30/04/13

Descubrir a Richard Feynman. Lawrence M. Krauss – RBA 2012


Comencemos con las presentaciones. Rychard Feynman, muerto hace 25 años, premio Nobel de Física en 1965 junto a Julian Schwinger y Shin'ichirō Tomonaga por su trabajo en electrodinámica cuántica. Lawrence M. Krauss, doctor en Física Teórica por el MIT y brillante divulgador (véase un ejemplo). Ya, el ejemplo dura casi una hora, pero… qué queréis. Lo mismo pensáis que se puede presentar a una persona con una línea. No hijos, no.

Feynman era eso para mí (una línea) cuando me encontré con esta biografía escrita por el Krauss del vídeo ejemplo en la caja de la planta dos de La Casa del Libro. Yo y las cajas, yo y el impulso… A por él, me dije, que es un tipo muy atractivo este Feynman. Y no, no lo pensé por la foto. No sé por qué lo pensé, pero lo pensé. Luego descubrí a Krauss (que me caía bien) como “biógrafo” y, ni más ni menos, a Cormac McCarthy como “copy editor” (lo que viene siendo “corrector”). El nivel de entusiasmo subió al límite. Quizás me enterara un poco de qué iba esto de “la cuántica”.

Después, claro, he visto bastantes trozos de entrevistas a Feynman con el nivel de endorfinas por las nubes; la famosa historia de la flor, su experiencia en el proyecto Manhattan, sus últimos días…, todo me ha parecido marvellous. He creído “ver” hasta sus famosos diagramas. Y cuando digo ver, me refiero, muy probablemente a lo que vería un super hipermétrope astigmático sin gafas. Pero algo es algo. El amor es ciego, dicen.

Las endorfinas siguen en su sitio, además, la primavera ayuda; pero eso de la Cuántica, por no decir la Física en general, la Biología, el mundo, la vida y “yo” como pequeño fenómeno terminan convirtiéndose (como todo) en algo confuso que escapa de mí y me cansa. Me agota. Demasiados caminos y variables para comprender algo. Termino siempre y sin excusa muy mareada y sin saber ni siquiera lo que es un fotón (y eso que estudié ciencias puras y mi modelo atómico era – al terminar bioquímica - el de Schrödinger con correcciones – vale, seguro que es viejuno pero a ver quién es el guapo que me cuenta el actual). Así que me falta valor para intentar escribir aquí de qué va la biografía de Krauss sobre Feynman o, al menos, lo que ha significado para mí leerla. Metería la pata seguro ya en la primera línea. Si ya me cuesta entender (ver, comprender con cierta profundidad) los principios de la mecánica cuántica “clásica”… imaginad lo que supone ni siquiera hablar de la teoría cuántica de campos, o campos continuos… o partícula… o fotón (maldito fotón).

Pero estoy aprendiendo cosas, y voy a intentar contarlas.

Hay cosas bien divertidas en el librito con nombres muy raros (integrales de caminos, lagrangianos o el principio de mínima acción…) que sin embargo arrojan luz sobre cosas también muy raras pero cotidianas en el paisaje de la física cuántica (la incertidumbre, dualidad onda corpúsculo, doble rendija, gato de Schödinger, partículas mágicas que están en dos sitios a la vez y que son dos cosas a la vez…, etc…).  Esta luz, no ha eliminado la borrosidad propia de “lo cuántico”, tan solo me ha hecho ver la cantidad de “obstáculos” que había en mi camino. No sé. Cada uno tiene una cabeza y yo, al menos, me he dado cuenta de que muchas de mis preguntas básicas estaban quizás mal formuladas o bien, lo leído hasta el momento no encajaba en mis patrones neuronales, yo qué sé (o estaba mal explicado, que también).  Si, parece una gilipollez pero no significa lo mismo afirmar que “un electrón puede interferir consigo mismo” en un contexto o en otro. En particular, si hay un esfuerzo previo por hacer entender que los electrones tienen una probabilidad no nula de estar en muchos sitios a la vez, hemos dado un paso hacia delante. Esto (que parece una gilipollez) de hacer ver o, al menos pensar, que el cálculo de probabilidades difiere muy mucho en un mundo clásico y en uno cuántico (y cuando digo “hacer ver” me refiero a “hacer ver sin olvidar las matemáticas”) tiene muchísimo valor para mí. Porque cuando muchos divulgadores hablan del electrón (o cualquier otra partícula) parece que “hace o decide por sí mismo”… Mírale que curioso, que está y no está, pasa por aquí y por allí a la vez. Pues no. Hay unos observables y unas matemáticas que hablan (en varias lenguas) del estado de esos observables en un sistema… un estado que no es clásico matemáticamente hablando, es decir… la probabilidad o el cuadrado de la amplitud de la probabilidad de un estado, o de un camino… Soluciones que no son números reales y medibles,  sino cosas más complejas… que tengo que “medir”, con la incertidumbre que la propia medida arroja sobre lo que en “realidad” estaba pasando antes de medir…

Pero bueno, seguro que ya estoy diciendo alguna gilipollez.

El caso es que, por casualidades de la vida, he tenido la oportunidad de leer al mismo tiempo que esta biografía una serie impagable: Cuántica sin fórmulas (del blog El tamiz). Así mismo la serie Incompletitud ymedida en física cuántica escrita por César Tomé para el Cuaderno de Cultura Científica. No dejaré de agradecer estos felices encuentros, ya que han ayudado a eliminar algunos obstáculos que tenía en el camino (o al menos, así lo he sentido durante un tiempo). Tan solo el hecho de descubrir (gracias a César Tomé en su serie sobre Incertidumbre y a Pedro Gómez-Esteban en Cuántica sin fórmulas) que existen “interpretaciones” a la física cuántica o problemas con la “medida”, me ha hecho respirar; sentirme menos loca o ignorante, plantearme que hay preguntas sobre la “realidad de las cosas” que pueden resultar absurdas en un contexto determinado. Ni siquiera tenía claro que muchas de las “respuestas” categóricas recibidas respondían a una “interpretación” (la de Copenhague). Ignoraba que Heisenberg decía (con las implicaciones que esto tiene) que no tenía en cuenta la “realidad” de aquello que no se puede medir. Tan solo sabía que había gente diciéndome que una partícula pasaba por dos sitios a la vez. Y muy probablemente así sea pero… en definitiva, mi paisaje no es el mismo que antes de dar con este librito sobre la vida de Feynman. Ahora, al menos, sé que mi cabeza estaba más cerca (antes de empezar a entretenerme con estas historias) de la de Einstein, Schrödinger, de Broglie o Bohm. Salvando la infinita distancia, of course… y que, por el contrario, el “calla y calcula” tiene cierto sentido, por no decir que quizás tenga TODO el sentido…

Y es que parecía que todo esto era “magia”. Si. La cuántica llegaba a mis oídos y ojos como “magia” y yo… jamás he creído en la magia sin trucos. También parecía que todo esto no era comprensible para mí por su carácter de “poco intuitivo”. Si hay algo que detesto es esa afirmación de “es muy poco intuitivo”. Y no. Las cosas borrosas son borrosas, no poco intuitivas. Si son borrosas no son A o B. Ni A ni B a la vez, son eso… borrosas. Tan solo tenemos que comprender el tipo de imagen que arrojan y en el contexto que lo hacen.

Por lo demás, el libro es muy, muy recomendable. Por momentos confuso (abstracto quizás) para una mente que no esté un poco puesta en ciencias puras. Aún con todo esto, la vida de Feynman, su vida profesional, es delirante, tanto como lo fue su vida “social”. Y Krauss es un tipo que sigue cayéndome muy bien, igual que McCarthy. No podía salir nada malo de este trío.

14/01/13

Coraje


Me han entrado ganas de escribir. Ha terminado pronto el influjo Karenina… ¡Qué bien!!!

El primero de los comentarios al post anterior me ha recordado lo que a mí me gusta de verdad: escribir epístolas. Cartas que, en particular, van dirigidas a alguien y, en general, van dirigidas a mí misma. Cuando escribo para alguien en concreto, lo hago de forma más fluida, me cuesta menos. Muchos de los post de este blog estaban escritos así, a lo bruto, en diálogo interno y fluido conmigo misma… Escribir para los demás, cuando pienso que son varios, no me sale. Así que vuelvo al útero.

El segundo comentario me ha hecho reflexionar sobre eso de “la huella”… Reflexionar rápidamente tan solo para decir que gran parte de los libros aquí comentados, films, etc… no me han dejado huella. Entonces, ¿por qué los comento? Porque, como a buen seguro habré dicho unas cuantas veces,  necesito pequeñas “inspiraciones” para lanzar una epístola. Todo lo aquí comentado, casi todo, tiene algo que ha provocado una reflexión más o menos ligera.

Volviendo a “la huella” quiero dejar aquí unas cuantas cosas. Todas ellas tienen que ver con Félix de Azúa. Si hay alguien que me ha dejado un sello en la frente a fuego es este señor. No sé si para bien o para mal, pero así es la cosa.

Félix de Azúa está dirigiendo un seminario piloto en el Museo del Prado llamado “el ojo que piensa”.  A raíz del curso, le han hecho unas cuantas entrevistas. La primera que dejo es esta en El Cultural, sin desperdicio. La segunda es un vídeo en el que repite unas cuantas cosas y añade otras. Imprescindible también. Sobre todo, para todos los que alguna vez se han preguntado qué es el arte. No es que diga lo que es, para nada. Tan solo da pistas y una de ellas importante, esa diferencia entre la mirada inocente (superficial en el buen sentido) y la mirada teórica, la que busca el concepto, la que piensa antes de “ver”. Una mirada ansiosa de ideas.

Todo ello desemboca en un barrizal importante: el conflicto de los sentidos. Barrizal en el que, por supuesto, Azúa no entra dada la brevedad de la entrevista… Pero ya me gustaría a mí.

Lo importante es que responde a esa famosa pregunta que me hace mucha gente. ¿Esta mierda es arte? Pues hijos míos, sí y no. Desde el momento en el que el arte tiene que ser pensado a priori, si. Ahora bien, esto no es una relación “causa, efecto”. En realidad hay mucha mierda. Pero hay cosas que nos detienen. Bien, pues si una cosa te detiene, párate a pensar en ella, busca, infórmate, investiga y disfrutarás mucho más o quizás no.

En la entrevista escrita (la de El Cultural) da más pistas, hablando de un coraje y riesgo que nada tienen que ver con lo que ahora entendemos por “rebeldía” o “polémica” (tan habituales en la jerga periodística que nos nutre a diario). Atended a las referencias a Rubens, Picasso (con su virtuosismo) y Van Gogh (que no sabía pintar)… “que hace una pintura que… si entiendes de qué va la pintura, te hace llorar”.

Vuelvo a la huella y sigo con Azúa. Hay una lista muy interesante que publicó El País hace tiempo con 100 escritores y los 10 libros que “habían cambiado su vida”. Aquí la dejo. La mayoría de ellos, supongo, intentan quedar bien y ponen a Tolstoi, Homero, Chéjov, Dostoievski, Kafka, Borges, Carson McCullers, Rimbaud, Flaubert, Rilke, Hemingway, Virginia Woolf… Goethe, Leopardi… Bernhard, Sófocles, Whichipaich… qué se yo. De todo.

Pero ahí va Félix y nos coloca lo siguiente:

1. La Biblia para los niños.
2. Almanaque Agroman 1956.
3. Guillermo el travieso, R. Crompton.
4.  Los hijos del capitán Aterras, Julio Verne.
5. Diccionario manual e ilustrado de la lengua española. Espasa Calpe, 1927.
6. Guía de Teléfonos de Barcelona.
7. London A to Z.
8. Paris. Guide Bleu.
9. Los hermanos Karamazov, Fédor Dostoievski.
10. En busca del tiempo perdido, Marcel Proust.

Con un par. Bueno, los dos últimos aparecen en otras listas, pero dados los 8 primeros uno piensa que, en verdad, le han dejado “huella”.

Y es que en el fondo, somos unos mentirosos. No tenemos coraje, ni dignidad. ¿Cuáles son los libros que “han cambiado tu vida”…? Eso es mucho pedir. Joyce ¿ha cambiado tu vida?, ¿Leopardi?... Tú lo que quieres es quedar bien con tu lista. Pero Azúa creo que pasa millas (se lo puede permitir).

Pues bien. Pensando en la lista de Azúa y en eso de “la huella” me he lanzado a pensar en los míos (teniendo en cuenta que solo he leído un 5% de lo que debería haber leído y, por lo tanto, yo no debería "pasar millas"...). Si tengo que marcar 10 textos que me han dejado “huella” diría que son los siguientes (no hay orden cronológico):

1.- Principios de bioquímica. Lehninger
2.- La conquista de la felicidad. Bertrand Russell.
3.- La Cenicienta. Charles Perrault
4.- Demian. Hermann Hesse
5.- La historia interminable, Momo, Jim Botón y Lucas el Maquinista. Michael Ende
6.- El ojo y la idea: fisiología e historia de la visión. Ruggiero Pierantoni.
7.- Diccionario de las artes. Félix de Azúa.
8.- De Caligari a Hitler: Una historia psicológica del cine alemán. Kracauer.
9.- El azar y la necesidad. Jacques Monod.
10.- Diccionario de Filosofía. Ferrater Mora.

Honestamente, por ahí iría la cosa… Os dejo de nuevo la entrevista y el vídeo. 


09/01/13

El alejamiento como doctrina.


Llegados a este punto creo que voy a cerrar temporalmente (o definitivamente) este blog.

Acabo de terminar Anna Karenina y la verdad es que no tengo nada que decir. Lo que sea descansa en mí y, como dice Levin, hay revelaciones incomprensibles para la razón. Sentimos cosas inexplicables con palabras; cierta clase de conocimiento que parece estar vedado a la razón.

También escucha una Ana abstraída en sus propios pensamientos (y poco antes de tirarse bajo un vagón en marcha) la voz de una mujer diciendo “Por eso le ha sido dada al hombre la razón, para librarse de lo que le inquieta”… “Librarse de lo que le inquieta”, repite Ana…

Se dice Ana “¿Por qué no he de de poder apagar la luz cuando ya no hay nada que mirar, cuando solo siento asco de todo?... Y…, por qué gritan esos jóvenes, y por qué hablan, y por qué ríen… Todo eso es mentira, engaño y maldad…” Tal es su enajenación (aunque ella piense en "razón").

Hay algo de soberbia en ambos personajes. Diferentes furores pero furores a fin de cuentas. Cierta violencia, rabia, frenesí… Mucho más controlada en un caso que en otro. Igual desesperación, diferente somatización.

Ana Karenina podría haberse llamado Konstantin Levin, personajes complementarios que profundizan sobre la vida y la muerte y se enfrentan a la vida social (de maneras muy distintas). Solo ellos dos parecen sentir la necesidad de congelar el tiempo, con lo vivido y sentido, percibirse en un entorno íntimo y someter todo a análisis. Ambos son egoístas hasta la médula… supongo. Ambos hallan salidas diferentes... (muy dignas de largo análisis).

Hay hueco para más en la novela, para menos egoísmo. Recuerdo gratamente el pasaje en el que Dolly visita a Ana. Esa Dolly con su vestido zurcido que se siente incómoda y fatigada ante el artificio que rodea la vida de Ana… Una Dolly avergonzada que huye corriendo hacia sus hijos y un día a día de cuidados, conservas y dignidades perdidas (también ganadas).

Me identifico con todos, hasta con ese “pueblo” cuya voluntad (y, por lo tanto, la expresión de la misma) se cuestiona.

En fin, que me voy con mis cosillas. De Rusia me paso a USA con El Gran Gatsby para luego volver a Rusia, que tengo cosas pendientes. O no. A saber.

Esto comenzó siendo un Aterrizaje Forzoso. Arregladas las averías con unas tiritas, salgo escopetada porque me he quedado sin aire aquí abajo. De hecho, borraría más de un post, pero aquí se quedan.

Un placer. Si consigo repuestos volveré algún día. 

04/01/13

El alucinante mundo de Norman (Chris Butler / Sam Fell, 2012)


Este film me ha hecho pensar (recordé mientras lo veía La Jauría Humana, Frankestein…) en lo mucho que injuriamos y lo poco que reparamos. En la decadencia y ruina de esos seres humanos que, comidos por el miedo, prefieren condenar en lugar de perdonar. Pequeñas pirañas ignorantes y llenas de odio.

Pero bueno. Tan solo es una película de animación stop motion (con mezcla de CGI) para niños. Y ojito… lo de “para niños” con cuidado. Pocas veces nos enfrentamos a films inquietantes y resulta cuanto menos extraño que estén calificados como “infantiles”.

El miedo no viene de la mano de los zombies y los espíritus, viene de los habitantes “normales” de este pueblito de Estados Unidos... (los puntos suspensivos no son gratuítos). Personajes aterradores por su estupidez y aspecto con el que, a buen seguro, han disfrutado enormemente los creadores del film. Qué decir de los personajes más estúpidos…

La cinta es irregular; por momentos interesante pero algo esquizofrénica. Esto ocurre porque, como siempre, queremos dar gusto al gran público y eso tiene consecuencias; nunca positivas.

Por lo demás, vayan mis elogios para la productora Laika y mis recuerdos a su perlita Coraline.


11/11/12

Algunas notas sobre lo "objetivo" y "subjetivo" del Arte, la mortadela Valle y la felicidad.


Quiero explicar por encima el comentario que he dejado en el post sobre las fotos de Nicolas Guérin. He afirmado, bastante rotundamente lo siguiente “el arte NO es subjetivo. El gusto, es subjetivo. La experiencia estética es subjetiva. Existen los objetos artísticos y el arte debe concentrarse en estos objetos y sus cualidades”.

Bien, pues debo decir que esto no es del todo cierto. Obviamente un sujeto transforma su mirar, sus sensaciones, percepciones, sentimientos, en una obra… Además, otro sujeto dotado de 5 sentidos (ni más, ni menos) reacciona ante la obra. Así que puestos a hablar de subjetividades y relativismos… tenemos varias piezas para liarnos a jugar en torno al arte; sobre todo en torno al arte del siglo XX... y al de finales del siglo XIX... quizás debiéramos viajar hasta el Renacimiento... Con esto, doy la razón a varios de los comentarios que han surgido en torno a ese post. Somos sujetos, como decía Kant… y no hay más. Bueno sí, están los sujetos trascendentales y otros absolutos más severos de idealistas posteriores pero no vamos a entrar en ellos, aunque son la base de todo…

Pues eso, doy la razón peeeeero… -y aquí me lanzo a un pequeño charco-, cuando hablamos de Arte (nota: A mayúscula), la cosa cambia. Existen ríos y ríos de tinta escritos sobre arte, la obra de arte, su sentido, su objetividad, su cosicidad… Existe una cosa que se llama Estética (rama de la Filosofía e Historia del Arte) cuyo objeto inicial y final es la obra de arte en sí misma. Bien, pues desde la estética se ha atendido al sentido de la obra de arte, a su verdad objetiva como “ente” independiente de nuestras creencias subjetivas y gustos, a su fundamento más allá del hecho de ser conocida o incluso creada por un sujeto individual… a su pretensión de “verdad científica”… No, no estoy loca. Creo que el idealismo trascendental de Kant colocaría a algunas cosas bellas o a lo bello, mejor dicho, más allá del sujeto (individual), muy cerca de la ciencia o… en la base de la misma posibilidad de toda ciencia… En fin.

Quiero decir con esto que cuando un individuo ha leído “algunos” libros sobre estética y otros sobre filosofía, debéis exculparle por sus afirmaciones. No está muy bien de la cabeza y aunque reniegue de lo aprendido, el poso queda. Os aseguro que hoy en día meto la estética y todos los libros que he leído en un bocata de mortadela Valle, me lo zampo y listo. Ni me entero. Vamos, que me da igual ya… Pero, como digo, el poso queda, y de ahí mis comentarios. Lo siento.

El artista, en principio, debería desentenderse del objeto que acaba de parir. El artista, dijo alguno (ya no recuerdo si fue Paul Valèry), “abandona” (literalmente) la obra… y entonces ésta (la obra) se queda sola, es dada al mundo… más o menos… Van Gogh nos dejó su cielo estrellado… y sus zapatos de labriego. Heidegger  busca en su obra “El origen de la obra de arte” eso que acontece como arte, prescindiendo del artista y del arte en si mismo, atendiendo únicamente a su carácter “cósico” y es allí donde busca su origen. Para Heidegger (que en su librito, se centra en los zapatos de labriego de Van Gogh) las obras (de arte) no son sino “apariciones” que nos presentan la verdad de las cosas (o de las personas, o del cosmos)… Ahí lo dejo. No es de extrañar que su pensamiento llegara tan lejos (al cosmos, ni más ni menos) cuando atendiendo a lo cósico del arte, intentara ir más allá del mero “útil”. En el cuadro de los zapatos de labriego, éstos (los zapatos), hablan a Heidegger y le hablan sobre el modo de darse más allá de su utilidad, le hablan de su “esencia”. Le hablan de una suerte de verdad de lo “presente” en el mundo.

“En la oscura boca del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada…”. Bla, bla y bla… ¿Es Heidegger el que ve esto? Por supuesto. Pero… si atendiéramos a esta subjetividad nos cargaríamos cualquier pretensión de establecer una filosofía, una historia del arte o una aproximación (si, dejadme decir “científica”) a la obra de arte en sí misma.

Si mantenemos subjetividades y relativismos en torno al objeto artístico, jamás estará a nuestro alcance. Al de todos digo. Estará al de cada uno, a su manera. Allá cada cual. Pensemos en los ornamentos de una columna o en la estructura de un templo, ¿dónde queda el sujeto y lo subjetivo al observarlo?... perdidos ambos en el tiempo. El tiempo cristaliza, y la estética y el pensamiento han pretendido algo así: objetivar, dar forma a algo que se nos escapa. A algo que quizás queremos que esté más allá de nosotros mismos.

Digo… queremos, pero en verdad, uno acaba hasta los higuillos de subjetividades que se venden como verdades objetivas. Por eso llevo mucho tiempo sin escribir sobre estas cosas. Y sin leer sobre ellas. Ahora bien… la felicidad que “en momentos” me produce el arte, es solo mía. Esa creencia de “ver” la belleza como nadie más la ve… Es solo mía. Lo dicho. Solo mía. Así que estoy sola que te cagas.

Para más datos, leer a Félix de Azúa. En particular cualquiera de sus escritos sobre estética, en más particular, su diccionario de las artes, comentado un poco en mi entrada sobre Desocultación y los zapatos de labriego de Van Gogh.

10/11/12

Joe Buglewicz. Cuando algo va mal, mejor no mirarlo.

Imágenes familiares que no responden a nuestras expectativas. Cuando algo "va mal" solemos volver la cara. No nos gusta ver lo feo. Ni siquiera nos gusta que alguien nos diga cómo está después de haberle preguntado ¿cómo estás? (sobre todo si la persona está jodida y nos cuenta su vida). Somos la leche. Por eso me molesta cuando la gente se molesta porque no sueltas por teléfono o en persona un "Hola buenos días, ¿cómo estás?..." antes de entrar "al grano". Pues no. El saludo está suficiente hacia alguien cuya vida no te interesa en ese momento, la pregunta hipócrita retórica que no es verdaderamente retórica la podéis usar los demás. Yo paso.

Me ha encantado esta serie de fotos de Joe Buglewicz titulada "Rotten" (podrido). Fuente FastCoDesign.




08/11/12

El éxtasis femenino, según un tío "Nicolas Guérin"

Una vez más, la imagen de la mujer como ser sexualizado y no sexual.

Yo hubiera tomado otras fotos. La mujer, amigo Nicolás, se mira. No apunta a un vacío existencial... No nos parecemos en nada a lobos aullando. Os parecéis más vosotros. Reconozco que en esto, las pelis porno, lo hacen mejor. Estas fotografías no me valen. No se puede posar en el momento del "éxtasis" y posar como tú quieres que te posen. Dios no nos mira, como a Santa Teresa... No nos alumbra con su luz. No somos Dánaes siendo tomadas por Zeus en forma de lluvia de oro. Nops.

Las fotos corresponden a una exposición muy divertida (supongo que más divertida fue la sesión fotográfica) de Nicolas Guérin. Fuente El mundo.




15/10/12

Mujeres aparte, la "cosa" de E.J. James (y III)


Prometí hablar sobre el librito de marras y voy a hacerlo. He leído tan solo la primera novela y dos tercios de la siguiente… creo… porque he leído dando saltos más grandes que los de Zaratustra disfrutando por primera vez del formato epub en el tablet. No podía ser de otra manera. El caso es que no sé muy bien lo que he leído pero como broma ya está bien.

Primera cosa a destacar. La literatura abstrae, se apodera del tiempo y lo deja en suspenso. De esta manera uno lee despacio, mascando páginas y volviéndolas a mascar. Los productos del tipo epub conseguidos a las bravas y con contenido deplorable se consumen a lo bruto. Allá cada cual y sus deseos de embrutecerse. Con esto me aferro a aquello que llamábamos libro. No puedo leer (y cuando digo leer me refiero a eso mismo) en formato electrónico. Puedo hacer otras cosas pero no aquello que me gusta. Para mí leer supone una experiencia sensual en toda regla. Una experiencia que anda muy lejos de la que me proporciona la “consulta” de sotocientas páginas web desde mi móvil, tablet o laptop. Lo mismo cambio en dos días, pero de momento, no.

Sé que también existe esta novelita en formato tocho, pero me van ustedes a perdonar…

Segunda cosa a destacar. Los personajes son una farsa. Anastasia (nombre rimbombante) no es Anastasia, es Ana. El Sr. Grey no es el Sr. Grey (como Mr. Blonde), no…, es Christian. Son simples hasta el descaro. Capaces de aburrir hasta a las lectoras con poco o nulo gusto por la lectura.

La historia, no es lo que parece, sino todo lo contrario. Empezando por aclarar que no hay una historia. El libro es una eterna noria que pasa una y otra vez por las chuminadas que tiene Anaanoréxica en la cabeza. A saber: me quiere, no puede quererme, lo quiero sin condiciones, espera, tengo muchas condiciones, estoy celosa, no estoy celosa, por qué yo, es demasiado para mí… mmm cómo me pone este tío, no soy digna de él, espera, me da miedo…. Una braga vamos. La cenicienta lo tenía más claro, joder. He dicho noria, no montaña rusa.

El sexo. Pues sí, hay sexo. Por todas partes. Hay tanto sexo que al final (o al principio) terminas esquivándolo igual que esquivas un riachuelo en el camino para llegar al otro lado. Quizás esperas una laguna, no sé, algo de aventura, pero no… Si tuviéramos a nuestro Grey particular delante, recordaríamos cada uno de los polvos salvajes con él de hace unas horas y nos centraríamos en los siguientes, y así eternamente pero… hijos míos, esto es una novela.  Al final terminas hasta los higuillos de leer… “Gimo”.

Aquí ocurre igual que en las telenovelas y en las pelis muuuuuy malas. Están escritas desde el minuto uno (con final incluido) y tenemos que soportar un laaaaaargo camino de pequeños obstáculos hasta el final esperado. Al no haber tragedia, porque no la hay ni se masca, ni siquiera queda lugar para pequeñas catarsis. Una lástima.

Me aburro, no sé qué más decir. Lo único importante ya lo dije en el otro post. Hala, a otra cosa. Aquí termina mi aventura terrícola.

De regalo, un vídeo de Mr. Blonde.