.

Sin más, algunos momentos de esto que otros llamarían realismo psicológico estilo James Joyce.

Hannah y Mary

Hannah la ayudó a sentarse en el borde de la cama y se sentó a su lado, exclamando una y otra vez con voz acongojada: “Mary, Mary, Mary: Oh Mary, Mary, Mary”, posando levemente su mano de solterona, ya translúcida, sobre la nuca velada, y aferrando de tal modo una de las muñecas de Mary que dejó grabada en ella un brazalete de magulladuras. Mientras tanto, Mary se balanceaba calladamente, hacia delante y hacia atrás y de un lado a otro, profiriendo, calladamente, desde lo más profundo de su cuerpo, no como una criatura humana sino como un animal mortalmente herido, unos sonidos sordos, como una salmodia, no estridentes pero sí uniformes y desordenados, hermanos, excepto en su quietud, de esos bramidos sobrehumanos, dementes, con que se paren los hijos. Y mientras se balanceaba y gemía, el descubrimiento perdió poco a poco su concentración más fuerte y penetrante; tomaron forma, a partir de la más completa oscuridad y tan lentamente como se hace visible la campiña con la primera luz del día un número de descubrimientos diferentes que podían concretarse en imágenes, emociones, ideas, palabras y obligaciones; y así, no más de dos minutos después, durante los cuales Hannah no cesó de decirle “Mary, Mary” mientras el padre Jackson rezaba con los ojos cerrados, ella permaneció sentada un momento en silencio, luego se puso de rodillas sin hacer ruido, guardó silencio un momento más, se persignó, se levantó y dijo: “Estoy preparada”.

Rufus

“No entendía por qué les divertía tanto ese juego ni por qué tenían que fingir tanta amabilidad y tanto interés sólo para engañarle otra vez cuando él sabía que ellos sabían que no debían hacerlo, pero poco a poco empezó a ver con claridad que, por mucho que fingieran, sus intenciones eran siempre malas, y que la única forma de defenderse era no creerles nunca y no hacer lo que le pedían que hiciera. Y con el tiempo descubrió que, por mucha que fuera la amabilidad con que se lo preguntaban, no conseguirían engañarle; él no les decía su nombre y eso hacía que se sintiera mucho mejor, excepto que ahora, al parecer, habían perdido gran parte de su interés por él. No quería que pasaran de largo sin mirarle siquiera, o que sólo le dijeran algo desagradable o despectivo, fingiendo tan perfectamente que iban a golpearle con sus libros que él tenía que agacharse; sólo quería que no le engañaran ni se burlaran de él; sólo quería que fueran simpáticos con él y caerles bien. Y para conseguirlo siguió dispuesto a hacer lo que fuera necesario, excepto una cosa, decirles su nombre, algo que claramente no era conveniente hacer. Y así, mientras no le preguntaran su nombre (y ellos comprendieron pronto que la broma ya no funcionaba), siguió esperando contra toda esperanza que no trataran de engañare ni de reírse de él de ninguna otra forma”.

Hannah y Mary

- ¿Qué quieres decir?
- Lo que nos van a decir, lo que vamos a saber, Mary, casi con toda seguridad será duro. Trágico y duro. Estás empezando a saberlo y a enfrentarte a ello con mucha valentía. Lo que quiero decir es que esto es sólo el principio. Que sabrás mucho más. A partir de muy pronto.
- Sea lo que fuere, deseo sobrellevarlo con dignidad – dijo Mary con los ojos brillantes.
- No te esfuerces demasiado por eso, Mary. No lo veas de esa manera. Limítate a hacer lo que puedas para soportarlo y deja que la cuestión de la dignidad se resuelva por sí misma. Eso es más que suficiente.
- Me siento tan poco preparada… Hay tan poco tiempo para prepararse…
- Esto no es algo para lo que uno pueda prepararse. Simplemente hay que vivirlo.

4/10/13

Felicidad, genes y tropiezos.

Me ha sorprendido un trozo del vídeo que voy a poner a continuación. Se trata de la charla de Nancy Etcoff (investigadora cognitiva - ? - ) en TED sobre la "sorprendente ciencia de la felicidad" (sic)... A mí no me sorprende demasiado, pero bueno. De hecho, el vídeo no tienen ningún interés, pero el trozo al que me refiero es taaaaan gracioso...

Aquí el vídeo:




Aquí el párrafo que suelta en el minuto 11 literal:

"But there are ways in which our evolutionary history can really trip us up. Because, for example, the genes don't care whether we're happy, they care that we replicate, that we pass our genes on. So for example we have three systems that underlie reproduction, because it's so important. There's lust, which is just wanting to have sex. And that's really mediated by the sex hormones. Romantic attraction, that gets into the desire system. And that's dopamine-fed. And that's, "I must have this one person." There's attachment, which is oxytocin, and the opiates, which says, "This is a long-term bond." See the problem is that, as humans, these three can separate. So a person can be in a long term attachment, become romantically infatuated with someone else, and want to have sex with a third person".

Gran frase esta última.

La fuente en Brain Pickings, en un artículo de María Popova sobre la Ciencia de la Belleza.

1/10/13

Body & Soul

Cerámica, cuerpo y alma. Me mola. Me iría ahora mismo al Museo de Arte y Diseño de Nueva York para ver la muestra.

En particular, me gusta esta imagen de Tip Toland es taaaaaaan ridícula. Y se ve taaaaanto por las calles.



30/9/13

La mente universal de Bill Evans y de Van Gohg (?)

Este vídeo deberían ponerlo en primero de Bellas Artes. El primer día, nada más llegar.


Y, por qué no, esta imagen de la NASA en la que observamos las corrientes marinas. Como dice la fuente "revela una danza espiral en la superficie de nuestro planeta que evoca los trazos de la Noche Estrellada de Van Gogh".


Pues eso. Y un poco de ciencias puras tampoco vendría mal.

28/9/13

¡Alerta, un niño en el museo!


Para algunas cosas no sirven las hojas de reclamaciones, así que voy a quejarme aquí un buen rato sobre la especial relación de algunos vigilantes de museos con los niños.

Tengo dos hijas de 11 y 9 años. Desde bien pequeñas han visitado museos porque a mí me gustaba el arte, así que me acompañaban. Siempre se han portado muy bien. No porque sean mis hijas sino porque siempre se han portado muy bien. En ARCO, en la Guggenheim, en el Louvre, en el Reina Sofía y en otros muchos. Han paseado por salas y más salas cargadas, a veces, de paciencia. Además, tienen una madre responsable. No porque sea yo y porque sea madre sino porque yo soy responsable y vigilo a mis hijas siempre.

Hay un tema independiente al comportamiento y saber estar en el que no voy a entrar ahora: la relación de los niños con las obras de arte y su interacción con el espacio. Es algo digno de ver y experimentar. Pero en este mundo, tan paradójico, lejos de vivir y experimentar el arte lo sufrimos más que la etiqueta en un desfile del ejército o en un velatorio.

Hay que mostrar más solemnidad en un museo que en una misa.

Pero no es este el tema. Aunque no esté de acuerdo con la estupidez de los museos, lo respeto, igual que una misa. Me comporto, guardo silencio y mantengo las distancias no vaya a ser que mi aliento descomponga el aura de la obra.  

El hecho que quiero denunciar descansa en los prejuicios. Si hay algo que me molesta es la generalización apresurada o inapropiada, la inferencia de conclusiones a partir de pruebas insuficientes, las falacias por asociación o como se llamen (no soy experta).

Expongo el hecho: vigilante de museo (no voy a añadir “medio dormido” porque entonces estaría yo misma lanzando prejuicios) avista “niños” y en su cerebro se activa una “alerta”. Desde ese momento persigue a los niños y les increpa hasta por llevarse la mano a la oreja. Bien, los padres estamos acostumbrados a esto. Yo estoy acostumbrada a esta actitud y por ello, mantengo a mis hijas cerca de mí. He soportado todo tipo de “chuminadas” pero hoy, la gota ha colmado el vaso.

CaixaForum. Visita a la exposición de Méliès. Entramos y en una de las primeras salas girando a la derecha mostraban el film “Viaje a la luna”. Mis hijas, como tantas otras veces y por indicación mía, se han sentado en el suelo para ver la película ya que los 20 asientos estaban ocupados. Un buen grupo de personas permanecían en pie alrededor para ver el film. Inmediatamente un vigilante ha levantado a las niñas del suelo para que dejaran “el paso libre”. Nada que decir a los adultos que pululaban en pie por los laterales. Seguidamente hemos girado a la izquierda y he visto una foto. Inmediatamente ha venido mi hija pequeña a decirme que una señora le ha llamado la atención por mover el paraguas (hoy llovía y mis hijas llevaban paraguas). Hemos continuado y unos 20 segundos después he pillado a otra vigilante llamando la atención de mi hija pequeña por el dichoso paraguas. Inmediatamente le he preguntado a la señora qué sucedía, mi hija iba detrás de mí y yo no había notado nada y era la tercera vez en menos de dos minutos que la incordiaban. “Es que estaba moviendo el paraguas, me responde”. Yo le he comentado que la niña no estaba molestando y que no consideraba que el movimiento al andar del paraguas molestara a nadie ni supusiera amenaza para nada de lo que allí había (huelga decir que la niña no estaba usando el paraguas como D'artagnan). La señora insistía en que mi hija estaba haciendo malabares con el paraguas y me ha encendido: “mire usted, no hace ni dos minutos que hemos entrado y mis hijas han sido acosadas desde el inicio”. La señora nerviosa solo tiene una idea, la niña estaba haciendo malabares con el paraguas. Yo no he querido utilizar mis prejuicios y decirle que estoy hasta los higuillos de que persigan a los niños y les llamen la atención hasta por respirar en una sala en la que no entraba ni un alma más. Tan solo he insistido en que consideraba que se estaban excediendo en sus funciones y que estaban acosando a las niñas. La señora, ha decidido llamar a seguridad por el pinganillo que lleva en la mano como si quisiera confirmar no sé qué cosa. Llega su superior, la vigilante cuenta su movida, yo sigo quejándome de acoso y el superior mira con cara de póker a la vigilante ya fuera de sí como diciendo “ande te estás metiendo Manoli”…  Mira a mis hijas, nos mira a nosotros y sigue con cara de poker mirando a Manoli. Como yo no paraba de hablar y de decir que esto era una vergüenza y una falta de respeto la señora ha vuelto a llamar al equipo de seguridad ante la mirada de póker del superior. En ese momento he dicho, “no tengo más que decir” y me he largado a poner una reclamación.

Mi marido, que ha permanecido con las niñas en la expo me ha comentado después que el equipo de seguridad llegó y preguntó con cara de póker qué coños sucedía. ¿Nada?

Pues eso. Sin más. Espero que esta señora regrese a su casa satisfecha por haber hecho tan bien su trabajo una tarde de Sábado. 

Añado que sería injusto decir que "todos" los vigilantes son así. Ni de coña. He tenido experiencias increíbles con gente amabilísima que, muy al contrario, ha interactuado con las niñas muy positivamente de forma voluntaria. Otros, tan solo han hecho su trabajo y no han molestado a las crías sin motivo.

30/4/13

Descubrir a Richard Feynman. Lawrence M. Krauss – RBA 2012


Comencemos con las presentaciones. Rychard Feynman, muerto hace 25 años, premio Nobel de Física en 1965 junto a Julian Schwinger y Shin'ichirō Tomonaga por su trabajo en electrodinámica cuántica. Lawrence M. Krauss, doctor en Física Teórica por el MIT y brillante divulgador (véase un ejemplo). Ya, el ejemplo dura casi una hora, pero… qué queréis. Lo mismo pensáis que se puede presentar a una persona con una línea. No hijos, no.

Feynman era eso para mí (una línea) cuando me encontré con esta biografía escrita por el Krauss del vídeo ejemplo en la caja de la planta dos de La Casa del Libro. Yo y las cajas, yo y el impulso… A por él, me dije, que es un tipo muy atractivo este Feynman. Y no, no lo pensé por la foto. No sé por qué lo pensé, pero lo pensé. Luego descubrí a Krauss (que me caía bien) como “biógrafo” y, ni más ni menos, a Cormac McCarthy como “copy editor” (lo que viene siendo “corrector”). El nivel de entusiasmo subió al límite. Quizás me enterara un poco de qué iba esto de “la cuántica”.

Después, claro, he visto bastantes trozos de entrevistas a Feynman con el nivel de endorfinas por las nubes; la famosa historia de la flor, su experiencia en el proyecto Manhattan, sus últimos días…, todo me ha parecido marvellous. He creído “ver” hasta sus famosos diagramas. Y cuando digo ver, me refiero, muy probablemente a lo que vería un super hipermétrope astigmático sin gafas. Pero algo es algo. El amor es ciego, dicen.

Las endorfinas siguen en su sitio, además, la primavera ayuda; pero eso de la Cuántica, por no decir la Física en general, la Biología, el mundo, la vida y “yo” como pequeño fenómeno terminan convirtiéndose (como todo) en algo confuso que escapa de mí y me cansa. Me agota. Demasiados caminos y variables para comprender algo. Termino siempre y sin excusa muy mareada y sin saber ni siquiera lo que es un fotón (y eso que estudié ciencias puras y mi modelo atómico era – al terminar bioquímica - el de Schrödinger con correcciones – vale, seguro que es viejuno pero a ver quién es el guapo que me cuenta el actual). Así que me falta valor para intentar escribir aquí de qué va la biografía de Krauss sobre Feynman o, al menos, lo que ha significado para mí leerla. Metería la pata seguro ya en la primera línea. Si ya me cuesta entender (ver, comprender con cierta profundidad) los principios de la mecánica cuántica “clásica”… imaginad lo que supone ni siquiera hablar de la teoría cuántica de campos, o campos continuos… o partícula… o fotón (maldito fotón).

Pero estoy aprendiendo cosas, y voy a intentar contarlas.

Hay cosas bien divertidas en el librito con nombres muy raros (integrales de caminos, lagrangianos o el principio de mínima acción…) que sin embargo arrojan luz sobre cosas también muy raras pero cotidianas en el paisaje de la física cuántica (la incertidumbre, dualidad onda corpúsculo, doble rendija, gato de Schödinger, partículas mágicas que están en dos sitios a la vez y que son dos cosas a la vez…, etc…).  Esta luz, no ha eliminado la borrosidad propia de “lo cuántico”, tan solo me ha hecho ver la cantidad de “obstáculos” que había en mi camino. No sé. Cada uno tiene una cabeza y yo, al menos, me he dado cuenta de que muchas de mis preguntas básicas estaban quizás mal formuladas o bien, lo leído hasta el momento no encajaba en mis patrones neuronales, yo qué sé (o estaba mal explicado, que también).  Si, parece una gilipollez pero no significa lo mismo afirmar que “un electrón puede interferir consigo mismo” en un contexto o en otro. En particular, si hay un esfuerzo previo por hacer entender que los electrones tienen una probabilidad no nula de estar en muchos sitios a la vez, hemos dado un paso hacia delante. Esto (que parece una gilipollez) de hacer ver o, al menos pensar, que el cálculo de probabilidades difiere muy mucho en un mundo clásico y en uno cuántico (y cuando digo “hacer ver” me refiero a “hacer ver sin olvidar las matemáticas”) tiene muchísimo valor para mí. Porque cuando muchos divulgadores hablan del electrón (o cualquier otra partícula) parece que “hace o decide por sí mismo”… Mírale que curioso, que está y no está, pasa por aquí y por allí a la vez. Pues no. Hay unos observables y unas matemáticas que hablan (en varias lenguas) del estado de esos observables en un sistema… un estado que no es clásico matemáticamente hablando, es decir… la probabilidad o el cuadrado de la amplitud de la probabilidad de un estado, o de un camino… Soluciones que no son números reales y medibles,  sino cosas más complejas… que tengo que “medir”, con la incertidumbre que la propia medida arroja sobre lo que en “realidad” estaba pasando antes de medir…

Pero bueno, seguro que ya estoy diciendo alguna gilipollez.

El caso es que, por casualidades de la vida, he tenido la oportunidad de leer al mismo tiempo que esta biografía una serie impagable: Cuántica sin fórmulas (del blog El tamiz). Así mismo la serie Incompletitud ymedida en física cuántica escrita por César Tomé para el Cuaderno de Cultura Científica. No dejaré de agradecer estos felices encuentros, ya que han ayudado a eliminar algunos obstáculos que tenía en el camino (o al menos, así lo he sentido durante un tiempo). Tan solo el hecho de descubrir (gracias a César Tomé en su serie sobre Incertidumbre y a Pedro Gómez-Esteban en Cuántica sin fórmulas) que existen “interpretaciones” a la física cuántica o problemas con la “medida”, me ha hecho respirar; sentirme menos loca o ignorante, plantearme que hay preguntas sobre la “realidad de las cosas” que pueden resultar absurdas en un contexto determinado. Ni siquiera tenía claro que muchas de las “respuestas” categóricas recibidas respondían a una “interpretación” (la de Copenhague). Ignoraba que Heisenberg decía (con las implicaciones que esto tiene) que no tenía en cuenta la “realidad” de aquello que no se puede medir. Tan solo sabía que había gente diciéndome que una partícula pasaba por dos sitios a la vez. Y muy probablemente así sea pero… en definitiva, mi paisaje no es el mismo que antes de dar con este librito sobre la vida de Feynman. Ahora, al menos, sé que mi cabeza estaba más cerca (antes de empezar a entretenerme con estas historias) de la de Einstein, Schrödinger, de Broglie o Bohm. Salvando la infinita distancia, of course… y que, por el contrario, el “calla y calcula” tiene cierto sentido, por no decir que quizás tenga TODO el sentido…

Y es que parecía que todo esto era “magia”. Si. La cuántica llegaba a mis oídos y ojos como “magia” y yo… jamás he creído en la magia sin trucos. También parecía que todo esto no era comprensible para mí por su carácter de “poco intuitivo”. Si hay algo que detesto es esa afirmación de “es muy poco intuitivo”. Y no. Las cosas borrosas son borrosas, no poco intuitivas. Si son borrosas no son A o B. Ni A ni B a la vez, son eso… borrosas. Tan solo tenemos que comprender el tipo de imagen que arrojan y en el contexto que lo hacen.

Por lo demás, el libro es muy, muy recomendable. Por momentos confuso (abstracto quizás) para una mente que no esté un poco puesta en ciencias puras. Aún con todo esto, la vida de Feynman, su vida profesional, es delirante, tanto como lo fue su vida “social”. Y Krauss es un tipo que sigue cayéndome muy bien, igual que McCarthy. No podía salir nada malo de este trío.