16/11/09

Top 10 Cyborg videos


Los autómatas me espantan. Me parecen cosas muy siniestras. Supongo que todo es debido a recuerdos e imágenes de antiguas historias oscuras. Pinocho, las figuras de cera, los muñecos parlantes, la huella de Hitchcock, los muñecos infernales de Tod Browning, sus Freaks…

Prefiero los robots. Aunque no sean más que juguetes.

Lo mejor, sin duda, los ciborgs. Mezcla de materia orgánica e inorgánica. Mecánica la última y, por qué no en un futuro, la primera. Apasionantes.

Aquí está la selección que ha publicado WIRED: los 10 mejores vídeos Ciborg. Yo me quedo con estos tres: el mono que se alimenta a sí mismo con un brazo mecánico, el juego de ping pong sin piernas, brazos, Mouse o Joystick, solo el cerebrito, ja, ja… y el control directo del movimiento de un robot con el cerebro (este lo pongo porque me mola mazo como baila el bicho).





15/11/09

Newspeak y Nuevo reality show: The Saatchi Art School.

La intención de la Neolengua (leemos en 1984 de Orwell) “no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento”.

Y viene a cuento esto de la Neolengua por el artículo que aparece hoy en el ABCD firmado por Fernando Castro Flórez “El arte como Reality-Show”. Lo que dice no es nada nuevo, pero conviene que lo tengamos presente. Sobre todo aquellos que (aunque no lo crean) siguen ignorando el carácter obsceno de todo tipo de información que circula entre las masas (incluyendo, como no, la artística). Y digo que esto no es nada nuevo porque, como dice el crítico, “todo viene del ready made duchampiano, por más que nos cueste aceptarlo; aquellos que entregan su psicodrama por televisión son los herederos del Portebouteilles, formas que aspiran a un estatuto especial de visibilidad (unos buscan el arte y otros, sencillamente, la fama)”. Y aunque Marcel Duchamp nace en 1887, si nos ponemos brutos, esta obscenidad para “educar” al populacho está en los primeros salones de París. Y si nos ponemos más brutos quizás encontremos que la propaganda y sus formas ha existido siempre, de una forma u otra.

Lo que ocurre con Duchamp es que coloca cualquier cosa en ese lugar sagrado y reservado otrora para las “grandes cosas”. Y si nos ponemos brutísimos (o sea, postmodernísimos y deconstructivísimos…) esas “grandes cosas” no son más que Neolenguas específicas que nos han sido vendidas como lenguas oficiales.

¿Por qué tiene que ser una Neolengua simplificación de la lengua oficial? Y aunque lo sea ¿por qué esto es malo? Todo buen mensaje no es más que una simplificación clara y precisa con un objetivo único. Un buen brief tiene un único mensaje y un único objetivo y una única razón de venta (al menos, eso reclaman los creativos).

Elijamos una cobaya: este blog. A menudo recibo comentarios del tipo: no te entiendo, tu lenguaje es complicado, escribes unos rollos infumables. Bien. Cierto. Este blog no es un brief creativo y su objetivo no es comercial. Por eso, no hay quien lo venda y no hay quien lo aguante. En la vida, lo mismo. Más o menos.

“El deseo de ver. Cada día se propaga más el culto al voyeurismo y la estética de la espontaneidad populista, esos retazos de vida, reducidos al ridículo.”, dice Fernando Castro.

Retazos de vida, reducidos al ridículo. Algunos pensamos esto, pero otros muchos piensan que no. De otra manera los programas de televisión más exitosos no tendrían tanta audiencia.

Pero el problema no son solo los programas de televisión. Para algunos, el contenido de un folleto de una exposición resulta igual de ridículo, y no digamos los comentarios que se escuchan en las salas de esta exposición. Y digo yo problema… ¿Qué problema?, ¡es la realidad! Si. La publicidad o, dicho de otra forma, la comunicación eficaz o, dicho de otra forma, la propaganda, inunda el mercadillo. Porque esto, es un mercadillo.

Reconozcamos que ya no hay más poesía en el mundo que la que refleja la mirada de Robert Pattinson. “La estética de la obscenidad es el paradigma de una época narcolépsica”, dice Fernando. Si. La mirada del pollo este no es interesante ni inteligente… ¿Tenemos que soportar que un vampiro parezca un mentecato? La respuesta es: ajo y agua. Haber nacido más tarde maja…


Volviendo al título de este post, Newspeak es la palabra con la que se introduce el nuevo arte británico en la Galería Saatchi. Y ahora, el Museo Hermitage de San Petesburgo ha elegido la palabreja para abrirse al nuevo arte británico cómo no, de la mano de Saatchi.

Y… cómo no, Charles Saatchi va a lanzar School of Saatchi para encontrar a la nueva “estrella del arte británico”. ¿Quién esperaba menos? Estoy ansiosa por conocer al nuevo Bisbal, o Bisbala del arte.

Huelga decir que aunque todo esto me joda, me mola Duchamp. Me jode, me mola. Quiero decir que es más que probable que Saatchi y Damien Hirst (aunque éste último ya no sea el top de los tops) me provoquen mejores digestiones que otras cosas como por ejemplo la exposición que he visto esta tarde y de la que hablaré mañana. O no.

El artículo de Fernando Castro aquí. Y la lista de los 100 personajes más poderosos en el mundo del arte de 2009 publicada por Art Review aquí.

13/11/09

Eames and IBM. Outer galaxy to inner atom.

En 1977, Charles & Ray Eames producen un corto de 9 minutos para IBM, narrado por el físico Philip Morrison y titulado Powers of Ten.

“A film dealing with the relative size of things in the Universe… And the effect of adding another zero…”



Hoy ya nos sabemos esto de memoria, pero ahí está IBM en el año 1977 mapeando ceros e infinitos…

08/11/09

Moon. Duncan Jones (2009).

Lo primero que me ha venido a la cabeza viendo Moon, opera prima del director Duncan Jones, son las imágenes y/o recreaciones lunares que todos hemos visto alguna vez gracias a los diferentes proyectos de la NASA (Apollo) o la JAXA (Kagulla). Oscuridad, polvo lunar y luz indirecta para recrear la única imagen -en fuerte claroscuro- que somos capaces de formar de la proximidad del suelo lunar.


Lo segundo ha sido Solaris, tanto la obra literaria original de Stanislav Lem, como la mejor versión en cine hasta la fecha, firmada por Andrei Tarkovski.

Y lo tercero, el viaje séptimo recogido en los diarios estelares de Ijon Tichy, perteneciente a los desternillantes Diarios de las estrellas del genio Stanislav Lem. Y no diré por qué, ya que si lo hago, destaparé la peli a todos los que ignoren este viaje de Tichy, porque los que sepan de él, estarán acordándose ahora mismo de todos mis difuntos.

Si. Lem es capaz de imaginar un futuro lejano con una seriedad y profundidad filosófica impecable en Solaris y, al mismo tiempo, montar una sátira aeroespacial hilarante con los viajes de Tichy. Y como todas estas cosas han venido a mi cabeza en los primeros 20 minutos de metraje, he pensado que vaya cara que tiene el hijo de David Bowie, mezclando a diestro y siniestro lo que los grandes genios han parido poco a poco para terminar partiéndose la caja con la relatividad y los viajes en el tiempo.

Pero no, la cosa no va por ahí. O sí. Quiero decir que la peli (en profundidad) no se acerca ni de lejos a estas obras de Lem, pero me jugaría unos cuantos céntimos (no más que la cosa está muy achuchada) a que el autor ha tenido en cuenta estas obras de Lem. Bien de lejos, eso es cierto.

Moon se desarrolla en la luna, en la superficie lunar, mejor dicho. Y aclaro esto porque la dirección artística (impecable), provoca que las escenas lunares sean bastante creíbles para un espectador; creíbles para nosotros que somos humanos (no máquinas superespeciales) y estamos en la tierra sin haber pisado jamás la luna, así que nos la imaginamos... Esta percepción es debida a que el film recrea de forma artesanal (a través de maquetas) esa ilusión que provocan las imágenes y grabaciones de las distintas sondas que pululan y han pululado alrededor del satélite, y aterrizado sobre él en algunos casos. Sam Bell (Sam Rockwell) trabaja como técnico en una base con un contrato de tres años, encargándose de la explotación de ‘Helio 3’. Además de controlar la extracción del mineral, Sam se encarga del cuidado de la base con la ayuda de GERTY, un ordenador/robot tipo Hal 9000 pero mucho menos sofisticado. Por momentos la “voz” de GERTY (Kevin Spacey) nos recuerda tanto en “tono” a Hal, que ayuda a mantener cierta incertidumbre en torno a la “verdadera” función de la máquina, pero esta “humanidad” o libre albedrío se descarta bien temprano y queda reducida al único recurso del que dispone la máquina para mostrar sus emociones: emoticones. GERTY está programada para cuidar de Sam y de todas sus funciones. Nada más. Y el único misterio que plantea la película descansa en la funcionalidad de Sam.

Hasta aquí puedo leer porque no es posible decir más sin peligro de spoiler. Y dicho todo esto, creo que Moon merece no sé si un premio, pero si un comentario destacado. En realidad es una película deudora de otras muchas (2001, Alien, Blade Runner, Solaris…, hasta La amenaza de Andrómeda me atrevería a decir), pero esta deuda evidente no resta originalidad al invento. Y me estoy contradiciendo. Cada minuto del film recuerda otras películas, imágenes, historias…, pero creo que el director es uno de estos tipos humildes y elegantes que en su caso nos regala un metraje de hora y media en el que muestra lo aprendido contado a su manera, construyendo una pequeña quimera bastante curiosa. Lo que más me ha gustado a mí es la recreación lunar. Sin embargo, lo que ocurre dentro de la base es más de lo mismo y ni siquiera creo que Sam Rockwell interprete fuera de lo normal. Lo que ocurre es que la dirección artística, la dirección de producción, la ambientación, el maquillaje, son estupendos. No encontramos la metafísica de Solaris o 2001, ni tampoco un mensaje claramente decadente como el de Blade Runner. Tampoco hay tendencias… Creo que nos enfrentamos a un relato más humano, más básico, temporal e inmediato (esta sensación de inmediatez, el contexto y la situación dentro de la nave, el ambiente, me recuerda mucho a Alien). No creo que el film potencie la soledad y las relaciones a distancia, o la ambigüedad moral y ética. Vivimos un momento de un hombre en el espacio. Un tipo con un traje sucio, un careto de enfermo bastante creíble (cuando está enfermo), un físico activo bastante creíble (cuando está activo)… Economía de medios y recursos bien aprovechados. Más con menos. Eso es lo que hay que hacer en tiempo de crisis ¿no?

Moon ha sido premiada en el 42 Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges como mejor película, mejor guión, mejor actor y diseño de producción.

Lo mejor: la banda sonora original de Clint Mansell y esa recreación de nuestro, hasta el momento, inseparable satélite.

La música



Y el trailer


04/11/09

Esto si que es diseño exclusivo...


Y nunca mejor dicho. Escanea la actividad de tu cerebro y encarga un sofá. Si tu encefalograma es plano, tendrás algo parecido a un colchón, que es lo que todos utilizamos para descansar. Gracias a los dos pollos que han diseñado el cacharro, tendremos el descanso merecido y requerido por lo que dicte nuestro encefalograma.

Este prodigio del diseño adaptado (funcional o no, que lo dicte la Bauhaus) se presenta junto a otras proezas en el Bits’n Pieces, esta vez en NY. Diseñadores, arquitectos, expertos en computación, y demás bichos raros en diálogo abierto con el mundo analógico, el digital y el diseño supermegamoderno.

Aquí, los pollos que lo han diseñado. Creo que el diseño responde a la actividad cerebral del rubiales...

27/10/09

Qué lejos me pilla todo esto, lástima…


Yo pensaba en quemarme (bueno, que me quemaran otros después de muerta), pero lo mismo guardo parte de mis células para que hagan algo con ellas porque nunca se sabe. Esto de la inmortalidad parece serio. Ray Kurzweil, un escritor y científico estadounidense especializado en las ciencias de la computación y la Inteligencia Artificial, afirma que en 20 años tendremos en nuestras manos los conocimientos en nanotecnolología necesarios para alargar indefinidamente nuestras vidas.

Artículo en inglés y en español.

Quien afirma esto tiene un perfil un tanto heterogéneo. A saber hasta donde nos lleva la nanotecnología y los qubits.

25/10/09

Whatever Works. Woody Allen 2009.


Como dice Fernando en su blog y el propio Allen en el título, si la cosa funciona… Pues eso, para qué cambiar. Además, soy de las que prefiero disfrutar de sus sosias pululando por Manhattan, echando pestes sobre el mundo, la filosofía, el universo, el arte, y lo que es mejor, creando una parodia sobre todas estas cosas. Nadie se salva del ridículo más espantoso, ni el propio Allen, cuyo álter ego se lleva la palma.

Parece ser que Allen tenía el guión escrito desde hace 40 años y, como se demuestra en el film, el tiempo no pasa y los problemas siguen siendo los mismos. Hay menos religión y más ciencia, menos filosofía y más metafísica, menos psicoanálisis y consecuentemente menos torpeza para enfrentarse a la vida; evolución pura y dura de un personaje con crisis vital continua. El film me ha recordado mucho a la novela de Philip Roth Sale el espectro, o Larry David me ha recordado a Philip Roth (se parecen bastante físicamente), o quizás los problemas de Allen/Roth - Boris Yellnikoff/Nathan Zuckerman son los mismos.

En su momento comenté aquí que me sentía muy identificada con Nathan Zuckermann y siempre me sentí identificada con Allen. Sus películas (algunas de ellas) son un descanso para los neuróticos. Me río con muy pocas cosas, y Allen me hace reír. Se lo agradezco mucho. Solamente me fastidia enormemente no ser tío, como él. Es una lástima pero ya no puedo hacer nada. Nunca he podido hacer nada.

Los álter egos de Allen siempre son tipos inteligentes con profesiones interesantes y raros. Pertenecen a la clase alta neoyorkina y quedan con cierta frecuencia para cenar, asistir a algún evento cultural, pasear y disfrutar en la intimidad. Si pusiéramos juntas todas sus pelis tendríamos una comedia americana televisiva en toda regla. Pero ni siquiera el guión de The Big Bang Theory se asoma a la brillantez de cualquier secuencia de Allen. Y así sigue siendo. La habilidad de Woody Allen para reírse de sí mismo y de todo lo demás es asombrosa, porque plantearse la vida como él se la plantea no tiene ni puñetera gracia. Él consigue que pueda reírme de todo aquello que me preocupa, él mejor que nadie. Pero insisto, es un tío. Ahí está lo chungo. No hay mujeres que me hagan reír. Las mujeres (yo misma, la primera) no me hacen ninguna gracia.

Como la filmografía de Allen es asombrosamente extensa, si comparamos el film con otros, empezaremos a notar sus debilidades, que son bastantes. Pero inevitablemente Allen surge dentro del marco cinematográfico actual en el que un guijarro brilla como un diamante.

Así que, chapó.

Por cierto, una nota final para demostrar que los medios de comunicación cada vez lo hacen mejor. Ojo a la frase que publica ABC: Es una comedia romántica devastadora que por momentos recuerda a un Almodóvar que supiera física cuántica.

De traca.

Trailer en español, aunque recomiendo verla en inglés.

21/10/09

A la Thyssen con preservativo...


Faltaría más; pasión, deseo, Eros llorando, tensión Eros/Thanatos, Freud... angustia, deseo del Otro... Lacan y la raíz cuadrada de -1... Ná, ná, ná...

Pulsión sexual, instinto de muerte y... Durex con el Adán y Eva de Jan Gossaert. Tita si que sabe. Pero yo me quedo con el de Durero que, además, tenemos permanente y tarifado en el Museo del Prado.

Gossaert
Durero

Habrá que ir a ver la exposición con los sentidos puestos y sin preservativo. A lo bonzo. Como algunas pinturitas del amigo Coubert, así de sugestivas.

19/10/09

La música de los números primos. Marcus du Sautoy (2003)


Este libro es un libro maravilloso, como lo era la mente de John Forbes Nash. Y todo aquel que haya disfrutado más de la cuenta con pelis como Contact, El indomable Will Hunting, Una mente maravillosa, Pi, Cube… quizás podría pensar lo mismo que yo. O no. Porque, una vez más, aquello que provoca admiración, aquello que maravilla, muy probablemente no es maravilloso en sí mismo sino simple y llanamente, algo que nos enamora. Y el enamoramiento (por enésima vez dicho en este blog) es tan particular como la experiencia de la vida misma…

Si, soy blanda como el blandi blub por esto de ser un poco democrática y respetuosa, ya que de otra manera podría afirmar que este libro escrito por el matemático Marcus du Satouy no es para cualquiera, ni siquiera para aquellos que disfrutaron con las pelis que he puesto ahí arriba. La intención del autor es sobre todo transmitir el entusiasmo de un grupo de expertos por un mismo tema a un público no experto: en general los números primos o -mejor dicho- su distribución, y en particular ciertas regiones del espacio de Riemann. Pero por muy loable que sea la intención del autor, tiene que atraerte mucho el tema en cuestión o al menos admirar sobremanera esa parte de las mates y la física (y del arte y de…) que implica imaginar más de lo debido, ya que de otra forma es difícil sentirse feliz participando en la historia que narra du Satuy.

Tienes que disfrutar con las abstracciones, con los dibujos transparentes que marca el cerebro cuando intenta comprender las cosas. Y no solo comprenderlas, sino recrearlas e ir mucho más allá.

La ciencia -a veces- se nos presenta cargada de un entusiasmo añadido, como epifenómeno más que fenómeno, algo accesorio que nada tiene que ver (muy probablemente) con el hecho científico en sí mismo sino más bien con “algo más” que uno carga sobre él. Un enamoramiento en toda regla es lo que provoca a alguien “ver” o “sentir” ciertas cosas como diferentes y maravillosas cuando otros no las ven así o cuando realmente no son así. Decía Henry Poincaré: “el científico no estudia la naturaleza por la utilidad de hacerlo; la estudia porque obtiene placer, y obtiene placer porque la naturaleza es bella. Si no fuera bella no valdría la pena conocerla, y si no valiera la pena conocer la naturaleza, la vida no sería digna de ser vivida”. En mayor o menor medida, algo tiene que haber de esa sensación en nuestro interior para poder disfrutar de libros como este.

Y hasta aquí puedo leer. Desde los infinitos números primos de Euclides, la criba de Eratóstenes, los números de Mersenne, hasta los cálculos prodigiosos de Gauss y la influencia de este último sobre el punto focal de la obra de du Satuy: Bernhard Riemann y su famosa hipótesis. La función zeta y los ceros de dicha función, pueden interpretarse como frecuencias armónicas en la distribución de los números primos. Esa armonía es la que han pretendido buscar todos aquellos matemáticos que han jugado con los números primos. Un ritmo, una simetría, la que sea, pero algo. No soportamos lo que aparece así porque sí, sin ninguna lógica. Pero hasta el momento, ni la magia de Diaconis, ni las máquinas de Turing, ni los billares dinámicos han conseguido demostrar esa armonía oculta en el paisaje de Riemann. Algo se escucha, pero no puede demostrarse que sea así porque debe ser así.

Si; los científicos llegan hasta los billares cuánticos en su intento de buscar un orden en la distribución de los números primos, y se acercan con ello a los modelos físicos. Y más tarde se alejarán buscando modelos exclusivamente matemáticos.

Lo sorprendente de esta historia es el encuentro, una vez más, con el caos. El caos que tanto asusta al mundo mundial y que no es más que lo impredecible. Un azar, incertidumbre, indeterminación que no significa vulgar desorden sino el hecho de que la esperada repetición regular no acaece, no sucede… Porque el caos no es eso que todos queremos creer sino un término que se utiliza cuando un sistema dinámico es muy sensible a las condiciones iniciales; cuando una mínima variación en el momento de iniciar un experimento produce una diferencia drástica en los resultados obtenidos los científicos hablan de caos. Y Riemann parece ser que imaginó un paisaje en el espejo que podía arrojar un sedimento digno de análisis lógico. Por decirlo de alguna manera y no pringarme en el intento.

El libro en cuestión, es de lectura obligada para todos los amantes de la divulgación científica seria. Y no voy a explicar lo que significa seria. Creo que es el mejor libro que he leído de estas características escrito por un científico, sin menospreciar los otros dos que han dejado huella en alguna región de mi espejo particular: El azar y la necesidad y ¿Qué es la vida? Diría otros muchos pero estos dos siguen marcando la diferencia y se suma, como no, éste del que he intentado hablar hoy aquí.

Y un poquito de acompañamiento musical un tanto postmoderno. Ya que estamos: Oliver Messiaen y les oiseaux :-)



Y por cierto, si os interesa el temita... hay una mina en youtube... Todo un documental con 6 entradas desde aquí. Porque no he querido meterme en la criptografía, sistemas como el RSA...

Una buena pose para leer Ulysses


¿Qué leerá?:

- ¿El famoso capítulo 18, Penélope?

- ¿El esquema de Linati?

- ¿El blanco del interior contra?